Juan Gelman. Foto: Begoña Rivas

Con motivo del arranque de Barcelona Poesía 2011 adelantamos un puñado de versos del último libro de quien será la estrella del festival, el premio Cervantes Juan Gelman. El emperrado corazón amora (Tusquets) brinda pura experimentación con el lenguaje ("amorar"="enamorar") que lo reinventa desde las ruinas y lo incardina en los grandes temas del poeta argentino.

LA ESTELA

DOS cuerpos jóvenes cavaron

una pared silenciosa del barrio

hace mucho tiempo. Ahí está

sin morir, pura, dialoga todavía

con la pasión.

En sus ladrillos quedó la diosa

que cuida vidas interiores,

se oyen los potros que

la galoparon una noche,

conocieron el todo de la nada

y la extrañeza de los cuerpos.

La centinela tiene

fuegos apenas recordados, ahorcaditos

en la sangre que vino después.

¿Adónde va el porqué desasido del cuándo? Pasaron la espada por

las manos que despertaban pechos,

noticias de ropas caídas.







OIGA, QUÉ SED

EN los diálogos del amor

caben substancias rotas, paisajes

que se olvidaron ser. El cuerpo

no recibe la luz superior,

tiene voces prestadas de

rostros que la

exactitud de la balanza abandona.

¿Qué hacen estas malezas

en el camino más difícil?

El hombre sin trabajo muere

en lo que dice, si nació

o no nació, papeles que

no esperan compañía.

Hay que sellar el viaje

del mundo a una nación

con las puertas cerradas siempre.



VESTÍBULOS EN el vestíbulo del corazón

se alza una casa vieja

que el padre cerraba a llave cada noche.

El patio con helechos

amados por la madre, el carbón

de polentas repetidas, su luz

contra la oscuridad de ollas,

el cielo desplomado.

¿Quién romperá esa red?

¿Adónde se dirige?

¿Quién la tejió, qué hilitos

pusieron que atan todavía?

Su abismo más profundo es el más alto.

No romper sus mensajes con

cuchillos peores que la muerte.







VINOS

EL vino malo recuerda a la lengua

la rigurosidad de la locura,

o pensar en el cisne

salvado del diluvio, la pasión

por las distancias entre

la hora y su hora, palomares

donde aterrizan vientos, vidas,

el horno donde se

queman preguntas.

¿Adónde fuiste, pie descalzo?

En los nervios del cosmos asoman

lunas secretas de Tenochtitlán.

¿Quién lo olvida, quién olvida sus

espejos simples de la tierra?

La memoria tiene dos ojos, uno

perdido en copias de la sangre, otro abierto

a calles que el abajo les tiembla.

La sombra del pasado se ata

al pasado que no sucedió.

Condecoraron al olvido

por su actividad sin esencia.







DOBLES

LA palabra no tiene hospitales

que le curen el mundo.

Funciones naturales la hieren

y sacarla para darle otras copias

es romperla, romper

su documento de identidad. La gracia

que le sonríe en las ventanas dobles

contra su frío dice

que sus límites desordenan los

movimientos de la necesidad.

Suntuosa ley que arrastra

decisiones sin cuerpo.

En cada rostro es un

piano perdido.







ENTRESHIJO

LA mano sube y baja a la noche

sobre el ritmo del corazón.

Él sueña, qué, no sabe, pero

el sabor en la boca no miente

y el estampido del día

borra rostros. Cansado es

revertir nervios que funcionan

con el despliegue de los astros

y las obras sensibles.

Remolcan a cadena

la resurrección del calor y

los órganos internos del estar amoroso

sustituyen la falta con un puente

que va adónde.

¿Al caballo de Córdoba? La foto

da fe que galopó ternuras

con un niñito al lado.

La foto se quedó

y un espejismo de aguas lentas

deshace el orden cósmico hoy.

Decirlo en voz alta es un lugar

de la conciencia apenas

cubierto por substancias vulgares.







HAY

ARRIBA, léase

algo de estar bajo consuelo. Las

palabras y su naturaleza

traen caballos con sed.

¿A qué entrañas de su silencio escriben?

Su amor obra, la casa

donde viven no es demasiado.

La lengua

habla según amor que se le tiene.

Nadie sabe qué pasa

con un verbo que no se puede declinar

tan dedicado a su pasión.