Gonçalo M. Tavares

El Barrio, de Gonçalo M. Tavares (Luanda, 1970), está habitado por unos señores llamados Valéry, Henri, Brecht, Juarroz, Walser, Calvino, Breton, Kraus, Swedenborg, Eliot, Borges o Balzac. Un mapa indica que en el barrio viven también -entre algún otro- Musil, Foucault, Wittgenstein, Beckett, Orwel, Warhol o Duchamp, aunque la historia de estos últimos todavía está por escribir. Cada uno tiene un punto de vista excéntrico de la realidad, y una obsesión: si en Valery es la lógica, en Henri es la enciclopedia (y la absenta) y en Swedenborg, la geometría. Diez libros breves, compuestos a su vez de relatos, minicuentos, aforismos y dibujos, componen este volumen en marcha que comenzó a publicarse en 2002, con el señor Valéry, y que, al decir de su autor, es probable que no termine nunca. "Solamente después del tercer o cuarto señor me vino la idea del barrio como una especie de utopía, un espacio no real, ficcional, en el que ir agregando escritores, intelectuales, artistas, como una especie de cielo urbano utópico e interminable que probablemente no seré capaz de terminar antes de morirme".



-¿Trabaja ahora en algún nuevo señor?

-No, ahora mismo estoy trabajando en otras cosas. En Portugal ha salido una novela que no tiene nada que ver con El Barrio [Uma Menina Está Perdida no Seu Século à Procura do Pai] que saldrá en Seix Barral dentro de algún tiempo. Es un libro muy trágico. Los señores son para mí muy lúdicos, me sirven para reposar de la escritura más pesada, más realista de mis otras novelas.



-Novelas en las que ha explorado temas como el mal, la violencia, el miedo... ¿le interesa la búsqueda de diferentes formas narrativas en función del tema?

-Me gusta mucho la idea de que cada forma de escritura llega a un sitio distinto, sí. De que la forma determina el fin. En El Barrio hay un distanciamiento que no busco en otras novelas como Jerusalén, o la última que he escrito. Y los propios señores son muy distintos entre sí.



-En El Barrio ¿le preocupa dar a cada personaje la personalidad del escritor?

-En absoluto. Nada hay de biográfico; no me gustan las biografías. Yo quiero hacer personajes ficcionales con el nombre de un escritor. Eso no quiere decir que el señor Valéry tenga las características de Valéry. Es como dar el nombre de un escritor a una calle. Yo soy escritor de ficción, así que doy a mis personajes nombres. Pero al mismo tiempo no es aleatorio. Son escritores de los que conozco más las ideas, o la intención de su obra, que su vida. Por eso el señor Brecht es muy político. En otros señores la verdad es que no sé muy bien cuál es la vinculación, supongo que es puramente subjetiva. Y en todo caso tiene que ver con su obra, no con su carácter. Del señor Eliot tomé algo que tiene que ver con la idea de explicación, a partir de sus ensayos, de su cerebro analítico. Pero no hay una regla.



-Utiliza un estilo aparentemente sencillo, pero que sirve para abrir posibilidades interpretativas. Que hace reflexionar a partir de hechos mínimos, de una cotidianeidad tan radical que conduce al absurdo. ¿Era su intención lograr esa sencillez para trasladar mensajes de más calado?

-A mí me gusta mucho el lenguaje simple. Hay que intentar simplificar. Yo dedico mucho más tiempo a simplificar que a escribir. Si puedo decir algo en cinco palabras en vez de en quince lo digo en cinco. Suelo citar una historia de un escritor clásico que escribió una carta muy larga a un amigo y al final puso: "Pido disculpas por esta carta tan larga; no he tenido tiempo de hacerla más corta". Ahí está la síntesis de mi metodología. Con esa simplicidad intento que mis libros sean lo más densos posible, concentrando mucho la energía y las ideas en poco espacio. Si tengo una idea que ocupa cien metros cuadrados, mi trabajo ha de ser mantener la idea pero ponerla en diez metros cuadrados, después en diez centímetros cuadrados y por último en un centímetro cuadrado. Para mí es fundamental que el lector pueda coger esa idea y desdoblarla como si desdoblara un lienzo.



-Una de las ideas del libro es la de que todo merece nuestra atención; hasta el más mínimo detalle de lo que nos ocurre, bien mirado, puede ser absurdo o más importante de lo que nos creemos, ¿no es así?

-Sí, pienso que los señores tienen la característica de la mirada rara sobre las cosas, sobre la realidad. Es un poco como si tuvieran un ojo mirando para cada lado. Me agrada esa idea. Creo que en el señor Calvino está bastante claro. El Barrio es un lugar doméstico, cotidiano, habitado por personajes excéntricos.



-Tengo entendido que deja pasar varios años entre el momento de la escritura y el de la publicación. ¿Por qué?

-Sí, por ejemplo Un viaje a la India lo escribí en 2003 y no se publicó hasta ocho años después. Necesito al menos tres o cuatro años para olvidar por completo lo escrito y enfrentarme al texto como si fuera un lector. Es entonces cuando corrijo, corto, cambio. A veces no son grandes cambios, puede que cambie dos o tres palabras, tan solo; pero son cambios que no haría sin que pasara ese tiempo. Para mí es la única posibilidad de escribir.



-Creo que le gusta además escribir en los cafés, ¿no?

-Ahora mismo estoy escribiendo más en un estudio, porque trabajo más con el ordenador. Los señores los escribí casi siempre en los cafés, sí. Porque los escribía a mano en cuadernos cuadriculados y es interesante porque no hubiera podido hacer este libro de otro modo, ya que exige transitar tranquilamente entre la escritura y el dibujo. En el señor Valéry está muy claro este tránsito; el dibujo es, aquí, otra forma de escritura.



-La mayoría de sus obras tienden a lo fragmentario, ¿es porque nuestra realidad, hoy, es fragmentaria?

-No tengo una conclusión definitiva. No sé si es mejor o más actual la escritura fragmentada. Además lo fragmentado no es típico del siglo XXI, es muy antiguo, los aforismos, por ejemplo, no son algo novedoso. Tiene que ver con lo que le he dicho antes. Me gusta el fragmento porque obliga a ir a la esencia: tú tienes un corto espacio en el que has de poner lo máximo. Y eso me gusta mucho. Se trata de que cada frase contenga una idea. El fragmento no es solo que permita esto, sino que lo exige. Muchas veces leo libros muy largos en los que aparecen páginas y páginas que no tienen nada, ni una idea, que decir. Para mí cada frase tiene que decir algo sustantivo. Escribir una frase es una responsabilidad. Creo que hay que escribir una frase solamente si tienes algo que decir. Por eso la narración breve es tan difícil.