Alaska y los Pegamoides

La extravagancia, el nihilismo, lo pijo y marginado, el compromiso político y social macerado con una estética propia y el abuso de las drogas y el alcohol marcan la década de los 80 de España. La Movida madrileña se configura como el espejo, la caricatura de la decadencia actual, una crisis nunca superada, una sociedad desbordada y enloquecida por la libertad tras la muerte de Franco. Pero, ¿quiénes influyeron en todo esto y cuál es su vigencia? ¿Qué supusieron bandas como Alaska y los Pegamoides, Mecano y Kortatu? Lengua de trapo publica tres libros, uno para cada banda, que profundizan en ello y se presentan este miércoles en La Central de Callao, Madrid.



Los años 80 estuvieron marcados por diversos movimientos contraculturales, la sociedad se sintió liberada y comenzó una locura de juerga y abuso. Así, podemos observar tres diferentes maneras de reivindicar y asumir todo lo que se había conseguido: por un lado el nihilismo lúdico de Alaska y los Pegamoides, por otro la superproducción y arrinconamiento de Mecano y, por otro, el compromiso social y político de Kortatu.



Razones sobran para que estos tres grupos hayan sobrepasado la barrera del tiempo y sigan vivos en la sociedad actual. Patricia Godes, escritora del libro Alaska y los Pegamoides. El año que España se volvió loca, describe que "se debe a que eran sorprendentes, Alaska tiene un encanto y atractivo especial con canciones pegadizas. Es algo místico, sutil y escurridizo". Mecano, en cambio, fue la banda marginada por las corrientes de la Movida porque "al tener un éxito tan grande y temprano, los otros artistas les hicieron el vacío y ellos, ofendidos por el rechazo, siempre se sintieron por encima de lo que consideraban una tendencia local", explica Grace Morales, a cargo de Mecano 82, la construcción del mayor fenómeno Pop español. Por último Kortatu, "imprescindible en la escena del rock nacional. Su repercusión fue colosal, aunque no salió mucho en los medios porque el relato oficial era otro y ellos resultaban incómodos", ahonda Isidro López, firmante, junto con Roberto Herreros, de El estado de las cosas de Kortatu. Lucha, fiesta y guerra sucia.



Los mitos y la versión oficial

Triunfaba lo yeyé, lo hortera y lo televisivo. Las letras de Alaska y los Pegamoides eran pegadizas y sus ritmos bailables, personalizaban los objetos y deshumanizaban al ser humano jugando con el infantilismo como reivindicación. "La versión oficial como libertad, diversión y atrevimiento comienza con ellos porque fue un shock y resultaban atractivos", cuenta Godes. Y aunque ellos mismos querían crear una barrera entre la banda y el público, el resultado fue proporcionalmente inverso; cuanto más querían alejarse, más se arrimaban a ellos. La erótica del poder, el atractivo de la dificultad. A pesar de la corta duración del grupo en el panorama (1979-1982) han perdurado por canciones como Bailando y por la ruptura de moldes que acuciaban al actuar: "Alaska hizo cosas que abrieron puertas, ella pasaba del pudor y mucha gente la imitaba. Usaba pantalones, reivindicaba el feminismo pero no tenía un discurso por lo que siempre hacía lo que quería", analiza Godes. Ahí radica su importancia. Y, por otro lado, crearon una moda particular. Su estilo fue cambiando junto con la evolución de la Movida, desde una estética colorida pop a un siniestro punk y gótico. "A día de hoy la gente de la moda oficial no quiere comprometerse a hablar de Alaska".



Entre los años 1981 y 1982 importamos la fiebre neorromántica de la moda y música anglosajona. Nacho Canut y Eduardo Benavente crearon Parálisis Permanente siguiendo la tendencia punk británica, la cultura pegamoide lanzó sus mayores éxitos de las pistas de baile como Bailando, Horror en el hipermercado o La tribu de las Chochoni, y Carlos Berlanga, para finales del año y comienzos del 82, abandonaría el grupo y formaría Dinarama, coincidiendo con el nacimiento del mayor fenómeno pop español: Mecano.





