Escena de Smiley en la Flyhard de Barcelona

Varias microsalas (espacio labruc, Biribó) han cerrado ante la imposibilidad de resistir más las precarias condiciones de trabajo, la falta de un marco legal adecuado y la sangría del IVA. Pero el efecto de la explosión creativa bajo la crisis sigue dando a luz otras nuevas (Caja del Terror, Umbral de la Primavera) y algunas parecen bastante consolidadas (Nave 73, Flyhard). Hablamos con sus responsables y testamos sus opciones de asentarse en la cartelera del futuro.

Álvaro Moreno lleva toda la mañana buscando un hueco para poder atender a El Cultural. No lo tiene fácil porque le toca el turno de cafetería de la Nave 73, sala que fundó con otros tres socios en 2013 y en la que ejerce como camarero, actor, contable, asesor fiscal y director artístico. "Es el régimen de pluriempleo y autoexplotación en que nos vemos obligados a vivir para desarrollar nuestras vocaciones", explica. Su caso puede tomarse como paradigma del circuito off madrileño, en constante efervescencia creativa. El big bang de microespacios continúa. Siguen abriendo más. La eclosión mantiene su efecto expansivo. Aunque también tiene su reverso: otras salas están echando el cierre, la mayoría porque no puede resistir el precariato. No está claro si estamos ante un fenómeno con fecha de caducidad, asociado a la coyuntura económica adversa, o si todos estos teatros han llegado para quedarse.



Moreno no duda de que será el segundo escenario el que termine cuajando. Pero apunta que, para conseguirlo, deben ponerse las pilas (más todavía) y completar un tránsito crucial: pasar del territorio off al alternativo. "El primero es efímero por definición, el segundo es una realidad con más de tres décadas de historia en Madrid". Se refiere al tejido que forman salas nacidas en los años 80 (con la Cuarta Pared al frente), que tienen ya una solera y un tirón popular muy asentado. En su opinión, la reciente constelación off es un estímulo y una cantera para la red alternativa pero, si quiere sobrevivir, debe de incorporarse a esta última. "No es cuestión de ser rentables. De hecho, casi ninguna de estas salas nace con ese objetivo. No seguimos la lógica de una sociedad mercantil pero sí aspiramos a la sostenibilidad y a que las condiciones en que trabajemos sean dignas".



En Barcelona no se han fundado tantos teatros de formato reducido. Allí es más llamativa la floración de compañías estables, en la que se enrolan sobre todo jóvenes recién salidos de las escuelas de arte dramático. Entre las salas barcelonesas, una de las más representativas es la Flyhard. El director y dramaturgo Jordi Casanovas, con mucho peso también en la cartelera capitalina (El idiota, Ruz-Bárcenas), la botó junto a otros cuatro socios (actores todos ellos) en 2011. Invirtieron 10.000 euros en acondicionar el local que ya utilizaban para ensayar en el barrio de Sants. Su aforo en la actualidad es de 45 butacas y opera como eficaz plataforma de proyección de autores locales: al poco de nacer, su montajes ya saltaron a teatros principales de la ciudad como el Villarroel y a festivales como Temporada Alta. El propio Casanovas, Marta Buchaca o Guillem Clua, hoy lanzados, se abrieron camino desde la Flyhard. El último es el autor y director de su mayor taquillazo, Smiley: una historia de amor, que llegó a hacer temporada en el Lara de Madrid.



El público se ha acostumbrado a nosotros porque ofrecemos lo que no hay en los teatros comerciales", explica Sergio Matamala (Flyhard)

