Sofi Oksanen

Aunque solo tenga treinta y pocos años, Sofi Oksanen tiene una presencia de mujer madura, una mirada segura, que dirige hacia abajo y un andar pausado. En cuanto mira, sonríe e ilumina una cara maquillada de blanco y color rosa alrededor que sus ojos claros, grandes y profundos. De padre finlandés y madre estonia, sabe de qué habla al escribir una novela como Purga (Salamandra), que ha conseguido cosechar los premios más prestigiosos del panorama internacional: el Premio de Literatura del Consejo Nórdico, el Premio Femina de literatura extranjera, el Mika Waltari, el Runeberg, el Premio Europeo a la mejor Novela del Año. Con sus dos anteriores novelas, Las vacas de Stalin y Baby Jane, ya se ganó el favor de lectores y crítica. Escrita en un primer momento como una obra de teatro, Purga nos revela la historia de una Estonia en guerra por su independencia a través de dos mujeres, la joven Zara, que huye de un traficante de mujeres, y la anciana Aliide Truu, que malvive en su casa en una alejada zona rural, durante el año 1992.



¿Cuál es el punto de partida de esta novela? "Son muchas las razones que me han llevado a escribirla, -contesta Sofi Oksanen- En general, siempre me ha interesado la historia de Estonia, ya que soy medio de allí. He crecido entre el este y el oeste, en dos regímenes políticos totalmente diferentes, el totalitario y el democrático. Mi propia historia ya me dio mucho material que luego utilicé para la novela. ¿Qué familia no vivió el hecho de esconder a un familiar, por ejemplo, en los sótanos de su casa y durante años? También me interesaba mucho la historia de la Resistencia en Estonia de la cual no se sabía nada, y sobre todo el "back stage" de la II Guerra Mundial. No las batallas, sino el mundo domestico, la vida cotidiana durante la guerra. Como la vivieron los civiles".



El ensayo de la escritora croata Slavenca Drakulic, They would never hurt a fly, War criminal son Trial in the Hague (2005), en el que menciona la existencia de campos de concentración rusos, en mitad de Europa, impresionó a Oksanen hasta el punto de querer escribir sobre ello.



"Empecé a recordar historias que me habían contado de pequeña. Como la de esos familiares míos que yo misma conocí. Una madre mayor que vivía con su hija pequeña. Encontraron a un hombre en malas condiciones en su jardín, que pedía ayuda y huía de las fuerzas rusas. No se atrevieron a echarlo y, para ayudarle, las dos mujeres le construyeron un escondite en la propia casa hasta que mejorara de salud. Alguien del pueblo lo vio y las delató a la policía. La policía vino y se llevó a la niña. Cuando volvió la niña de su interrogatorio, parecía estar bien físicamente pero la realidad es que nunca más habló. Y ese hecho fue algo que me estuvo atormentando, ¿qué se necesita hacer que alguien deje de hablar? Investigando, me di cuenta de que mucha gente había escondido a personas durante años, haciéndoles vivir en pésimas condiciones".



Esa investigación se apoyó en los archivos de la KGB, como se puede ver también al final de la novela, cuando la autora reproduce casi literalmente los documentos que encontró: "Me chocó el lenguaje. La descripción que hacían de las personas como si fueran meros objetos, peligroso material. Los deshumanizaban. Eso me desconcertó hasta que pensé que era la única forma que tenía esta gente de trabajar como miembro del KGB ya que eran humanos también. El tratar a las demás personas como material inhumano era más fácil para ellos. Pero, en realidad, ¿sabe lo que más me ayudó para la redacción de la novela? ¡Las revistas femeninas estonias de los años 20 y 30! Me sorprendieron mucho ya que durante la Época Soviética estaban totalmente prohibidas al haber en ellas claras evidencias de la época anterior burguesa de Estonia. La única revista que se permitía era Soviet Women. Fue una sorpresa ver que había decenas de revistas y que eran iguales que las demás europeas, la misma moda, se anunciaban los mismos productos de belleza como Nivea. Vi las primeras imágenes de Estonia anterior a la guerra. Entendí hasta qué punto se puede llegar a destruir cualquier imagen visual, cualquier recuerdo. Fue un verdadero lavado de cerebro lo que se hizo".



Después de haber cosechado tanto éxito, Oksanen se queja de tener menos tiempo para escribir, aunque reconoce que es un verdadero privilegio el tener una audiencia tan grande y de diferentes países. Sus anteriores novelas trataban la primera sobre la bulimia y la segunda sobre los efectos del Prozac. "Sí, los temas no tienen nada que ver, pero hay una lógica en mis libros. Me interesan las relaciones de poder, las estructuras de poder. La definición de lo que se considera desorden mental y lo que no. Y las diferentes maneras de reacciones traumáticas. La mente humana en general".



- ¿Piensa que la literatura es un arma eficaz para denunciar los abusos de poder?

- La verdad es que pienso que la literatura es buena para todo. Puedes alcanzar algo que es imposible con la ciencia, por ejemplo. La literatura trabaja con simples palabras, es cierto, pero te permite entender mucho más entre líneas. La literatura puede alcanzar tu corazón. No estoy segura si mi mundo en los libros es positivo pero espero y creo en el poder curativo de la literatura. Creo que las personas pueden entender diferentes situaciones mucho mejor a través de la literatura y tratar de entender algo que no saben."