Plácido Domingo caracterizado como Simon Boccanegra. Foto: Tato Baeza

La reconversión vocal de Plácido Domingo, que ha pasado de tenor a barítono, le ha servido para mantener un ritmo trepidante sobre los escenarios de medio mundo. A partir de este jueves 27 recala en el Palau de les Arts, como protagonista de Simon Boccanegra de Verdi. El 4 abril será nombrado doctor 'honoris causa' por el Berklee College of Music. Y a finales de mes lanza un disco en el que canta los poemas de Juan Pablo II.

El pulso que sostiene Plácido Domingo con el tiempo sigue inclinado a su favor. Cumplió 73 años el pasado mes de febrero en Viena, durante las funciones de I due Foscari. Ahora acaba de incorporarse a los ensayos del Simon Boccanegra que se estrenará en el Palau de les Arts el jueves 27. Ha aterrizado desde Nueva York, donde ha rematado sus apariciones en el pasticcio The Enchanted Island en el Met. En el montaje valenciano, urdido por Lluís Pasqual, encarnará al duque genovés. Es decir, cantará como barítono de nuevo, que es la tesitura en la que se ha instalado en este tramo postrero de su periplo artístico. O como "baritenor", que es como se denomina él mismo. Con algo de guasa y con mucha inteligencia y sentido de la estrategia, ya que gracias a esta reconversión vocal se ha garantizado permanecer unos años más en la primera línea del frente operístico. Como barítono, de hecho, Domingo se ha liberado de la presión de tener que encarar algunos agudos comprometidos.



La maniobra ha despertado opiniones encontradas. Un sector de la crítica sigue loando su rendimiento. A su juicio la musicalidad la mantiene intacta, al igual que la belleza de su timbre. La incursión en tonos más otoñales -dicen- no ha diezmado su mando en plaza. Pero, por otro lado, también se han alzado detractores que ven en esta mutación una treta que desmerece un esplendoroso pasado. La esencia del debate está en determinar si Plácido Domingo aporta suficiente levadura dramática a los personajes de villanos y potentados, perfilados normalmente para la cuerda de barítono. Porque en la ópera es la voz la que inyecta el carácter. No queda margen ni para la trampa ni para el cartón.



Verdi otorgó a esta tesitura una entidad muy significativa en sus partituras. Roles como Macbeth, Nabucco, Rigoletto, Giorgio Germont y Francesco Foscari son buen ejemplo de esa especial dedicación. También Simon Boccanegra, el corsario elevado a duque con el que Domingo inició en 2009 su experimento en la Royal Opera House de Londres. El cantante madrileño los ha afrontado en su mayor parte. Prueba de ese tránsito baritonal por la obra del músico italiano es el CD Verdi, lanzado a finales del año pasado. Domingo alega que su giro de timón no va contra natura. Recuerda que cuando era una chaval se veía a sí mismo como barítono, hasta que en una audición en la Opera Nacional de México le indicaron que estaba equivocado. "La verdad es que yo ahora no me siento un barítono. Ni creo que lo haga ya nunca. Mi voz no es oscura por naturaleza, pero sí que soy capaz de colorear", argumentaba en una entrevista en El Cultural.



Lo que sí está claro es que sus facultades físicas son portentosas: ha superado una embolia pulmonar en un plazo récord. Y que su osadía no conoce límites. Ningún reto le ha hecho recular. Ha cantado con una tenacidad y una constancia stajanovista durante décadas y, mientras otros compañeros del gremio canoro se apeaban porque la voz simplemente ya no les respondía, él sigue arrastrando muchedumbres. Lo hará esta primavera en Valencia, en Berlín, México, Polonia, Viena, Los Ángeles y Londres... Para el verano tiene intención de emerger de nuevo en el Festival de Salzburgo, a propósito de Il trovatore, ópera en la que ha brillado siempre como Manrico. Ahora en cambio lo hace embutido en los ropajes de su enemigo, el Conde de Luna. Son las paradojas originadas por su descenso en la escala tonal. Domingo se excusa en una reciente entrevista concedida a The New York Times: "De Luna no es exactamente un villano". Advierte que sus acciones están motivadas por la búsqueda de un hermano que cree muerto y por el amor no correspondido a Leonora. "No puedo hacer un personaje completamente negativo. Creo que los únicos dos así que he hecho han sido el Duque de Mantua en Rigoletto y Pinkerton de Madama Butterfly". Donde ha encontrado un filón en el que siente plenamente identificado son los papeles de padres verdianos: "Él perdió a sus hijos cuando eran unos niños, es un trauma patente en su música".



El Met le tiene echado el guante para los tres años siguientes. En Nueva York seguirá a toda mecha con Verdi: Don Carlo en Ernani, Simon Boccanegra de nuevo y Nabucco. En el templo operístico neoyorquino debutó en 1968. Sony acaba de lanzar un triple CD que recopila sus actuaciones cenitales allí. Domingo confiesa que una de sus grandes ilusiones es celebrar el 50° aniversario de aquel hito. Cantando sobre su escenario, por supuesto.



En el Palau de les Arts será el nombre propio que marque el arranque de la temporada 2014-15. Aparte de cantar en la zarzuela de Moreno Torroba Luisa Fernanda, podrá subirse al podio para dirigir Manon Lescaut. Era lo que debería haber hecho el pasado mes pero el desprendimiento del trencadis de Calatrava desbarató la hoja de ruta. El estreno tuvo que suspenderse y buscarse nueva fecha. La producción que el británico Stephen Medcalf cinceló verá al fin la luz en diciembre.



Aliado con Woody Allen

En esta faceta de director de orquesta también le veremos en el Teatro Real el próximo curso. Estará al frente de la Sinfónica de Madrid para dar forma al homenaje que Granados rindió en Goyescas al castizo universo de majos y majas inmortalizado por Goya. Tendrá para la ocasión aliados de lujo: José Luis Gómez como regista y a un Eduardo Arroyo metido a escenógrafo. Con otro cómplice de altura contará en su segunda aparición de la temporada en el coliseo madrileño: Woody Allen, artífice de la imaginería que envolverá las funciones de Gianni Schicchi, recreación operística de la Divina Comedia firmada por Puccini. Domingo insuflará vida al impostor moralizante de esta composición. Ambos ya levantaron este montaje en 2008 en la Ópera de los Ángeles, que rige el propio Domingo desde hace años, primero como director artístico y ahora como intendente. Por si fueran pocos frentes, sigue apadrinando varias iniciativas destinadas a respaldar nuevos talentos del canto lírico (Operalia y el Centro de Perfeccionamiento del Palau de les Arts).



En toda esta vorágine el cantante tiene una fecha expresamente marcada: el 27 de abril. Es el día en que Juan Pablo II será canonizado en Roma. Allí se desplazará para interpretar algunos de los poemas (religiosos y mundanos) escritos por el carismático pontífice en su juventud. La colección de versos musicados será editada por Sony (saldrá a la venta a mediados de mes con el título Amore infinito). Un álbum en el que Domingo se ha asociado con la Sinfónica de Londres y las voces de Josh Groban, Katherine Jenkins, Andrea Bocelli y Vanessa Williams. Con esta última funde el R&B con la ópera, en el tema Gratitude, que ha sido compuesto por su hijo. "Estas canciones tienen un enorme significado para mí. Ellas hablarán no sólo a las personas religiosas, sino a cualquiera que respete a ese gran hombre único que dedicó toda su vida al servicio de la humanidad y de Dios".