Sergio Matamala, uno de los fundadores, también está seguro de que en Barcelona el circuito off tiene el futuro garantizado. "Hay un público que se ha acostumbrado a estas salas, que demanda las líneas de programación que nosotros trabajamos y que no las encuentran en teatros públicos o comerciales. Además, todas las compañías que están empezando necesitan de escaparates como el nuestro, donde apostamos por autores y formaciones desconocidos todavía. Nuestro mérito es asumir ese riesgo, porque aunque sean formaciones incipientes nos volcamos en la producción, para que el resultado tenga una alta calidad. Cuidamos al máximo cada detalle", señala. Su oferta se ciñe al teatro contemporáneo, dominante en este tipo de espacios en Barcelona. Pero también hay otros que explotan además nichos específicos. El Maldà, por ejemplo, intenta escarbar en autores del siglo XX ocultos o desterrados del canon. Akadèmia, una vieja cochera reconvertida en sala, tiene cierta querencia por el teatro fantástico. "Y yo creo que hay una oportunidad pendiente de aprovechar en Barcelona: aquí no se hace casi nada de teatro clásico", indica Matamala.



Lo de centrarse en géneros específicos parece una buena estrategia para hacerse un hueco en un sector saturado hoy en Madrid (sólo en Lavapies hay cerca de una quincena de salas: Teatro del Barrio, La corsetería, Mirador, El umbral de la primavera, La puerta estrecha…). Es la que sigue La Caja del Terror, que acaba de abrir su sede ‘oficial' en el Paseo de la Esperanza (antes ofrecían funciones ‘clandestinas' en diversos locales, indicando a sus seguidores el lugar exacto tan sólo 24 horas antes). Lovecraft o Poe son algunos de sus gurús. "Nuestras sensaciones en estos primeros meses no podían ser mejores. Tenemos que pulir muchos aspectos ya que es un espacio nuevo para nuestras creaciones, con un aforo mayor [50 butacas], pero ya estamos trabajando en ello para darle al público una experiencia más acorde con nuestra oferta: vivir el miedo estando inmerso en la acción teatral sin dejar de entretenerse", explica su ideólogo e impulsor, Raúl de Tomás, autor de textos como Bendita locura, La habitación de Medea, Enajenatorium...



Las obras de adecuación de la sala para la exhibición se financiaron en parte gracias a una campaña de micromecenazgo. Lograron recaudar 4.245 euros. Habían pedido solamente 4.000, detalle que demuestra la fidelidad de sus feligreses. "Las sensaciones en estos primeros meses no pueden ser mejores. Creemos en nuestro formato al 100%. Y confiamos en poder afianzarnos como oferta única en la capital. Las nuevas generaciones de público teatral demandan correr riesgos en la escena y nuevas ideas para renovarla. Este tipo de salas son rentables si las aspiraciones son realistas. Abrirla ha sido un paso de nuestra productora muy meditado y nada idealista", añade De Tomás. Pero sus buenas vibraciones contrastan con otros casos desilusionantes. El Sol de York, La Trastienda, espacio labruc, Biribó son algunos de las iniciativas truncadas. Joaquín Navamuel y Crismar López, padres de Biribó, cerraron el año pasado, justo el día mundial teatro, lo que daba a su decisión una sentido crítico y acrecentaba la frustración.



Escena de Brotada en la Nave 73 y de Historias de Usera en las Naves del Español

Ingresos minimalistas

Ambos son muy transparentes con las cifras que les empujaron a tomarla. Cobraban por cada entrada 12 euros. La mitad iba para la compañía. A los 6 que les quedaban había que restarle el 21% de IVA, un 10% en derechos de autor y otro 21% de derecho de contratación de la compañía (esto último era una deferencia suya). Al final recaudaban 3,52 euros. Si se tiene en cuenta que, como máximo, podían acoger a 50 espectadores por función y que debían pagar casi 1.800 euros mensuales de alquiler del local, dos cuotas de autónomos de 316 euros y 440 euros para devolver el crédito que pidieron, se entiende que su contabilidad no saliera en ningún momento de los números rojos. No han claudicado del todo: siguen vislumbrando proyectos culturales pero lo de abrir una sala no se les pasa por la cabeza. "Me niego a entregar las 24 horas y los 365 días al año de mi vida a una actividad sin sueldo ni beneficios", dice Navamuel.



