“Me gusta pensar que converso a escondidas con Lope, que discutimos, que nos trenzamos en un debate para quebrar el tiempo”, explica Marianella Morena (1968) a El Cultural. Ese diálogo se establece a propósito de Fuenteovejuna, que la dramaturga y directora uruguaya ha “reescrito” para mostrar nuevas perspectivas en La Abadía desde el jueves 21. Su Fuenteovejuna, para empezar, se desarrolla en un supermercado, que para Morena es “una síntesis de la contemporaneidad, un concentrado del capitalismo: miserias y debilidades”.



A su juicio, los empleados que mantienen el orden de las estanterías son como una especie de figurantes en los que no reparamos. “Salvo cuando estalló la pandemia”, apostilla Morena. “Fue un tiempo en el que dejaron de ser invisibles”. Frente a esa presunta indiferencia, Morena ha erigido su montaje, que tiene como protagonistas a cajeros, reponedores, encargados… Un ecosistema que reproduce a pequeña escala la red de relaciones sociales de una ciudad.



En ese súper nos topamos con Laurencia, que será ultrajada por el comendador, cuando este, rijoso y despótico, se entere de que quiere casarse con el valiente Frondoso. Un hecho que desencadena la venganza popular y, por tanto, anónima. La pregunta sobre quién mató al comendador obtiene una respuesta en bloque: “Fuenteovejuna, señor”. Y la de quién es Fuenteovejuna, otra más contundente: “Todo el pueblo, a una”.



Son frases troqueladas en el inconsciente colectivo que en la reescritura de Morena, subtítulada Historia del maltrato, serán recitadas por los trabajadores. La justificación de este juego metaliterario que se inserta en la trama es que el gerente decide estimular las ventas mediante esta estrategia: “Para ello se habilita un ‘micrófono abierto’, donde su personal favorito representa escenas de clásicos. Fuenteovejuna es la primera obra elegida. Ellos empiezan a ensayar en los descansos, hasta que la letra original les da las indicaciones sobre cómo se resuelven los siglos de maltrato”, señala la regista.



Esta iniciativa desencadena una esclarecedora confusión de identidades, entre las que están escritas por Lope y las reales. “Laurencia se queja de que tiene que portar un nombre de alguien valiente cuando ella no lo es. Su padre, Esteban, ensaya eternamente el discurso para enfrentarse al jerarca. Pascuala se evade con las series y Frondoso, que es una chica, propone el cambio cultural desde el género fluido”, especifica Morena, que también ha ‘revisado’ El enemigo del pueblo de Ibsen. “El texto original queda en el ADN de los personajes. La pulsión de Lope aflora otorgándoles valentía, y voz, ya que carecen de herramientas para reconocerse como víctimas”. Lope catártico.



La puesta en escena recrea la arquitectura de baldas, cajas, bolsas de los recintos comerciales al uso. Aunque Morena le estampa un colorismo hiperrealista inspirado en el fotógrafo Martin Tremblay, con intensos azules y amarillos amalgamados. Los actores (Mané Pérez, José Luis Torrijo, Cris Iglesias, José Carlos Cuevas y Carmen Baquero) emplean todos esos objetos “como herramientas escénicas para narrar”. Cantan y denuncian a un tiempo. En esencia, el concepto ideado es como una matrioshka: “el mundo dentro del súper, el jefe dentro del empleado, los personajes dentro de los estantes, la comida dentro de la caja, Lope dentro de la palabra”. Y la vida dentro del teatro.



@alberojeda77