Philip Blom
Desde la década de 1750 hasta la de 1770, el salón parisino del barón Paul Thiry d'Holbach fue el epicentro del debate, de la audacia intelectual y las ideas revolucionarias, y reunió a personalidades de la talla de Denis Diderot, Laurence Sterne, David Hume, Adam Smith, Horace Walpole, Benjamin Franklin y Jean-Jacques Rousseau, que después se opuso a sus amigos. Aquél fue un instante de tal radicalismo y audacia en el pensamiento europeo, que filósofos rivales se enfrentaron violentamente, y el proceso acabó finalmente sofocado por Robespierre y sus secuaces. En Gente peligrosa. El radicalismo olvidado de la Ilustración europea (Anagrama), Blom vuelve sobre los pasos y el destino de los integrantes de este excepcional grupo de amigos, y devuelve la vida a sus subversivas ideas. Mentes brillantes, llenas de ingenio, de valor y de humanidad, cuyo pensamiento creó una Ilustración radical, basada en el ateísmo, la pasión, la empatía, y una visión de la sociedad de una suprema agudeza. A continuación puede leer el capítulo dedicado al peculiar barón Paul Thiry d'Holbach, que Blom rescata del olvido.4. Chez Monsieur D'Holbach
Cuando Thiry d'Holbach regresó a París en 1748, llevó a la capital francesa ideas nuevas y una enorme avidez de descubrimientos intelectuales. Al recibir unos ingresos independientes gracias a su tío, el joven barón vaciló un poco, sin saber qué hacer de su vida. Se casó y consiguió permiso para ejercer el Derecho, pero nunca trabajó de abogado. En cambio, lo que hizo fue adquirir una excelente biblioteca científica, coleccionar obras de arte y miles de ejemplares de minerales, e intentar abrirse camino en el establishment científico; y, cuando oyó hablar de la Encyclopédie, no dudó en ofrecer sus servicios al editor. D'Holbach escribió más de tres mil artículos y también tradujo todo un estante repleto de libros de ciencia y filosofía (el trabajo más importante fue el gran poema De la naturaleza de las cosas -De rerum natura-, del filósofo romano Lucrecio).
D'Holbach sabía cómo mantenerse ocupado y emplear su fortuna con fines constructivos, pero aún seguía sintiendo que no servía para llevar una vida de erudito privado, sentado en casa estudiando muestras de minerales. Ansiaba tener compañía e ideas nuevas, el toma y daca y el desafío del debate público. Además de las distintas academias y de otras instituciones científicas, los lugares de encuentro intelectual de París eran los grandes salones, pero no estaban pensados para mantener intensas discusiones filosóficas. Damas respetables moderaban la conversación cortés y las lecturas de nuevas obras literarias; engeneral, se evitaba cualquier polémica abierta.
Echando de menos algo de mayor peso, semejante a las cenas de estudiantes de sus días de Leiden, que duraban toda la noche, D'Holbach decidió revivirlas. Básicamente, fue la combinación de la gentil y generosa hospitalidad de D'Holbach y los contactos de Diderot lo que convirtió al salón en un importante lugar de encuentro. Desde el principio de su asociación con la Encyclopédie, el barón escribió un sinnúmero de artículos para el proyecto, al comienzo sobre temas científicos, como geología y mineralogía, pero luego también sobre temas como los sacerdotes y la teocracia. Su participación hizo natural que otros enciclopedistas frecuentaran su casa, donde los más radicales podían decir abiertamente cosas que nunca podrían enviar a la imprenta, y así D'Holbach recibió a un flujo constante de invitados librepensadores y cultos, siendo el más destacado de entre ellos Denis Diderot, encantado de encontrar un lugar donde dar rienda suelta a la más grande de sus pasiones: hablar con sus amigos, provocar a los adversarios y enfrentarse a los que aún estaban indecisos.
