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El folk americano arrasa: Cass McCombs y Zachary Cale. Stephen Malkmus sigue siendo el rey del indie rock y Boy&Bear se postulan como los siguientes Fletwood Mac. Del hip hop mainstream de Childish Gambino al brutal de Death Grips pasando por la brillante contundencia de Run the Jewels.



Bruce Springsteen: High Hopes. Rock

Mezcla de temas ajenos y recuperación de descartes de sus anteriores álbumes, Bruce Springsteen, una institución en sí mismo, publica su disco número dieciocho en medio de la expectación acostumbrada. El boss practica una suerte de rock adulto producido con mimo y el resultado es un disco que probablemente saciará a sus millones de fans pero no aporta mucho más lustre a una carrera como la suya. El disco empieza con la canción que le da título al disco, High Hopes, versión del autor de rock gótico Tim Scott, un tema con un aire de blues en el que la guitarra de Tom Morello (ex Rage Against the Machine) le da un tono más afilado a una melodía que creemos conocer de antes. Springsteen ya no suena tan puretas y su sonido se ha actualizado con todo tipo de efectos de estudio, más contemporáneo pero no necesariamente más moderno. De todo hay, una versión de Suicide que suena como una de sus típicas baladas (ésas que canta como para adentro), la potente descarga rockera de Just Like Fire Would o la recuperación de uno de sus temas más polémicos, American Skin (41 Shots) en la que condena el racismo de la policía de Estados Unidos donde recupera su tono épico para componer uno de esos himnos progresistas que son marca de la casa. Es un disco correcto y lo mejor es que después de cada entrega hay gira y Springsteen en vivo nunca decepciona.



Beyoncé. Beyoncé. R&B

Es este un mundo duro y Beyoncé es como un regalo de los dioses. Tan hermosa, con tanto talento, con una voz tan maravillosa y tan buena bailarina, tan genuina y tan accesible para todo el mundo, el nuevo álbum de la diva es la enésima demostración de una brillantez que no conoce límites. Planteado como un vídeo-disco, Beyoncé nos propone un recorrido audiovisual por una colección de canciones en las que (como en los vídeos que las ilustran) repasa todas las facetas que componen su personalidad. Ahí está la Beyoncé enamorada en Drunken in love, a dúo con su célebre marido Jay Z, la chica que aspira a ser feliz y se enfrenta a un mundo del espectáculo en el que reina la tiranía de la belleza física (Pretty Hurts), la chica romántica de Mine, a dúo con el pujante Drake o la moza de barrio en la muy funky Blow. Extraña, y perfecta mezcla, entre una mujer casada devota de su hija y manifiesto posfeminista sobre el poder de las mujeres, el vídeo de la balada Heaven (en el que luce ese chorro de voz que Dios le ha dado) es expresivo de su dualidad y la vemos ora rozando en una iglesia ora bañándose medio desnuda en una piscina con sus amigas. Sin dejar de ser un solo momento una mujer de una sexualidad desbordante, Beyoncé ha creado un disco totémico sobre la fuerza del amor.



Burial. Rival Dealer. Electrónica

"Solo soy un tipo que hace música" dice de sí mismo William Emmanuel Evan, el hombre detrás de Burial. Como uno de los personajes más elusivos de la música contemporánea, apenas se sabe nada sobre este londinense considerado como uno de los artistas electrónicos más influyentes del mundo desde que en 2006 su primer disco sin título fuera considerado por The Wire como el mejor del año. Cada uno de sus lanzamientos genera una expectación inmensa en su papel como gurú de la modernidad y Rival Dealer, un EP de tres canciones, solo confirma que es un músico sensacional. Mientras se especula con la posible transexualidad del misterioso artista, él lo ha definido en una de sus escasas declaraciones como "un disco anti-acoso que quizá pueda ayudar a los que no creen en sí mismos o están asustados". Como si un viaje de la oscuridad a la luz se tratara, el disco empieza con la canción que da título al disco, en la que el ruidismo y las atmósferas retorcidas nos parecen conducir a un estado de pesadilla. Como gran creador de canciones que reflejan estados de ánimo, Rival Dealer sugiere confusión y caos con ese bajo machacón y los beats retorcidos. Hiders, el siguiente tema, es mucho más melódica y épica, una voz nos recuerda que "no estamos solos". Finalmente, Come Down to Us, es casi una canción religiosa de pop electrónico en la que la luz termina ganando a los paisajes brumosos.



Death Grips: Ca Exempt Death. Hip hop/Punk

Como una de las bandas más genuinamente marcianas de los últimos tiempos, los californianos Death Grips recogen el testigo de grupos como System of a Down o Rage Against the Machine para crear música que quiere sonar deliberadamente incómoda, arrítmica y dura en lo que se postula como enmienda a la totalidad del mundo contemporáneo. Banda formada por el rapero MC Ride, el batería Zach Hill y el productor Andy Morin, Death Grips es una extraña mezcla entre el fraseo del rap y actitud punk, todo ello ilustrado con beats retorcidos y enloquecidos que crean un efecto de delirante paranoia. Planteado como un vídeodisco con sus consiguientes piezas audiovisuales que pueden verse como una película y lanzado por ellos mismos a través de Facebook, utilizan una animación retrofuturista en la que algunos iconos del capitalismo (carritos de la compra, ansiolíticos y un recurrente ataúd) sirven como metáfora de un mundo desquiciado en descomposición que logran capturar con inusitada fuerza y contundencia.







