Sin duda una de las grandes citas de la temporada es el reestreno, el 7 de mayo en el Auditorio Nacional dentro del ciclo Universo Barroco, de la ópera seria La Nitteti de Nicola Conforto (Nápoles, 1718-Aranjuez, 1793), uno de los maestros italianos que recalaron en la Corte madrileña durante la segunda mitad del siglo XVIII. La obra, un regalo de cumpleaños de María Bárbara de Braganza a su esposo, el rey Fernando VI, cuyo estreno se había previsto en 1755, vio finalmente la luz en el Teatro del Buen Retiro de Madrid el 23 de septiembre de 1756.

Conforto, ya muy ducho en labores líricas, puso música a un libreto del prolífico Metastasio escrito expresamente para Madrid por encargo del castrato Farinelli por entonces ya prácticamente retirado de la escena y amo y señor de los espectáculos operísticos de la Corte. Él fue quien eligió al músico napolitano para servir una historia bastante alambicada que transcurre en Egipto en el año 570 antes de Cristo durante el reinado del faraón Amosis II y que narra los conflictos amorosos de su hijo Sammete y la esclava Beroe.

La princesa Nitteti, hija del faraón anterior, está a su vez enamorada de Sammete. Al final se descubre que Beroe es la verdadera Nitteti y que la falsa es en realidad hija del faraón y por tanto hermana de su pretendido enamorado, Sammete. La típica historia de falsas apariencias y conflictos de una ópera seria al uso.

La partitura, señala Javier Ulises Illán, emplea una orquesta grande para la época, con hasta 14 violines

Lo importante, claro, es la música y esta es formidable, como han puesto de relieve en su nueva edición, a partir de copias existentes en Portugal y en Nápoles, Javier Ulises Illán y José Luis Domínguez. Estamos en lo que podríamos definir como la infancia del clasicismo. La partitura, como señala Illán, es ambiciosa y emplea una orquesta grande para la época, con hasta 14 violines y vientos a dos. Se dotó a las primeras representaciones de todo el lujo y medios posibles. Hasta se trajo un elefante como elemento espectacular de la escena.



Abundancia, como era lógico en esa época, de arias da capo, aunque alguna se sale del catón, como la que tiene a su cargo la falsa Nitteti, acompañada, en hermosísimo dúo, de un oboe de amor. La arquitectura general es equilibrada. Cada uno de los tres actos es cerrado con un conjunto diferente: un dueto, un terceto y un número de más envergadura. En el estreno participaron algunos de los mejores cantantes de la época. Por ejemplo, el tenor Anton Raaff.



La versión concertante recuperada está presidida por el mencionado Javier Ulises Illán, que dirige a su grupo Nereydas y a un sólido grupo de cantantes: las sopranos Núria Rial, de dulce timbre y agradable vibrato stretto (Nitteti), María Espada, siempre firme, estilizada, musical (Sammete) y Ana Quintáns, penetrante y certera (Beroe). Junto a ellas, el tenor Zachary Wilder (Amasi). Los secundan las sopranos Lucía Caihuela (Amenofi) y Paloma Friedhoff (Bubaste) y el bajo Víctor Cruz (Noble egipcio).

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