Alex de la Iglesia. Foto: Javi Martínez

El director publica su segunda novela, Recuérdame que te odie (Planeta), una disparatada intriga protagonizada por un editor en horas bajas en la que el autor mantiene su personal sello de humor negro

¿Dónde estará el dibujante de cómics Bruno Kosowski? Eso se pregunta Rubén Ondarra, un editor en horas bajas que está esperando que Bruno le entregue un trabajo por el que ya se le ha remunerado debidamente. La cuestión es ineludible pues la editorial se empieza a impacientar. Sin embargo Bruno es un hombre difícil de encontrar. Así comienza el viaje iniciático e introspectivo de Ondarra. Una particular odisea que le conducirá por una trama en la que se mezclan elementos de las películas conspiranoicas de David Cronenberg, los acertijos que plantea Dan Brown en sus novelas (a los que aquí se les aplican soluciones un tanto disparatadas) y el humor desquiciado del historietista Francisco Ibañez. La segunda novela de Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965), Recuérdame que te odie (Planeta), es una perfecta prolongación de su mundo cinematográfico pero esta vez plagado de referencias que van de la cultura más pop a la filosofía medieval. De la Iglesia demuestra una vez más que tiene una gran facilidad para provocar sensaciones (muchas de ellas difíciles de digerir) independientemente del medio por el que se exprese.



- Su segunda novela... ¿Le está cogiendo gusto?

- Pues la verdad es que sí. Me encanta escribir. La incontinencia verbal y las ganas de plasmar ideas siempre me acompañan. Hace año y medio que estoy con este libro y lo cierto es que me gustaría continuar con estos personajes.



- De hecho vuelve a aparecer el poeta Satrústegui, protagonista de su anterior novela, Payasos en la lavadora (2009). ¿De dónde procede este personaje digamos, por resumir, peculiar?

- Me he inspirado en muchas personas y también en muchos sentimientos pero sobre todo representa al alter ego del protagonista. Es alguien que disfruta de la vida aunque para ello tenga que hacer el ridículo más absoluto. Puede llegar a morrearse con desconocidas aunque ello implique recibir una paliza, o ligarse a unas azafatas de RENFE con una absoluta facilidad. Es realmente un superhombre. El problema que tiene es que siempre está entrando y saliendo de manicomios.



- ¿Es el proceso creativo muy diferente de la confección de un guion?

- Es totalmente distinto. Para un guion piensas en imágenes y desarrollo visual. Para mí en una novela lo interesante es saber que siente el narrador, por eso mis dos libros están escritos en primera persona. Creo que no sería capaz de escribir algo con un narrador objetivo, necesito que se implique, que lo que cuente pueda ser cierto o no. Esto me parece fascinante y por eso lo plasmo en una novela y no en una película. Borges comentaba que hablando con Casares tuvieron la idea de concebir un cuento en el que el narrador miente y en el que la verdad solo se puede conocer atendiendo a las incoherencias de lo que va contando. Esta idea siempre me ha cautivado.



- Vuelve a ocurrirle aquí al protagonista algo parecido a lo que le ocurría a Satrústegui en Payasos en la lavadora, un relato se extravía. ¿Ha tenido malas experiencias personales en este sentido?

- Es un recurso narrativo, contar lo frágil que es el material que tratas. Pero también es cierto que lo he vivido personalmente. Por ejemplo he perdido ordenadores a docenas. Y lo que le sucede a Rubén Ondarra, que pierde el relato en la nube del Mac, me pasó realmente a mí con este libro. Esa parte es cierta. Era la primera vez que usaba el programa Pages.



- La clave de su novela es el humor. ¿Cuáles son sus referencias literarias en este sentido?

- El humor en sí mismo se puede entender como una actitud, una manera de comportarse o incluso como un género. También es una teoría del conocimiento, una manera de acercarte a las personas. En cuanto a referencias siempre me gustaron autores como Jardiel Poncela, Mihura... Por supuesto Tono. Aunque mi preferido seguramente es Eduardo Mendoza, me parece alucinante. También hay muchas referencias cinematográficas y podríamos hablar de filósofos muy graciosos. La filosofía medieval es un género hilarante.



- El personaje de Bruno Kosowski es dibujante de cómics. ¿Ha querido homenajear aquí una de sus aficiones preferidas?

- Sí, lo que pasa es que hay un problema: las cosas que te gustan se apoderan irremediablemente de tu cabeza. Que el personaje de Bruno Kosowski sea un dibujante y no un escritor o cualquier otro tipo de creador se debe principalmente a que la labor de rellenar una pagina en blanco con un pincel es el trabajo que más admiro. Supongo que por eso el editor está obsesionado con él. Me apetecía hacer un pequeño homenaje al cómic.



- Por otra lado está Rubén Ondarra, un editor en claro declive ¿Le parece que el mundo editorial también está en claro declive?

- Yo creo que participamos en una caída libre pero no solo en prensa o en cine. Hablamos de la creación en general pero también respecto a los valores en la sociedad. Lo que ocurre es que cuando todo cae, en realidad, nada cae. Pero hay que dejar de lamentarse porque esto ha ocurrido siempre. Hay que asumirlo y tratar de salir de la caída a través de un absurdo movimiento en contra. Somos como el Coyote en caída libre hacia el Correcaminos. Hace mucho que caemos en compañía de una piedra enorme. La cuestión es si queremos caer encima o debajo de la piedra.



- Durero tiene un papel esencial en las pesquisas de Rubén sobre el paradero de Kosowski. ¿Por qué Durero?

- Por dos razones. La primera y más obvia es que era necesario para la historia, es un clásico. Ese grabado, Melancolía I, es uno de los más misteriosos que se han realizado. Era un poco como ponerte en la cabeza de Dan Brown. Hay bastante coña con eso en la novela. Por otro lado, hay una cosa que me encanta y que define perfectamente el libro: todo parece referirse al enigma del protagonista, desde los porteros de las viviendas a los Risketos. Siempre aparece algo inexplicable que parece formar parte de un plan maquiavélico. Pero muchas veces las cosas no tienen sentido, sencillamente has tenido mala suerte o no es más que tu cabeza. Hay gente que ordena bien el mundo como es el caso de Walt Disney con Mickey Mouse, Minnie, Pluto y compañía. Otros sin embargo lo hacen de una manera terrible.



- ¿Qué proyectos tiene en un futuro cercano?

- Tengo un montón de proyectos. Estoy preparando una película para comenzar en septiembre, una serie de televisión, una tienda de deportes... Esto último es broma pero no descarto en algún momento de mi vida acabar vendiendo zapatos.