Zachary Cale: Bue Rider. Folk

Zachary Cale es un cantautor de 35 años asentado en Brooklyn que con su cuarto disco parece alcanzar una espléndida madurez. Apenas su voz y una guitarra acústica le sirven para componer ocho preciosas canciones que se mueven en ese terreno folk-country-blues que nos recuerda de inmediato a clásicos como Nick Drake o contemporáneos como Keaton Henson, Kurt Vile o Cass McCombs. Hay canciones que funcionan como perfecta canción pop como Dollar Day, con una de esas melodías que no se despegan, o más country como Blood Rushes On que suena muy Bob Dylan. Retrato melancólico que no desesperado de la vida cotidiana contemporánea, Blue Rider nos propone una tristeza alegre o un realismo esperanzado.



El-P y Killer Mike: Run the Jewels. Hip hop

Lanzado por un sello como disco "acreditado" seis meses después de que comenzara a circular por internet de manera gratuita, Run the Jewels es el resultado de la colaboración entre dos grandes nombres del hip hop actual como (el blanco) El-P, uno de los grandes experimentadores del género desde hace tres lustros, y (el negro) Killer Mike, uno de los MCs con mejor flow del panorama actual. Es un gran disco en el que el ilustre dúo se esfuerza por recuperar la fuerza del hip hop como estilo musical combativo por excelencia en la mejor tradición de grandes como Wu-Tang-Clan o Public Enemy. Odisea anticapitalista, Run the Jewels nos regalan temas de gran músculo como Banana Clipper, en el que colabora Big Boi, y donde se burlan de Obama de forma más o menos disimulada, o Job Well Done, una defensa de las drogas que suena muy old skool, o a Christmas Fucking Miracle en la que arremeten contra lo convencional con gracia y sustancia. Sin duda uno de los mejores discos de hip hop de los últimos tiempos.



Cass McCombs: Big Wheel and Others. Folk

McCombs es uno de los referentes más claros del nuevo folk estadounidense que encarnan figuras como Will Oldham, Bill Callahan o el mencionado Zachary Cale. El californiano es un artista elusivo que evita las entrevistas y las fotos promocionales y se dedica en exclusiva a grabar discos y tocar en directo sus sensacionales canciones. Heredero del espíritu nómada y beatnik americano, McCombs ejerce la figura de contador de historias genuinamente americanas de una forma genuínamente americana. El disco empieza con una perturbadora grabación real de un niño de 4 años en los años 60 hablando sin problemas de drogas y prosigue con una ruta a través de diversas narraciones estructuradas alrededor de la pregunta, ¿qué es ser un hombre?, que se hace a sí mismo en la primera canción, Big Wheels. McCombs tanto entrega preciosas canciones acústicas llenas de luz como Brighter! como potentes descargas rockeras como Satan is My Toy. Un nombre esencial de la nueva música con raíces de Estados Unidos.



Cass McCombs actúa el 19 de enero en Santiago; 20 en Madrid; 21 en Cádiz y 23 en Barcelona



Stephen Malkmus: Wig Out at Jagbags. Indie/Folk

Mítico líder de Pavement, la banda que mejor definió lo que se conoció en los 90 como indie, Stephen Malkmus tiene ya una nutrida trayectoria en solitario a sus espaldas en la que continúa fiel al sonido que le dio fama y fortuna. Malkmus suena más sofisticado y ampuloso (hay coros y trompetas) pero en esencia sigue siendo el mismo indie rock de toda la vida, en el cual es todo un maestro por si hay alguna duda. Dice que quería que este álbum sonara "más positivo que otras veces" y lo consigue, Wig Out at Jabags es luminoso, jovial y teñido de un agradable romanticismo. Le canta al paso del tiempo en Independence Street ("no tengo estómago para tu brandy ni dientes para tus caramelos") a la futilidad de la ambición y el éxito (The Janitor Revealed) o se dedica a criticar a los adolescentes actuales (Surreal Teenager) y lo hace muy bien.



Stephen Malkmus actúa el 20 de enero en Madrid (Joy Slava) y el 21 en Barcelona (Bikini)



Childish Gambino: Because the Internet. Hip Hop

Figura del mundo del espectáculo de Estados Unidos, Donald Glover ha sido la estrella de series de televisión como 30Rock o Community. Su segundo disco como MC Because the Internet nos permite descubrir a un rapero que no es especialmente revolucionario pero sí ingenioso y capaz de crear canciones tan atractivas como el single, 3005, donde practica un hip hop con influencias del r&b que suena como un Drake más juguetón y menos melodramático. Muy influido por su ídolo Eminem, Chidish Gambino está muy cerca del pop y la constante presencia de beats que reflejan el mundo de internet y los ordenadores le dan al álbum un aire de gozosa fantasía sobre el mundo del Facebook.



Boy&Bear: Harlequin Dream. Soft rock

Muy populares en su Australia natal, Boy&Bear practican un soft rock clásico en el que recuerdan a Grateful Dead y parecen seguir el mismo camino de los Mumford Sons. Harlequin Dream se llama precisamente un álbum muy teatral en el que parece confluir la espectacularidad y "fabricación" del pop con la organicidad de un rock no especialmente original pero sí muy bien pergeñado en el que brilla tanto la falta de pretensiones como la calidad de unos músicos excelentes.