Joseph Pulitzer.

Joseph Pulitzer (Makó, Hungría, 1847- Charleston, Estados Unidos, 1911) es uno de los gurús indiscutibles de la historia del periodismo. Rastrear su vida y su pensamiento es una acertada manera de entrar de lleno en las tripas de este oficio. La editorial Gallo Nero brinda ahora la oportunidad de repasar su visión sobre su trabajo, en un pequeño volumen a modo de decálogo, prologado por la escritora y periodista Irene Lozano.



Pulitzer empezó a trabajar como reportero en The Westliche Post (el diario en lengua alemana de la ciudad de San Luis) al término de la Guerra Civil Americana. Tuvo la tentación de escorarse hacia la arena política (toda su vida mantuvo una estrecha simpatía por el Partido Demócrata), pero el periodismo acabó imponiéndose como su principal vocación.



En pocos años San Luis se le quedó pequeño por lo que puso rumbo a Nueva York. En esta ciudad adquirió el diario matutino The World y entró en una intensa lucha por los lectores con William Randolph Hearst (el magnate mediático que inspiró a Orson Welles en Ciudadano Kane) como máximo adversario. Esa batalla por conquistar al público llevó a la prensa de la época a caer en una espiral de sensacionalismo (fue por entonces cuando se acuñó el concepto de periodismo amarillo).



En su descargo hay que decir que si bien cultivó esta vertiente del oficio sin mayores escrúpulos, su periódico nunca dejó de azotar desde sus páginas las corruptelas de la política y las finanzas. De todas formas parece que su conciencia no estaba en paz. La institución del Premio Pulitzer de Periodismo, Literatura y Música (seguramente el más prestigioso y deseado de los Estados Unidos) y la creación de la Escuela de Periodismo de la Columbia University fueron intentos de purgar su sentimiento de culpa. No en vano, el método didáctico de esta facultad se ha caracterizado desde su fundación por la insistencia en los principios éticos de la profesión. Para Pulitzer la única arma válida para conjurar sus más graves amenazas: el comercialismo y la falta de ética.



Reflexiones de un apóstata del periodismo amarillo

- Sobre la enseñanza del periodismo: "No hay que enseñar composición tipográfica. No hay que enseñar los métodos de administración de empresas. No hay que reproducir, con cambios triviales, el plan de estudios de una escuela de comercio. Esa no es la función de la universidad. Eso no necesita ninguna financiación. Lo que es preciso enseñar es la idea del trabajo por la comunidad y no para la venta, para el público y no para uno mismo".

- Sobre las diferencia de clase en el gremio: "Los periodistas necesitamos un sentimiento de clase: uno basado no el dinero, sino en la ética, la educación y la reputación".

- Sobre su pasión por el oficio: "El periodista tiene un puesto que sólo le pertenece a él. Sólo él tiene el privilegio de moldear las opiniones, llegar a los corazones y apelar a la razón de cientos de miles de personas diariamente".

- Sobre la conexión entre periodismo y literatura:: "Todo el mundo dice que un periodista debe estudiar Literatura. Cierto, pero ¿cómo hacerlo?. [En la Universidad de Columbia] se prestará especial atención a la literatura política, de Platón a Burke, de las cartas de Junius a los famosos Federalist Papers de Hamilton, de Jefferson a Lincoln."

- Sobre la ética: "Sin unos ideales éticos, un periódico podrá ser divertido y tener éxito, pero no sólo perderá su espléndida posibilidad de ser un servicio público, sino que correrá el riesgo de convertirse en un peligro para la comunidad".

[Estas reflexiones fueron publicadas por primera vez en la North American Review (n° 178, mayo de 1904). Con ellas Pulitzer salía al paso de las múltiples críticas que se lanzaron contra la Facultad de Periodismo de la Universidad de Columbia que él financiaba]