El director Miguel Ángel Gómez Martínez. Foto: RTVE Raúl Tejedor

A comienzos de temporada la Orquesta y Coro de Radiotelevisión Española nos sorprendió con lo que sin duda fue un acontecimiento: la reposición en Madrid de la segunda ópera de Puccini, Edgar, que desde que se viera in illo tempore en el Teatro Real probablemente no se volvería a programar en Madrid. Ahora se presenta la que sería la primera obra lírica del músico de Lucca, Le Villi, que no llegó a estrenarse en aquel Teatro.



El título inicial de este primer proyecto operístico pucciniano era Le Willis, el que llevaba la narración que el novelista francés Alphonse Karr había escrito en 1852 y que recogía una antigua leyenda eslava a la qua había ya dado forma Heinrich Heine en un ensayo sobre los espíritus elementales (Elementargeister) y a la que habían prestado atención más tarde Gautier y Saint-Georges en Giselle ou Les Willis, con ilustración musical posterior en el ballet de Adam. La leyenda vendría servida igualmente en la ópera de Catalani La Wally y, luego, adaptada a la tradición bohemia, sería empleada por Dvorák en Rusalka (1900).



Una escritura candente

La ópera, ya con el título definitivo, se estrenó, tras presentarse al concurso de ópera en un acto de Sonzogno (al que más tarde concurriría Cavalleria de Mascagni), en el Teatro Dal Verme de Milán el 31 de mayo de 1884. La versión en dos actos se estrenaría en Turín un año y medio más tarde. Ya en el Preludio de la ópera se localizan algunos temas que van a marcar los acontecimientos futuros.



En esta ocasión -11 y 12 en el Teatro Monumental de Madrid- se escuchará la versión revisada en dos actos. Para penetrar en la candente escritura pucciniana, no exenta en este caso -como en Edgar, de la que hablábamos hace unos meses- de números de mérito, como la famosa romanza de Anna Se come voi vicina io fossi, se cuenta con tres cantantes solventes: la soprano lírica Carmen Solís en primer lugar. Voz de cierta anchura, cálida, extensa, homogénea, bien manejada, dotada de un vibrato muy justo y agradable, artista sobria pero expresiva, que sabe estar y actuar con contención. A su lado el maduro tenor italiano Marcello Giordani, lírico-spinto de raza, de agudo certero, seguro y eficiente, virtudes que contrarrestan una evidente falta de flexibilidad en la emisión y una carencia notoria para matizar y decir con delicadeza. Ambos triunfaron ya en Edgar hace unos meses. El tercero en discordia es el barítono Vladimir Chernov, de instrumento recio de relativo poderío. Cantante sólido y cumplidor. Como lo es, claro, la batuta, siempre firme, de Miguel Ángel Gómez Martínez, que continúa redondeando una interesante temporada.