Entre los invitados habituales de D'Holbach que también colaboraron con la Encyclopédie a principios de la década de 1750, se encontraban Jean-Jacques Rousseau, que escribió sobre música; el crítico literario Jean-François Marmontel; el vivaz Charles-Georges Le Roy, montero mayor de palacio, cuyas contribuciones incluyeron artículos sobre venados, la caza y el instinto; el oficial de carrera Jean-François de Saint-Lambert, que también era un poeta consumado, y el ingeniero y especialista en historia Nicolas-Antoine Boulanger. Una velada típica en casa de D'Holbach consistía en la lectura de un nuevo artículo escrito por uno de los invitados y una discusión sobre política, filosofía o historia. Compartiendo cotilleos entremezclados con ideas, los invitados del extranjero traían noticias de sus países, que inmediatamente se comparaban con la situación en Francia, mientras los científicos llevaban nuevos experimentos y teorías a medio desarrollar o historias tomadas de algún colega, y todo ello en un ambiente que era a la vez más libre y menos formal que el que reinaba en los otros salones de París. Al fin y al cabo, no se trataba de un debate supervisado por una espléndida anfitriona (Madame D'Holbach era lo bastante diplomática para no insistir en desempeñar ese papel). En cambio, el anfitrión era un científico, y es probable que sus opiniones fuesen más radicales que las de la mayoría de sus osados invitados.
El carácter único del salón de D'Holbach, así como la envidiable reputación de su chef y de su bodega, particularmente buena, pronto atrajeron a las mentes más brillantes de la ciudad y a los comensales más exigentes, y si bien no nos ha llegado un solo menú que nos diga con detalle qué se sirvió tal o cual noche, podemos hacernos una idea bastante acertada de los platos que se preparaban para la mesa de un hombre acaudalado gracias al famoso libro de cocina de Vincent de la Chapelle, Le Cuisinier moderne (1735), que por suerte para nosotros contiene un menú representativo, ideal para une bonne table bourgeoise, una cena para catorce a veinte personas en una casa de la ciudad, no de un gran aristócrata, sino de un hombre rico como D'Holbach, al que le encantaba comer y que era famoso por su hospitalidad. La sugerencia de La Chapelle es la siguiente:
Menú
para una cena de catorce comensales, & que puede servir para veinte
[ PRIMER PLATO ]
Para el centro de mesa, una fuente para todos que se mantiene en la mesa durante todo este plato
en los dos extremos, dos sopas
I sopa de col
I sopa de pepino
4 entrantes para las 4 esquinas
del centro de mesa
I tarta de pichón
I fuente con dos poulets à la reine,
con una salsa apetitosa
I pecho de ternera en fricassée de pollo
i rabo de buey en revoltillo
6 hors d'OEuvres para ambos lados y las
4 esquinas del centro de mesa
I fuente de cordero a la brasa
I de palates de buey cortado en pequeñas tiras
I budín negro de conejo
I coliflor empanada
2 hors d'OEuvres de pâtés apetitosos para los
dos lados del centro de mesa
[ SEGUNDO PLATO ]
2 complementos para las dos sopas
I trozo de carne de ternera
I trozo de ternera asada en un espetón
[ TERCER PLATO ]
Carnes asadas y guarniciones juntas
4 fuentes de carnes asadas en las cuatro
esquinas del centro de mesa
I de pollo
I de tres faisanes
I de dieciocho alondras
I de pato de ruán
2 ensaladas
2 guarniciones para ambos extremos de la mesa I empanada de carne
I pâté frío
4 guarniciones pequeñas para las cuatro esquinas
I de frutas de sartén
I de judías verdes pequeñas
I de trufas en caldo
I de jalea de frambuesa
[ CUARTO PLATO ]
Postres
para los dos extremos del centro de mesa
2 boles grandes de fruta para los dos lados
2 boles de gofres para las cuatro esquinas 4 compotas de frutas varias
4 fuentes de mermeladas varias
