La política vasca y ex alcaldesa de Lizarza Regina Otaola. Foto: El Mundo



La ex alcaldesa de la localidad guipuzcoana de Lizarza, Regina Otaola, se convirtió desde 2007 un símbolo del trabajo bien hecho y de valentía en el País Vasco. A su llegada a aquel Ayuntamiento tradicionalmente gobernado por Batasuna, un cargo al que accedió tras quedar ilegalizada la lista de ANV, la política del Partido Popular decidió "no mirar para otro lado" y gobernar de acuerdo al compromiso que exigía el puesto. Frente a los insultos y amenazas, se mantuvo firme y quitó las fotografías de cuatro etarras que colgaban de la fachada del consistorio, cambió nombres a las plazas, izó la bandera nacional y buscó el diálogo con los vecinos, de los que muchos, superado el silencio, recuerda ella, se acercaron poco a poco a su mandato. Hoy Otaola trabaja y vive en Madrid, alejada de la política de su partido en el País Vasco por considerar que es "de perfil bajo" y condena que el temor siga imperando en su tierra. Ahora echa la vista atrás en el El precio de la libertad (La Esfera de los Libros), testimonio político y personal de aquellos años.



P.- Su paso por la alcaldía de Lizarza fue muy popular. ¿Escribió este libro porque hacía falta contar en profundidad lo que sucedió durante su tiempo allí?

R.- La idea del libro surgió durante una entrevista con El Mundo. Fue antes de venir a Madrid cuando empezamos a darle vueltas. La Esfera apostó por mi historia. Creo que es importante que quede constancia de esa época, lo de Lizarza fue muy novedoso y todo el mundo conoce el hecho de que colocáramos las banderas en un Ayuntamiento dominado por Batasuna, pero no sabe otras cosas y el trabajo realizado allí tiene su valor. No se trata de colgarse medallas, porque lo que hicimos fue, simplemente, tener claro cuál era nuestra labor, ser responsables con el compromiso.



P.- Su trabajo en ese pueblo de 600 habitantes se convirtió en un símbolo de cómo lo local puede ser ejemplo para lo general, ¿usted cómo lo ve?

R.- La clave no es que fuera un pueblo pequeño, sino el hecho de que fuera una localidad que había estado siempre gobernada por Batasuna y en la que por primera vez entró a gobernar un partido constitucional. La novedad fue no mirar para otro lado, trabajar por los vecinos y hacer que se cumpliera la ley empezando por quitar las fotos de los cuatro etarras en la fachada del ayuntamiento, las pintadas... Los que hemos vivido en el País Vasco y hemos estado en política hemos denunciado estas cuestiones un día sí y otro también. Yo ya lo había hecho en Eibar. Es algo consustancial a esa parte de España en la que la democracia siempre estuvo cogida con alfileres, por eso no puedes acomodarte.



P.- ¿Cuáles fueron los momentos más difíciles de su legislatura? ¿Qué buenas enseñanzas se llevó de aquello?

R.- El peor momento fue el día de la constitución del Ayuntamiento. Estábamos rodeados de fuerzas de seguridad para hacer frente a los batasunos. Es duro, sabes que desde ese momento empieza tu labor. Luego vinieron las amenazas, las pintadas, de todo. Pero también hay una parte buena, porque logramos realizar un trabajo conforme a la responsabilidad que habíamos adquirido y recogimos los frutos. Fue bueno ver cómo los vecinos empezaron a saludarme, cómo venían al ayuntamiento... e incluso te agradecían que estuvieras allí. Es duro estar en un ayuntamiento en el que la ley y la libertad brillan por su ausencia. Nuestra premisa fue atender a qué se podía hacer para mejorar.



P.- ¿Ha vuelto a ir a Lizarza?

R.- No voy por allí, sí al País Vasco, pero a mi casa. Aunque me han llegado algunos comentarios buenos, de gente que nos echa de menos. Claro que habrá quien diga que Batasuna es mucho mejor...



P.- ¿Sabe cómo se llama hoy la plaza a la que usted cambió el nombre?

R.- Estoy segura de que se lo habrán vuelto a cambiar, pero allá cada cual.



P.- ¿No se plantea volver a la política en el País Vasco?

R.- No, ahí terminó una etapa. No me sentía nada identificada con el nuevo PP allí y consideré que para mí iba a ser muy difícil encontrar un trabajo. Se me ofreció la oportunidad de venir a Madrid a trabajar con la Agencia del Menor Infractor y me he sentido muy libre y acogida, porque llegas a un lugar donde se vive con libertad y donde no recibes insultos sino cariño.



P.- Ha sido muy crítica con el PP del País Vasco.

R.- Creo que se ha apostado por un perfil más bien bajo y se acepta el hecho de que Bildu esté en las instituciones y en el Gobierno. Van a tomar vinos juntos, se reúnen, van y vienen. Ese es el perfil bajo. La política en el País Vasco tendría que haber sido más contundente y no dar por normal algo que no lo es. No puede ser que los batasunos estén en las instituciones, premiados. Yo eso no lo admito. Lo más íntegro es irse si uno no está de acuerdo.



P.- También ha recalcado mucho la importancia de no olvidar la persistencia de la amenaza de ETA.

R.- ETA ya no mata, eso lo vemos todos gracias a Dios, pero sigue organizada, no ha dejado las armas y sus acólitos no van a condenar el terrorismo. ¿Cómo van a condenar algo que es suyo? Me resulta bochornoso que esto suceda en democracia. ¿Que el Tribunal Consticional les ha dado paso? Pues muy bien, pero yo no estoy de acuerdo, así de claro.



P.- Hay paisanos suyos que son optimistas, que hablan de un mayor grado de libertad.

R.- Los resultados políticos no son muy alentadores en este sentido. Soy vasca, los vascos tenemos cabeza y tenemos que ver qué queremos que sea esta parte de España. Espero que se den cuenta de cómo gobierna Bildu. Me choca que haya tanta gente que les vote. Hay quien habla de una sociedad enferma y a mí me parece un término fuera de contexto pero es verdad que hay gente que dice que como ya no matan, pues aquí estamos todos. No se puede pasar la página después de lo que ha pasado todos estos años. Hay que valorar vivir en libertad. ¿Hay menos silencio? Me cuesta creerlo. Puede que se viva con más tranquilidad pero no con más libertad. Ya me gustaría ver que la gente hablara y se explayara públicamente. Lo único que pido es que se aplique la ley y que haya libertad allí, que no se hagan homenajes a los etarras o se siga sacando la cara por los presos. Eso es una huida de la realidad que propicia la huida de la responsabilidad. El mensaje de mi libro es que cuando se hace frente al terror uno termina por vencer y yo estoy convencida de que al terrorismo se le puede derrotar. En esta vida hay muchos lizarzas y hay que hacerles frente con la ley en la mano. Como ciudadanos tenemos que propiciarla.