Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971) tenía dieciocho años cuando encontró el libro que iba a cambiarle la vida como lector "y, por extensión, como futuro escritor": en un puesto de libros en Llanes compró un ejemplar de Viaje al fin de la noche, de Céline. Fue esencial, porque "es la novela cuya lectura me impulsó a escribir. Con ella descubrí que la literatura, la gran literatura, lo puede todo". Su edición del clásico, que aún conserva, es la publicada por Seix Barral en 1983, con traducción de Carmen Kurtz. Además, en la biblioteca personal del autor de La ofensa también hay un fetiche, "el único", una edición dedicada de White noise, de Don DeLillo, "mi escritor vivo predilecto. Es un libro de diez dólares, pero para mí no tiene precio".



Poeta, ensayista, novelista y editor, Menéndez Salmón heredó de su padre el gusto por la lectura, que hizo que el libro fuese "un objeto tan familiar desde mi infancia como la televisión en otros hogares". Hasta hoy, cuando su biblioteca atesora 3.000 volúmenes; compra bastante libro antiguo, "se fía del criterio de los editores que me proveen de títulos actuales" y jamás compra por internet. De las librerías de toda la vida, su favorita es Paradiso, en Gijón, "que frecuento desde que era adolescente, un lugar donde la literatura aún es tratada con respeto. También me gusta La Central de la calle Mallorca en Barcelona, aunque sólo sea para hablar cinco minutos de literatura con Marta Ramoneda, una librera excepcional".