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Florian Zeller (París, 1979) es una de las voces más singulares del teatro contemporáneo: un autor capaz de convertir los pliegues de la psicología íntima en auténtica materia escénica.

Novelista, dramaturgo, guionista y director francés, Zeller pertenece a una generación que dialoga con la tradición del teatro burgués europeo al tiempo que incorpora una sensibilidad plenamente contemporánea.

Su escritura, de apariencia sencilla y casi cotidiana, esconde una arquitectura dramática precisa y profundamente inquietante.

La adaptación española de su obra La verdad (La vérité, 2011), dirigida por Juan Carlos Fisher (Lima, 1981)—quien ya ha abordado con éxito otros textos de Zeller—, se inscribe plenamente en esta línea.

Protagonizada por Joaquín Reyes, Alicia Rubio, Raúl Jiménez y Natalie Pinot, la obra ha abierto la temporada en el Teatro Infanta Isabel, manteniendo intacta la esencia del original francés: un retrato elegante, irónico y afilado sobre la verdad, la mentira y los pactos invisibles que sostienen nuestras relaciones cotidianas.

Y al frente de este laberinto de enredos de pareja e infidelidades, encontramos al icónico Joaquín Reyes (Albacete, 1974), quien encarna a Miguel, un hombre que engaña a su esposa con la mujer de su mejor amigo. Sin embargo, a medida que avanza la trama, se enfrenta a la posibilidad de que él mismo esté siendo engañado.

A través de diálogos ingeniosos y situaciones inesperadas, la obra juega con la percepción de la verdad y la mentira, mostrando cómo estas pueden ser relativas y manipulables dependiendo de quién las cuente.

En esta adaptación, la elección de Joaquín Reyes como protagonista aporta un matiz especialmente singular. Su capacidad para transitar entre la comicidad verbal y una inesperada profundidad emocional refuerza la ironía inherente al universo de Zeller: lo cotidiano puede ser, al mismo tiempo, hilarante y perturbador. Hablamos con el actor sobre esta incursión teatral.

Pregunta: El año pasado debutó en el Festival de Teatro de Mérida y ahora se enfrenta a un texto de Florian Zeller. ¿Cómo está viviendo esta reconversión como actor?

Respuesta: Tengo que reconocer que al principio la idea me parecía bastante peregrina y no lo veía nada claro. Pero decidí lanzarme y ahora estoy muy contento de haber encadenado estos dos proyectos teatrales. Por fin, a mi edad, me he convertido en un galán teatral clásico y crepuscular (risas).

P. La obra aborda la mentira como lubricante social y su personaje Miguel es un gran mentiroso…

R. Sí, Miguel se mueve constantemente en la mentira, pero dentro de su propia lógica él miente tanto para su beneficio como para no hacer daño: esa es su excusa. De repente, se le da la vuelta a la tortilla, y esto es algo que suele pasarle a los mentirosos: no toleran nada bien que les mientan a ellos.

P. ¿Cómo ha sido el proceso de puesta a punto del montaje?

R. Durante el otoño hicimos una pequeña gira por provincias para llegar a Madrid bien rodados al estreno. Ha sido muy interesante ir afinando el tono y el tempo de la obra. Además, ha sido muy divertido comprobar cómo reaccionaba el público desde el patio de butacas, susurrando cosas como “ay, pobrecillo…”, “ay, lo que le va a pasar”, “madre mía, ahora le están mintiendo a él”. Incluso en algunos giros dramáticos la gente ha llegado a exclamar un sonoro “ohhhh”.

P. La obra ha tenido un notable recorrido internacional desde su estreno en Francia en 2011. ¿Qué cree que aporta esta versión?

R. Hemos trabajado sobre la adaptación que hizo Josep Maria Flotats hace unos diez años, a la que él llamaba irónicamente el burlador burlado. Nuestro director, Juan Carlos Fisher, ha creado un montaje más moderno y sofisticado. Quería que el viaje de Miguel fuese casi una pesadilla. El escenario se va transformando poco a poco: al principio todo es simétrico y, a medida que avanza la obra, la escenografía se va torciendo, reflejando cómo el mundo de Miguel se desmorona en esa pesadilla progresiva.

Escena del montaje 'La verdad'. Foto: Marcos G.

P. En palabras del director, “esta comedia desnuda nuestras hipocresías y nos enfrenta a preguntas incómodas”. ¿Cuánto cree que de nuestra convivencia social se sostiene sobre mentiras piadosas?

R. Nos manejamos socialmente con muchas mentirijillas. Creo que la mentira no se puede desligar de la motivación y del objetivo: no todas son iguales. Existen las mentiras piadosas, del mismo modo que pienso que la verdad debería ir siempre acompañada de cierta ternura. Esa gente que dice “yo siempre voy con la verdad por delante” a mí me da bastante miedo.

P. ¿Qué representa la verdad dentro de la obra?

R. Para mi personaje, la verdad es algo que intenta ocultar a toda costa. Tiene frases como “no es lo mismo mentir que no decir la verdad”, pero, curiosamente, también la persigue y al final acaba reclamándola desesperado.

P. ¿Y cómo es su relación personal con la verdad en esta época tan disruptiva?

R. Complicada. Vivimos en la era de la posverdad y me sorprende mucho que existan términos como “verdad alternativa”. Yo creo que la verdad es la verdad, y que nos mienten constantemente desde muchos frentes. El ejemplo de Trump es clarísimo: alguien que miente sin parar, con intereses muy concretos, y que basa todo su discurso en falsedades. Aun así, sigue habiendo mucha gente que lo apoya.

P. Siendo un referente de la comedia en nuestro país, ¿qué diferencias claras ve entre el teatro y el monólogo?

R. Yo empecé con el monólogo, donde tienes que ser original con la propuesta, trabajar mucho la ocurrencia y los remates. En el monólogo tienes un control absoluto y puedes cambiar bloques sin problema. En el teatro, en cambio, tienes una gran responsabilidad porque compartes escenario con otros actores. El proceso es muy distinto y aquí tengo la suerte de trabajar con unos compañeros excepcionales y muy talentosos con los que estoy viviendo muchas aventuras.

P. Se mueve con soltura entre la comedia y la seriedad. ¿Eso le ha ayudado a construir el personaje?

R. La verdad es una comedia sofisticada, con algunos momentos de comedia más clásica. El público va descubriendo la historia a través de mi personaje y ha habido momentos en los que he estado tentado de añadir más bromas, pero todo tiene que estar muy medido para mantener el equilibrio. Al final la obra es una sucesión constante de discusiones y hemos tenido mucho cuidado de que no se convierta en un simple vodevil.

P. Para terminar, ¿qué puede contarnos de sus próximos proyectos?

R. Llevo dos años escribiendo una novela y ahora mismo sigo enfrascado en ella. Es la historia de un cómico en horas bajas ambientada en el mundo del arte conceptual. Cada vez disfruto más escribiendo, sobre todo porque puedo hacerlo tranquilamente en casa y en bata. Espero tenerla terminada para finales de este año. Será una novela patafísica manchega. ¡La gente no lo sabe, pero la está demandando! (Risas).