Matías Candeira
Matías Candeira es uno de los doce narradores menores de 40 que El Cultural ha elegido.
-Son muy parecidas, ¿a que sí? -dice.
Es como si, por un instante, hubiera recordado algo de otra vida.
Tres hilos espesos empiezan a culebrear por su antebrazo y, sólo durante unos segundos, he notado que me tiemblan las piernas al mirarla. Casi no tengo fuerzas. Bajo ese olor he visto abrirse una hendidura en mi propia cabeza. Esa imagen que se resiste a abandonarme del todo. Son muchos, muchísimos muebles cubiertos con sábanas en una habitación grande y luminosa, y bajo ellos, manchas inapreciables de sangre -la más oscura que ella tiene dentro- que crecen incontroladamente en la madera. Pronto se convierten en algo que no puedo abarcar con la vista. La habitación se encharca, espesamente, y me empapa las piernas. Supongo que esta clase de temblores me mantienen lúcido; que así es como debe ser. Pero cada día me sorprendo sintiendo menos miedo del necesario.
-Tranquilo -me responde-. Hace mucho que sabes hacerlo.
El rito me agota y necesito beberme un par de tazas de café para volver a sentir los pies sobre el suelo de la cocina. Supongo que jamás podría ser médico. Como mucho, alguien que sacrifica animales.
-Ve a desinfectártelo.
-Venga, hombre -repite-, tranquilo.
Y se queda esperando a ver qué ocurre.
Matías Candeira, elogio del error
Narrador con mucho cuento, profesor de talleres de escritura creativa y guionista, afirma Matías Candeira (Madrid, 1984) que la literatura que le interesa "es la que produce errores, que es un error en sí misma: un posible error de forma, pues detesto los textos redondos y aseados donde nada sobra ni falta; un error ideológico, pues violenta mi sentido del mundo; un error sobre lo real, pues me coloca en lo fantástico, lo necesariamente extraño. Y así".
Tras la publicación de su primer conjunto de relatos, La soledad de los ventrílocuos (2009), de su inclusión en varias de las mejores antologías del género y de que sus cuentos hayan recibido no pocos premios, su segunda obra, Antes de las jirafas (2011) confirmó las expectativas. A fin de cuentas, como subraya Vicente Luis Mora, "pese a su juventud es uno de los exploradores jóvenes más atinados del género, gracias, sobre todo a que sabe construir los espacios exteriores como representación de la psique, el acierto de algunas imágenes plásticas y, sobre todo, esa tensión centrífuga que lleva sus relatos a una estética alejada del realismo. Es un relatista técnicamente muy dotado que además ha entendido que no todas las cosas pueden explicarse desde una perspectiva realista".