Estamos construyendo un movimiento artístico mucho más sólido que la Movida y que se leerá en los libros de historia", dice Á. Moreno (Nave 73)


A esos ingresos minimalistas hay que sumar otro agravante que dificulta en extremo la consolidación de las salas. Es, como advierte Navamuel, "la nula existencia de una estructura legal adecuada al sector que permita su viabilidad económica". Muchos lamentan la ambigüedad de la Ley de Espectáculos y Actvidades Recreativas del 97 y los planes de ordenación urbanística que deben desarrollarla. "No dan soluciones específicas para nuestros teatros y eso induce a la economía sumergida. Muchas veces nos sentimos en mitad de un laberinto kafkiano", denuncia Moreno (Nave 73).



Fernando Sánchez-Cabezudo conoce bien la sensación de topar con la inflexibilidad burocrática. Abrió en 2010 Kubik Fabrik, en Carabanchel, como avanzadilla para ampliar la exhibición teatral a la periferia. Muy pronto tuvo que empezar a batallar con diversas normativas locales, llenas de exigencias inapelables y no muy atinadas. "Nos pedían aislar acústicamente la sala como si fuéramos una discoteca, cuando la potencia de nuestros equipos de sonido era muy inferior. Eso nos obligó a un desembolso muy fuerte para poder continuar. Nadie cuestiona que la seguridad en el interior de estos recintos debe extremarse pero hay aspectos en que se nos mete en el mismo saco que a discotecas o salas de conciertos, y eso perjudica nuestra viabilidad", explica Sánchez-Cabezudo. Por lo que cuenta Matamala, en Barcelona no es así: "Nuestros interlocutores en el Instituto Cultural de Barcelona y el Instituto Catalán de Empresas Culturales siempre están abiertos a encontrar soluciones".



Kubik Fabrik puso término a su andadura a principios de año. Se agotó el periodo por el que habían alquilado el local y su propietario quería venderlo. Sánchez-Cabezudo, que acaba de asumir la coordinación artística del Corral de Comedias de Alcalá, no lo ve como un drama. "Cerramos una etapa cumpliendo nuestros objetivos. Pudimos experimentar y lanzar nuevas plataformas como nuestro Story Walker para móviles". Aunque reconoce que haber perseverado en Carabanchel hubiera supuesto un paso atrás, ya que su alianza con la productora La Zona (Ocho apellidos vascos) y con el CDN había expirado.



Con la misma sensación de misión cumplida completaron su ciclo al frente de La Pensión de las Pulgas y La Casa de la Portera José Martret y Alberto Puraenvidia, que prometieron buscar nuevos modelos de ‘teatro inmersivo'. Su ejemplo es llamativo porque se puede decir que chaparon con lista de espera para ver sus montajes. En Kubik, La pensión y La casa estrenaron nombres como Denise Despeyroux, José Padilla, Carlos Be, Alberto Conejero, José Ramón Fernández… Es una muestra evidente de la importancia que se le concede al autor en el panorama off. "La palabra es el centro de toda creación", afirma Moreno.



Para Sánchez-Cabezudo, el movimiento alternativo acabará sedimentando pero no abandonará su condición mutante: "Algunas salas cerrarán y otras abrirán. Es difícil hacer un análisis global porque cada una es un universo en sí misma. También va a depender mucho de la relación que establezca con los nuevos responsables de los teatros y festivales públicos, que han cambiado en su mayoría".



Nuevas normativas

Cierto. Ahora tenemos a Rigola y Álvarez Simó en el Canal, a Aladro en el Festival de Otoño, a Portaceli en el Español y a Feijóo en las Naves. Parece que también hay ideas sobre las mesas (del ayuntamiento y de la Comunidad) para elaborar regulaciones adecuadas a estas salas y lanzar ayudas que vayan más allá del Surge ("migajas" para muchos). Su acierto y generosidad condicionará en gran medida el alcance futuro de esta explosión creativa que Moreno califica de "histórica". "Sí, muchos de nosotros estamos seguros de que lo que estamos construyendo es un movimiento artístico mucho más sólido que la Movida y que se leerá en los libros de historia".



@albertoojeda77