Patrick Leigh Fermor

Traducción de D. Payás. RBA. 480 páginas, 25 €.

Durante los últimos años se han estado reeditando en España los libros más célebres de quien sin duda es por derecho uno de los autores más respetados de la literatura de viajes del siglo XX, Patrick "Paddy" Leigh Fermor, autor de obras como El tiempo de los regalos y Entre los bosques y el agua (donde relata el viaje que hizo a pie con 18 años desde Holanda hasta nada menos que Estambul, en la Europa de la preguerra) y reeditado también por RBA; o de Madi, reeditado con una fantástica traducción por Acantilado. Los fanáticos de Leigh Fermor conocen bien ese estilo suyo tan sinuoso y proclive a la digresión, tan parecido en cierto sentido al elemento más preciado y único de Leigh: su propia vida, la del excéntrico viajero que tan pronto podía estar durmiendo dos años en una choza de pastor en Creta para liderar la patrulla que capturó y evacuó al general Heinrich Kreipe, como tener un idilio con una princesa húngara.



No es de extrañar que personas como Patrick Leigh Fermor ("Paddy" para sus amigos y al parecer también para la autora de esta biografía, Artemis Cooper) generen tal cantidad de expectativas. Algunas provienen de su indudable talento y otras de una peripecia vital que le convirtió en una especie de mito viviente (Dick Bogarde protagonizó una película sobre sus peripecias en la guerra en 1957). Cabría decir también que una biografía es algo muy distinto. O preguntarse por qué resulta tan aburrida una biografía en la que se relatan tantos episodios extraordinarios, tantos viajes únicos y tantos romances bohemios.



En su prólogo a El idiota de la familia (la extensísima biografía sobre Flaubert) Sartre se preguntaba en primer lugar hasta qué punto era posible dar cuenta de la totalidad de un hombre en una biografía y aseguraba que un hombre no es nunca un individuo, que tal vez sería más apropiado denominarlo un "universal particular". Decía también que en el caso concreto de Flaubert era posible hacer una biografía porque el autor se había "objetivado" en sus libros. Pues bien, trasladando aquí la premisa sartreana, no nos queda más remedio que reconocer que: o bien Leigh Fermor no se "objetivó" en las acciones que compusieron su vida, cosa que resulta difícil de creer en alguien a quien no le interesaba nada que no fuera la vida, o bien Artemis Cooper no ha conseguido gran cosa alienando todos esos episodios, investigando lo que dijo hasta el último camarero que sirvió a la mesa o la última amante a la que reprocha unas ladillas (esto es literal). Se podría comentar en Cooper ese defecto tan irritante y común en los biógrafos de "canonizar" a sus biografiados. No hace falta aclarar que, según la autora, "Paddy lo tenía todo: alegría, excitación, juventud, buena apariencia. Era una combinación irresistible".



En realidad la inclinación hagiográfica de los biógrafos es tan común que uno la podría dar por descontada. El defecto de esta biografía es más bien radical y mucho más interesante, porque es un verdadero misterio que uno no acabe sabiendo en realidad nada sustancioso sobre Patrick Leigh Fermor a pesar de las veinte horas que se necesitan como mínimo para leer este libro. Ése tal vez sea el verdadero misterio: una mirada superficial sobre los acontecimientos, por muy documentada que esté (y en eso hay que darle la mano a Artemis Cooper, que sería capaz de dar hasta una lista detallada de los días en que Leigh Fermor se levantó con resaca) puede dejarnos como estábamos al principio, sin saber nada nuevo y con la vaga sensación de que lo único que hemos hecho ha sido acumular un par de anécdotas sobre un autor que nos interesaba. La superficialidad y la cursilería van de la mano en ese sentido y tal vez este libro tenga un poco de los dos defectos.