Eva Illouz. Foto: Emil Salman

Traducción de María Victoria Rodil. Clave Intelectual/Katz, 2012. 364 páginas, 19 euros



La obra de Eva Illouz se codea con la de los mejores analistas del mundo moderno y globalizado. En abril de 2010, El Cultural dedicó su mejor espacio -libro de la semana- a su penúltima obra, La salvación del alma moderna, un fascinante trabajo dedicado a poner en evidencia cómo el capitalismo ha propiciado el desarrollo de una cultura emocional guiada por el discurso psicoterapéutico, la cultura de la autoayuda, la publicidad y el consumo. Dos años más tarde, Eva Illouz vuelve a estas páginas en el mismo sello -ahora en colaboración con Clave intelectual- que ha vertido al español tres de sus cinco textos anteriores. Con ocasión de éste, su sexto libro, sus editores han preparado una salida casi simultánea de Por qué duele el amor en las principales lenguas del planeta. (Es muy recomendable su booktrailer, Why love hurts?, subtitulado en castellano).



Una chica nacida en Fez (Marruecos) en 1961 en el seno de una familia numerosa judía que debe emigrar a Francia a los diez años no lo tiene fácil para triunfar en un mundo globalizado. Su itinerante recorrido vital está marcado por una formación académica francesa y norteamericana en sociología, literatura y comunicación. Desde hace unos años es miembro en la Universidad Hebrea de Jerusalén de su senado y de su cuerpo de catedráticos. En todo caso, la ya extensa obra de Eva Illouz y su intensa actividad internacional como docente y divulgadora de su pensamiento, ocupa un espacio ineludible para entender el tránsito al siglo XXI.



La base sobre la que crecen estas páginas es la consideración del amor como algo que va allá de un ideal cultural para constituirse en un sostén social del yo. Amar significa movilizar la totalidad del yo como una capacidad esencial para entrar en conexión con otras personas y mejorar la existencia propia y ajena. Al mismo tiempo que el amor, la pasión o el romance se han convertido en elementos centrales de nuestras vidas, en algo fundamental para determinar el valor propio, se da la paradoja del enfriamiento emocional producido por la organización social de nuestros días. El amor cortés o galante que reflejan la literatura y la correspondencia del siglo XVIII y XIX es contemplado hoy si no como repulsión, sí con cierto cinismo.



Lo que se ha tratado de analizar en este trabajo es precisamente esta paradoja: el amor nos conforma como seres humanos y sociales, pero al mismo tiempo los valores constitutivos de la modernidad -para algunos autores como Jameson sería mejor hablar de postmodernidad- tienden a enfriar sus efectos. La adhesión al amor se desembriaga porque valores como la libertad, la razón, la igualdad o la autonomía son elementos centrales de la modernidad. Al mismo tiempo, movimientos sociales como el feminismo trastornan los viejos ideales del amor pasión.



Para armar su tesis, Eva Illouz toma en préstamo numerosos textos literarios, entrevistas y anuncios publicitarios. En unos y otros se apoya para ir tejiendo un análisis textual que pone al lector ante la idea de que todo amor está acompañado de una dosis de sufrimiento. La búsqueda de la pareja ideal se verá acompañada de fracasos. Después de una fiesta, de una salida loca o de una intensa búsqueda por Internet queda la vuelta a uno mismo con sabor a derrota. Pero aun en el caso de triunfar los tormentos no desaparecen puesto que con el tiempo comienzan a aparecer el aburrimiento, la ansiedad o la irritación. Conflictos que generan rupturas o separaciones. Tras dar por sentado el sufrimiento amoroso, de lo que se trata es de explicitarlo. Y aquí es dónde surge la visión sociológica. Desde la sociología nuestra autora rechaza los postulados psicoanalíticos. La cultura freudiana según la cual el pasado y la familia están en el origen del fracaso amoroso es un error. Las experiencias infantiles no pueden condicionar las decisiones amorosas de los adultos. No se fracasa o se sufre en el amor por inmadurez derivada de pérdidas tempranas.



La psicología clínica ha extendido de distintas maneras que el fracaso amoroso se explica en función de la historia psíquica del sujeto y, por consiguiente, dentro de su esfera de control. A lo largo del siglo XX, escribe Eva Illouz, se creyó que el sufrimiento amoroso era autoinfligido y con ello la psicología clínica y toda la industria de la autoayuda se ofreció como si estuviera en su mano aliviar o curar el dolor del yo a través de su capacidad para autoconfigurarse. Ahora bien, dado que vivimos en un momento históricamente reflexivo, se puede afirmar que los fracasos de nuestra esfera privada no se deben a una falta congénita de nuestra psique sino que a los "caprichos y sufrimientos de nuestra vida emocional les dan forma ciertos órdenes institucionales. De lo que se trata es de entender y explicar el conjunto de contradicciones y tensiones culturales que estructuran la identidad y el yo.



En el intento de hacer visibles los pliegues sociales que contracturan el amor, Eva Illouz recurre a una reflexión histórica en la que ha venido demostrando una especial agudeza: el proceso de modernización. En las últimas cuatro décadas se ha producido un profundo cambio en las reglas del amor. Por un lado se ha radicalizado la idea de igualdad y libertad y, por otro, se ha separado lo emocional de la sexualidad. Al mismo tiempo el modelo económico se ha impuesto como la plantilla para configurar el yo y las emociones. De este modo, el actor de la modernidad tardía se construye en una combinación de naturaleza emocional y económica, romántica y racional. El amor aparece así teñido por unas estrategias económicas de movilidad social que transforman las maneras de buscar pareja, así como los modos de consulta y toma de decisiones acerca de los propios sentimientos.



Para desglosar la relación entre el sufrimiento y el amor recorren estas páginas las grandes transformaciones psicosociológicas acaecidas. Desde la desregulación de los mercados matrimoniales a las estrategias de elección de pareja pasando por el realce del papel del amor en la construcción social del sentido del valor propio. La racionalización de la pasión y el despliegue de la imaginación romántica cierran el recorrido de la transformación moderna del amor. Este triple eje en el que se sitúan amor, sufrimiento y modernidad deja, como no podía ser de otro modo, flancos muy abiertos.



Por un lado, los sufrimientos amorosos son inabarcables y no caben en estas páginas por mucho que se esfuerce su autora. Por otro, ésta se centra en las relaciones heterosexuales y, por último, se olvida de que muchas personas son felices en su matrimonio o en su celibato. En otro orden de cosas, la traducción tiene baches para el lector español.



Aunque no son aspectos substantivos en la construcción del texto, Eva Illouz trae a colación dos elementos narrativos de enorme interés por su ambivalencia y dificultad analítica: feminismo e Internet. Confesada feminista, no puede dejar de señalar el papel del feminismo en la disminución de las libertades amorosas individuales. A ese respecto recuerda situaciones ridículas u opresivas que en función de lo políticamente correcto se vienen produciendo en algunas universidades norteamericanas (la lectura de la excelente novela de John Williams, Stoner es muy ilustrativa). Por último, Internet como lugar de encuentro amoroso. Lo que en definitiva contiene este volumen es una penetrante visión de la compleja y contradictoria función del amor en el siglo XXI.