Mecano



Objeto de nostalgia

El éxito tecno pop de la banda trasciende a la Movida ya que, para las corrientes de esta época, los poperos estaban desprovistos de un mensaje fuerte que calara en la sociedad. En cambio, "tenían ropa y peinados", ironiza Morales. La banda pasó por varias etapas a lo largo de su recorrido. Comenzaron con una superproducción que muchos otros grupos no podían permitirse. De ahí que se les llame '"pijos", ya que provenían de la alta burguesía de la sociedad española. En 1982 y con su álbum de debut, Mecano, se hicieron un hueco en las radios con canciones tan emblemáticas como Me colé en una fiesta o Maquíllate.



"Marcaron la moda de toda una generación, y luego muchos grupos de los noventa hasta la actualidad los han incorporado a su estilo, tecno-pop ingenuo, chicas con voces determinadas, etc". Pero tras los primeros éxitos del conjunto, su tercer disco (Ya viene el sol, 1984) entró en un cierto declive y su discográfica decidió prescindir del contrato que les unía. Un error para la casa de discos ya que su siguiente álbum (Entre el cielo y el suelo, 1986), les catapultó al éxito más redondo que podían imaginar. Es por eso que se dice que el éxito de Mecano "trasciende a la movida y se recrea como el recuerdo sentimental de docenas de canciones en miles de personas". Pero Mecano "sigue siendo rentable como objeto de nostalgia. Los ochenta han quedado como una época de felicidad a pesar de que la realidad no fuera así", matiza Grace Morales.



Paralelamente al periodo de declive momentáneo de Mecano hacia el año 1984, en el norte, más concretamente en el País Vasco, comenzaba a gestarse una revolución y una lucha particular. Con el horror y terror que daban lugar ETA y los GAL, nació Kortatu, una banda con un fuerte compromiso social que bebía las influencias de la banda británica The Clash, formada en el seno del conservadurismo de Margaret Thatcher. El estado de las cosas de Kortatu. Lucha, fiesta y guerra sucia, remarca la influencia y el cambio de conciencia que propició la banda encabezada por Fermin Muguruza.



Compromiso político y radicalismo vasco

La oleada de ocupaciones, gaztetxes y fanzines estaba desatada de modo que "es difícil entender el impacto de la música sin tener en cuenta el despliegue de los nuevos medios independientes", apunta Roberto Herreros. Por su parte, Isidro López, destaca la figura de Fermin Muguruza, que ha sido imprescindible en toda esta corriente estética del punk vasco: "El mérito de Muguruza es saber combinar el compromiso político con la calidad musical y nunca panfletaria" y Herreros alaba "la habilidad de interpretar lo que sucede a su alrededor con una visión a largo plazo y actuar en consecuencia. Sabe aprovechar las oportunidades de cada momento".





Kortatu en concierto



Tal vez, el mejor letrista del Rock Radical Vasco ha sido Evaristo Páramos, vocalista de La polla records, pero el sonido de Kortatu era mejor, lo cual ha hecho que sus discos hayan envejecido meritoriamente. Síntoma de ello es que las orquestas de pueblo sigan cantando canciones como Sarri Sarri. "Kortatu le pusieron banda sonora a una enorme red cultural y política", concluye Herreros. Pero hay algo que matizar, un error que se comete a menudo y es que "no se debería comparar a Kortatu como el hermano pequeño vasco de The Clash, ya que su influencia de masas ha sido superior a la de los ingleses". Ponen la vista en ellos, en The Specials y en Stiff Little Fingers, creando toda una estética red skin propia que sigue vigente en las calles vascas.



En definitiva, España vivió una ola modernista de gran envergadura que sirvió para limpiar la imagen del país a nivel internacional tras cuatro décadas de dictadura. No obstante, la estructura económica seguía siendo anticuada y no acorde con los nuevos tiempos, lo cual vaticinaba la decadencia de una sociedad que se creyó superior y que nunca superó aquella crisis. Alaska como lo visual, Kortatu como el compromiso y Mecano como la industria, han sido, en sus respectivos campos, la banda sonora de una misma década con diferentes desembocaduras. Y ahora que estamos sumergidos en una de las peores crisis acaecidas, no nos falta música sino ese compromiso con la sociedad por la que abogaban en los años 80.