Gutiérrez Caba y Llàcer, en Relato de un náufrago. Foto: David Ruano

El tándem formado por Marc Montserrat-Drukker e Ignacio García May, conocido por su creatividad en La ola, vuelve otra vez a los escenarios con la adaptación de Relato de un náufrago, que se estrena el próximo 3 de noviembre en el Teatre Lliure de Barcelona. El texto de Gabriel García Márquez, referente del género periodístico, salta por primera vez a las tablas para contar la impactante historia del marinero Luis Alejandro Velasco.

Gabriel García Márquez no sólo fue un maestro de escritores, también lo fue de periodistas (en el caso de existir alguna separación entre ambos géneros). Relato de un náufrago, Crónica de una muerte anunciada y Noticia de un secuestro son sólo tres ejemplos encuadernados del talento que el autor de Cien años de soledad exhibió a la hora de contar historias directamente extraídas de la rabiosa actualidad, ya sea desde las páginas del diario El Espectador relatando en primera persona la enredada peripecia de un héroe nacional venido a menos, ya sea deconstruyendo un crimen a través de la experimentación narrativa, o hurgando en las cloacas del narcotráfico. García Márquez nos dejó piezas maestras del arte de narrar y una de ellas, Relato de un náufrago, es la que llega el próximo 3 de noviembre al Teatre Lliure de Barcelona de la mano del director Marc Montserrat-Drukker y de su adaptador, Ignacio García May. Protagonizada por Emilio Gutiérrez Caba (que encarna a Gabo) y por Ángel Llàcer (el marinero Luis Alejandro Velasco), y coproducida por el Lliure y Bitò Producciones, la obra arranca con el poema Ahora que los ladros perran, del colombiano José Manuel Marroquín, que recita el autor de El amor en los tiempos del cólera ante un público imaginario integrado por Carmen Balcells y Josep Maria Castellet.



"Ya en 1999 me puse en contacto por primera vez con Balcells para comentarle mi ilusión por llevarla al teatro", explica Montserrat a El Cultural. "Pero no fue hasta 2008 cuando le mandé el proyecto de dramaturgia y dirección. Tanto le entusiasmó la propuesta que inmediatamente autorizó, por primera vez, llevarla a escena. Se trataba de un hecho excepcional porque es sabido que tanto García Márquez como Carmen Balcells eran muy cuidadosos a la hora de ceder los derechos para adaptaciones cinematográficas o teatrales".



El Nobel colombiano cuenta cómo se gestó el libro, que Beatriz de Moura decidió publicar en 1970, en ‘La historia de la historia', prólogo a la edición del relato: "El 28 de febrero de 1955 se conoció la noticia de que ocho miembros de la tripulación del destructor Caldas, de la marina de guerra de Colombia, habían caído al agua a causa de una tormenta en el mar Caribe. La nave viajaba desde Mobile, Estados Unidos (...) Al cabo de cuatro días se desistió de la búsqueda y los marineros perdidos fueron declarados oficialmente muertos. Una semana más tarde, sin embargo, uno de ellos apareció moribundo en una playa desierta del norte de Colombia después de permanecer diez días sin comer ni beber en una balsa a la deriva. Se llamaba Luis Alejandro Velasco".



Una tormenta narrativa

Relato de un náufrago es, pues, la reconstrucción periodística de lo que Velasco contó a García Márquez durante 20 sesiones en las que el periodista de El Espectador -asombrado por la historia, al enterarse de que no hubo tormenta, de que el barco se desniveló a causa de la carga de contrabando que llevaba en su cubierta y de que todo fue convenientemente utilizado por el régimen del dictador Gustavo Rojas Pinilla- tomaba notas y le realizaba preguntas tramposas para detectar sus contradicciones: "Era tan minucioso y apasionante que mi único problema literario sería conseguir que el lector lo creyera. No fue sólo por eso, sino también porque nos pareció justo, que acordamos escribirlo en primera persona y firmado por él".



Enfrentamiento judicial

Sin proponérselo, García Márquez había escrito un sublime y detallado "monólogo" que ahora adapta a las tablas Ignacio García May: "Sí, el relato original tiene algo de monólogo, por lo que invitaba a su dramatización. Sin embargo, decidimos convertirlo en un cara a cara entre dos personajes: el que ha vivido la historia real y el que convierte ese material en literatura. La idea nos vino del enfrentamiento judicial real que se produjo entre ambos cuando Velasco, a quien Gabo había cedido los derechos de autor, intentó exprimir la situación más allá de lo tolerable. García Márquez se enfadó, lo llevó a juicio y recuperó todos los derechos".



Además del eminente público ficticio que interviene en la dramatización, la puesta en escena cuenta con numerosas sorpresas. Micrófonos, ecos de una emisora de radio, juegos de luz, trucos escénicos -como la conversión de una oficina en océano- y mucha magia en homenaje al que es considerado uno de los creadores del tan aclamado ‘realismo mágico' convierten este Relato, según García May, en un viaje visual: "No deja de ser una historia de superación. Es también un texto sobre lo efímero de la gloria. El náufrago, famoso un día, vuelve a ser desconocido al poco tiempo. En esta época de egos desatados, todo esto da qué pensar". Según Montserrat, una historia tan vital como esta contará cosas distintas a cada uno de los espectadores, según el momento, las vivencias e incluso el estado de ánimo en el que se encuentren en la butaca. Esto es lo excepcional del acto teatral".



El tándem May-Montserrat ya ha trabajado junto en otras ocasiones. En 2015 estrenó en el Centro Dramático Nacional La ola, una obra ambientada en la California de los años sesenta y sus convulsos movimientos ideológicos. "Nos arrojamos montones de ideas visuales y textuales hasta encontrar lo que buscamos -dice el autor de Sofía-. Con Relato de un náufrago hemos hecho una docena larga de versiones intentando destilarlo al máximo. Dado que se publicó originalmente como una serie de artículos hay repeticiones y contradicciones que era preciso corregir".



La historia encarnada por Gutiérrez Caba y Llàcer confirma así, según su director, "la necesidad que tenemos todos, no sólo los niños, de que nos narren cuentos de aventuras que nos lleven, a través de la imaginación, a lugares insospechados y, probablemente, más mágicos que los que nos ofrecen nuestras vidas cotidianas. De ahí la idea y la ilusión de convertir este montaje en un cuento escénico".



@ecolote