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Robert Louis Stevenson (Edimburgo, 1850-Vailima Upolu, Samoa Occidental, 1894) fue un viajero, un turista. No de los de ahora, no fue un turista al uso. Enfermo de tuberculosis, tuvo que viajar en busca del clima apropiado a su estado de salud. De esta manera, en Viaje tierra adentro, obra del año 1878, narra un viaje en cano de Francia a Bélgica que realizó en 1876. Un poco más tarde, en 1879 escribe Viajes en burro por la Cevannes donde narra los avatares de a pie por las montañas del sur de Francia en 1878. Entre 1879 y 1880 a bordo de un barco de emigrantes navegó hasta California donde se casó con Frances Osbourne. Sus peripecias como viajero hicieron mella en su literatura haciendo que su popularidad se basara, fundamentalmente, en emocionantes argumentos que transformaba en novelas fantásticas y de aventuras. Así, escribe La isla del tesoro en 1883 donde la trama gira entorno a la búsqueda de un tesoro enterrado. Crea unos protagonistas antagónicos mediante los cuales representa el bien bajo la forma de un chico llamado Jim, quien debe descubrir por sí mismo la cara del bien y del mal entre sus amigos, al tiempo que los piratas Pew y Long John Silver representan el mal.



Narrador inolvidable, poeta valioso, viajero y acuñador de anécdotas biográficas, para conocer completamente el universo Stevenson es necesario visitar también su faceta ensayística, a la altura del resto de su obra, didáctica y cercana, pero también rigurosa y precisa. Viajar reúne sus Ensayos sobre viajes, aquellos maravillosos textos en los volcó la que fuera -junto a la literatura- su gran pasión. Una mirada personalísima y un estilo insuperable para dar cuenta de su Edimburgo natal, de sus excursiones por el paisaje inglés, de los viajes al continente europeo y, por fin, cruzando el océano, América. Un aspecto del autor de La flecha negra o El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde que ningún lector debería pasar por alto.



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