Qiu Xiaolong.
Es uno de los grandes nombres de la novela policiaca actual, y gracias a la Semana Negra de Gijón, que se celebra estos días, hemos podido acercarnos con él a ese misterio inextricable que es la China moderna.
- ¿Cómo se mete un poeta en la novela negra?
- Fue algo accidental. Yo quería abordar la China actual, con todas sus paradojas, y había pensado hacerlo escribiendo un largo poema, lo que no hacía muy feliz a mi editor. Finalmente, tuve que reconocer que quizá no era el medio adecuado para lo que yo quería. Entonces, me di cuenta de que la novela de misterio me ofrecía una serie de instrumentos, una estructura casi fija, que podían serme muy útiles como esqueleto narrativo, para articular mi discurso.
- Pero, ¿ese mismo formato no puede llegar a ser un corsé?
- En realidad, no. Me siento muy cómodo con él. Pero hay que tener en cuenta que yo no escribo misterios clásicos del tipo "¿quién lo hizo?". Antes de la Revolución Cultural, leía las típicas novelas de detectives de Sherlock Holmes, Agatha Christie e incluso las de Charlie Chan (risas). Pero después, en Estados Unidos descubrí la escuela de novela de misterio sociológica, que utiliza el género para introducir cuestiones sociales, para describir la realidad... Me impresionaron especialmente las novelas de los suecos Maj Sjöwall y Per Wahlöö sobre el inspector Martin Beck. No es el típico detective que simplemente investiga y descubre un crimen, sino un personaje que funciona como catalizador. Que sirve a sus autores para describir escenarios y problemas reales de su país. Sigue siendo uno de mis personajes favoritos, un poco la inspiración para Chen Cao. Escribir en este modo resulta muy conveniente para explorar cuestiones sociales que me preocupan: la inmigración, la corrupción, el abuso de poder... Es cierto que a veces el género se me queda corto, pero sobre todo a nivel literario, cuando quiero experimentar.
- ¿Se publican sus novelas en China?
- Las primeras se publicaron, pero con cambios a causa de la censura. Nunca se dice que la acción transcurre en Shanghái, porque según las autoridades, "esas cosas": crímenes, corrupción, asesinatos, conspiraciones... no pueden ocurrir allí (risas, pero menos). Tradujeron la ciudad como Ciudad H, y cambiaron los nombres de calles, edificios y lugares, pese a lo cual la gente lo reconocía todo. Curiosamente, los críticos chinos saludaron mi primer libro como una gran novela sobre Shanghái. Yo no me explicaba por qué ellos podían decir que se trataba de Shanghái y yo no. Más tarde me explicaron que las autoridades no leen crítica literaria.
- - Desde el principio me dije "no caigas en los tópicos". He discutido mucho sobre ello con mis lectores. Creo que Chen Cao no es la imagen típica que la gente puede tener de un personaje chino. Es más bien un intelectual al estilo occidental. También quiero poner color local, pero sin presentar las típicas postales. Me impongo a mí mismo no ir demasiado lejos. Pero es muy difícil, porque la realidad china a veces es tan extraña, que supera la ficción. El caso real que inspira mi última novela publicada en España, El enigma de China, el escándalo de Bo Xilai, es tan retorcido como las novelas del Juez Ti.
- ¿Cuál es el enigma de China?
- Todos los años hago un viaje a Shanghái, y en los últimos quince los cambios han sido tan radicales que me pierdo en la ciudad. Lo nuevo y lo viejo, el socialismo de partido y el capitalismo, lo occidental y lo oriental, se mezclan de forma paradójica, confusa. La gente ha cambiado. Es de un consumismo exacerbado, tremendamente materialista, hay una enorme corrupción en torno a la burbuja inmobiliaria: precios altísimos para la vivienda y salarios muy bajos para el trabajador... ¿Cuánto tiempo puede durar este sistema? Pekín sabe que Shanghái es una burbuja a punto de estallar, pero no sabe qué hacer para evitarlo. Uno de los motivos por los que escribo las novelas de Chen Cao es entender esta ciudad, esta sociedad.
