No podemos prescindir del poder motivador de la música estos días, en los que, por momentos, la moral se nos va al suelo. Esto es exactamente lo que pensó Alejandro Climent, fagot de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León desde 2014, cuando puso en marcha la interpretación sincronizada del Himno de la alegría, último movimiento de la monumental Novena Sinfonía de Beethoven basado, ya saben, en el poema de Fiedrich Von Schiller La oda de la alegría.

Climent ha movilizado 42 músicos que desgranan, cada uno desde su aposentos, la melodía vivificante de esta obra imperecedera del genio de Bonn, escogida también por la Unión Europea como su himno oficial. Un canto a la hermandad y la unión de los hombres y mujeres, a la libertad y la solidaridad. Mensaje idóneo para enfrentar al coronavirus. Sobre los primeros compases han incluido unos subtítulos: “En momentos difíciles la música acorta distancias. Desde cada hogar, juntos lo superaremos”.

Las visitas se han disparado desde su primer día colgado en Youtube. Tiene mucho mérito que en esas condiciones hayan conseguido transmitir toda la potencia de la pieza. La pantalla se va dividiendo progresivamente, dando entrada a cada una de las secciones de la orquesta, hasta crear un mosaico de instrumentos entregados a una misma causa.

Climent ha guiado a sus compañeros sobre la base de una grabación de la misma obra realizada por la OSCYL, que han seguido cual claqueta. Posteriormente, el técnico de producción del conjunto, Eduardo García ha montado y editado el vídeo. “El virus nos obligó a parar la actividad, como la de muchas personas, en mitad de unos conciertos para escolares, en los que cada día reuníamos a 2.000 niños y niñas, para regalarles música, sonrisas y aprendizajes. Lo que no pudo parar fue la ilusión, la creatividad y el compromiso…”, explica a El Cultural Jordi Gimeno, director técnico de la OSCYL.

“Todo –añade- empezó el lunes 16, cuando los profesores de la orquesta empezaron a recibir la maqueta y las partituras para hacer las grabaciones, siempre guiados por ambos, Alejandro Climent y Eduardo García. El resto ha sido voluntad de hacer llegar nuestro arte a cuantas más personas mejor, hacer más llevadero el obligado y responsable confinamiento, y el resultado del trabajo en equipo, como el que necesita una orquesta sinfónica en cada proyecto que afronta. Un himno a las personas, un himno a la humanidad y a la esperanza”.

Los miembros de la orquesta, vista la reacción tan entusiasta del público, se han animado y durante los próximos días seguirán publicando en las redes sociales de la OSCYL píldoras musicales para paliar el impacto anímico de la cuarentena, como la famosa canción napolitana O sole mio, del célebre Eduardo di Capua, interpretada por la violinista Tania Armesto.

@albertoojeda77