Una escena del montaje

A partir del 8 de junio en los Teatros del Canal, Angels in America, un retrato del Nueva York de los ochenta con el sida como telón de fondo y como metáfora de la progresiva desintegración social. La obra de Tony Kushner estará dirigida por Ferdinando Bruni y Elio de Capitani.

A principios de los años noventa irrumpió como un ciclón en la escena de Estados Unidos Tony Kushner. Frente a un teatro con abundancia de textos inanes, construidos para el consumo instantáneo, el autor presentó una obra, Angels in America, que volvía a poner sobre las tablas la fuerza y poder de los grandes obras para hablar de su época. El trasfondo fue el sida.

La enfermedad, que diez años antes había sido vista por muchos como un castigo divino, le sirvió al autor para hacer una "fábula sobre la crisis política, social, étnica y religiosa de Estados Unidos", según afirmó. Desde entonces han pasado muchas cosas, una de ellas que el sida ya no es la enfermedad apocalíptica de entonces, pero la metáfora sigue siendo válida. Eso es lo que piensan los integrantes de Teatro dell' Elfo, la compañía que la trae ahora a Madrid, ciudad en la que el texto de Kushner se representa por segunda vez. La primera fue el montaje que dirigió hace quince años, en catalán, Josep Maria Flotats, en el desaparecido Albéniz.



Para la formación italiana, Angels in America se ha convertido en el "espejo de un asunto que nos rodea", asegura uno de los dos directores del montaje, Elio de Capitani. También actor, reconoce que cuando escogieron el texto, allá por 2008, no las tenían todas consigo: "Tuvimos algunas dudas sobre cómo podían ser compartidos los temas tratados en la obra, no tanto por el tema del sida sino por la mitología política e icónica, estrictamente americana, del texto". Es el caso del fundamentalismo cristiano o el maccartismo. Pero enseguida la compañía italiana desechó ese temor porque después del 11S "el mundo se volvió de repente más feo, más peligroso y más pequeño", explica De Capitani. La salida a la situación también está en el texto de Kuchner. El autor propone "una restauración de lo ‘humano', a través de la aceptación de sí mismo, de los propios límites, de la propia ‘enfermedad', de la aceptación del dolor y del mal" lo que permitirá ver a los ángeles de los que habla el dramaturgo.



"No son unos ángeles consoladores de la humanidad doliente que vuelan sobre Berlín", como en la película de Win Wenders, "sino unos seres contradictorios, en cierto modo revolucionarios, que tal vez nos ayuden a encontrar la solución al dilema de estos años oscuros o nos precipitarán en una nueva larga Edad Media, un largo Medievo, antes de encontrar el camino hacia un nuevo Renacimiento", explica.



Seis horas de duración

El espectáculo que llega a Madrid está dividido en dos partes. La primera, Si avvicina il millennio //, se sube hoy al escenario de los Teatros del Canal, y la segunda, Perestroika, mañana. La representación íntegra, de poco más de seis horas, se hará el domingo, 10 de junio, con función matinal a las once de la mañana, para continuar después de comer. Preguntado el director sobre cuál cree que es la fórmula más conveniente para verla, responde: "Invito a sumergirse sin temor en la integral. Ver la obra toda seguida es otra cosa, una experiencia existencial. En Italia aquellos espectadores que asistieron a la maratón de seis horas disfrutaron mucho". Y también los propios intérpretes, ya que intervenir en un montaje tan largo supone "participar en un evento único y especial en el que la energía fluye desde el escenario al público".