Este jueves, el Teatro Arriaga de Bilbao, que dirige artísticamente el director de escena Calixto Bieito, se abrirá para alumbrar un estreno mundial: la ópera Orgía de Héctor Parra en una producción gobernada por el propio Bieito, autor del libreto, que se hace en colaboración con el Liceu (donde podrá verse en abril de 2024) y el Festival de Peralada.



La fuente literaria inspiradora es la obra teatral del mismo título de Pier Paolo Pasolini, que vio la luz en el Teatro Stabile de Turín el 27 de noviembre de 1968 (año muy significativo por las revueltas estudiantiles) y en la que se hacía la vivisección de unos personajes desdichados. El escalpelo, según distintos especialistas, llegaba a tocar fibras muy profundas, como en el mejor Strindberg.

Curiosamente, la publicación, llevada al cine poco después, venía acompañada del texto del famoso Manifiesto del autor. Desde luego el tema se las traía: la trágica y autodestructiva batalla sexual entre un hombre y su esposa a través de una relación de cruel sadomasoquismo. La producción teatral del Teatro Stabile de Turín fue grabada. Y dio lugar a numerosas reacciones como la del director portugués Nuno M. Cardoso, para quien estábamos ante una tragedia del hombre contemporáneo. La pieza habla de la lucha por la libertad y de la búsqueda de la felicidad. “No es una historia pornográfica o erotizada, sino un teatro de palabras conjugadas por la lengua de la carne”, apuntaba Cardoso.

Una tragedia lingüística

Hace poco hablábamos aquí del compositor barcelonés Hèctor Parra a propósito del estreno en Madrid de su obra sinfónico-vocal Ansío los Alpes (Ich ersehne die Alpen), una partitura demostrativa de una gran preparación y de un talento indiscutible. El músico se muestra realmente entusiasmado con este nuevo proyecto, que es, según sus palabras, “una tragedia expresada a través de la imposibilidad lingüística de comunicación entre los personajes”. De modo que es a través del canto por donde se busca la clave del diálogo: “la lengua expresa lo que no se puede expresar, pero Pasolini lo hace de manera aturdidora”.

Cartel del montaje que el propio Pasolini estrenó en 1968.

Siempre se ha destacado de Parra la alternancia entre pasajes violentos y dramáticos con otros abiertamente líricos. Hasta alcanzar, lo que es importante para este proyecto, y lo subraya Bieito, “una música compleja, hermosa, muy hermosa, enormemente densa, escrita con un talento y una capacidad expresiva impresionantes”. La pieza tiene un componente muy fuerte sobre la diversidad y el cambio y marca, como apunta el libretista y director de escena, “el movimiento constante en la sociedad a través del texto de un gran poeta, que da pie a la construcción de un poema sinfónico; un poema con los cuerpos y los instrumentos”.



Hay algo que debe quedar claro, subraya Parra: “Una pieza es más que la suma de sus partes. Orgía es uno de los textos más brillantes de Pasolini. Cristalino y poético. Nos permite explorarnos a nosotros mismos en nuestras sombras, miedos, anhelos. Hay un gran lirismo que sale de la propia lengua, que es la que, con los términos del propio Pasolini, me ha orientado”. El ilustre dramaturgo, poeta, novelista y director italiano era un artista total porque todo salía de su carne, de su sangre, de su estómago, de su corazón, como resalta Bieito. De ahí que la puesta en escena sea “simple, doméstica a fin de centrarse únicamente en los tres personajes”.

“Orgía es uno de los textos más brillantes de pasolini. cristalino y poético. permite explorar nuestras sombras”,  Hèctor Parra

Al parecer, la música y la palabra atrapan a los tres protagonistas. La soprano Ausrine Stundyte, gran triunfadora en el Teatro Real hace unos meses con El Ángel de fuego de Prokófiev en una producción asimismo gobernada por Bieito, señala: “Tengo las melodías atrapadas en mi mente, me paso el día cantándolas. Estoy deseando oírlas con la orquesta”. A través de esos rasgos musicales, se penetra en las psicologías y se deja la puerta abierta a la comprensión: el único sitio donde todavía puede uno hacer algo y dejar de ser un buen ciudadano es el dormitorio. E incluso este está lleno de tabúes. Ahí fracasan. “Ahí reside para mí –concluye la soprano– la belleza e interés de esta ópera”.

Un momento de la representación con Luigi Mezzanotte y Laura Betti.

Voces de altura

El espectáculo será conducido musicalmente por Pierre Bleuse, violinista y sobre todo director, actual titular del parisino Ensemble Intercontemporain, uno de los conjuntos más señeros, con más historia en el ámbito de la música moderna. Ya hemos mencionado a los dos protagonistas vocales. La soprano, Ausrine Stundyte, es una lírica de excelentes medios, que maneja con una técnica soberana sin ningún tipo de reserva. Homogénea de timbre, templada de emisión, actriz de rara intensidad. Es la cantante pintiparada para la ocasión.



Como lo es el expresivo barítono lírico Leigh Melrose, que la acompaña y que siempre hace gala de una franca y resonante voz. Admiramos hace poco en el Real su interpretación de Nixon en la ópera de John Adams Nixon en China. A su lado, en un papel secundario habrá de lucirse el limpio timbre de soprano ligera de Jone Martínez.