Krassimira Stoyanova en la piel de 'Giovanna d'Arco' en el Palacio Euskalduna.

Este jueves se cumplen dos siglos del nacimiento del compositor italiano. Al especial que ya le dedicamos en nuestras páginas, Carmelo di Gennaro, director del Instituto Italiano en España y autor de 'La Scala nella età' di Verdi, añade un repaso de los "descubrimientos" que han sacado a la luz algunos montajes programados durante el bicentenario.

En el ámbito cultural es habitual celebrar los acontecimientos recurrentes como los centenarios (de muerte o de nacimiento) de grandes artistas, ya sean pintores, compositores, músicos, cineastas, escritores... Se suelen muy a menudo formar comités, reunir expertos, organizar mesas redondas y aun así siempre hay alguien que se pregunta si estas conmemoraciones sirven realmente para algo, si contribuyen a mejorar y profundizar lo que conocemos sobre un artista y su obra (se supone que inmortal).



Hay que decir que desde hace años, en lo que concierne al mundo de la ópera, un director de la talla de Riccardo Muti comentaba que le parecía del todo inútil celebrar, por ejemplo, un "Año Mozart" (y por ende se podría añadir un "Año Verdi") porque Mozart (y Verdi) se celebran todos los años en todos los lugares donde se tocan sus creaciones. Esto es cierto, ya que mientras exista la civilización occidental, siempre se tocará y cantará la música de Mozart, de Verdi, de Wagner y de un puñado de compositores más. Pero es cierto también que los centenarios y afines pueden poner de manifiesto algunos aspectos quizás poco conocidos o no muy frecuentados de su obra. Por ejemplo, aquí en España, la programación, en el meritorio proyecto Tutto Verdi de la ABAO de Bilbao con motivo del bicentenario, de Giovanna d'Arco, seguramente una de las óperas menos populares de Verdi ha sido un acierto. Y ha sido un acierto, porque no solo se trata de una ópera bellísima, sino de un cruce fundamental para entender mejor a su autor. Para explicarlo, quiero comparar dos pasajes sacados de dos óperas muy distintas, la desconocida Giovanna d'Arco que acabo de citar y la mucho más popular Il trovatore. Escogemos para ello uno de los momentos tópicos de Trovatore: el Coro de los Gitanos perteneciente al segundo acto. Su aparentemente trivial estructura textual, pensada por el libretista Salvatore Cammarano (artista muy experto, en su tiempo uno de los más cotizados, colaborador entre otros de Donizetti para su Lucia di Lammermoor), suena en el estribillo así: "Chi del gitano i giorni abbella? / la zingarella", algo que en italiano resulta bastante risible.



Efecto dramático Pero antes de juzgarlo tan negativamente hay que tener presente que la aparente trivialidad del texto (y de la música) consigue un puntual efecto dramático. Efectivamente, en una obra de total introversión como es Il trovatore, un profundísimo nocturno en el cual triunfan los momentos íntimos, los pensamientos sin acción (como pasa con Wagner, aquí el tiempo musical está suspendido casi siempre y con él la acción dramática), este "momento de publicidad" (robándole una frase a Theodor Adorno), representa el elemento de contraste, como si fuera una forma de destacar expresivamente la parte coral, que tiene una carga abrumadora para que al fin y al cabo destaque -en oposición- la reflexión solitaria de los personajes. Verdi tenía que cumplir con las convenciones de su tiempo, es decir, tenía que escribir según ciertos tópicos de la ópera italiana y por lo tanto los momentos corales tenían un papel fundamental en ello. El vigor extremo de estos momentos corales parece casi destacar una voluntad de Verdi de alejarse de estos tópicos, así como pasaría -mutatis mutandis- con Gustav Mahler, para tomar distancia estética y orientar la atención del espectador hacia lo que a Verdi le interesa más, es decir, la vida interior de sus personajes. Esta característica, además, ya se puede subrayar en una ópera que se suele definir menor -decíamos- como es Giovanna d'Arco (1845); si nos fijamos en el final del Prólogo, donde está ubicada la cavatina de Giovanna, encontramos un momento de fuerte intimismo, que luego juega un papel de contraste con el doble coro final -de los espíritus malvados y de los espíritus elegidos- en el cual hay que destacar la construcción otra vez trivial de la letra (Tu sei bella / pazzerella / che fai tu? / Se d'amore / perdi il fiore / presto muore / non vien più) que soporta una construcción igualmente trivial de la música, y que sin embargo contrasta de forma inequívoca con el momento íntimo arriba referido. Lamentablemente, ocurre a menudo que muchos directores dirigen estos momentos con impaciencia, o peor, con negligencia, porque no entienden correctamente esta función tan importante del contraste. Otro aspecto seguramente importante (si bien no tanto como la ópera) en el legado cultural de Verdi es la música instrumental, pues no todos los aficionados saben que Verdi escribió, a lo largo de su estancia en Nápoles, para una reposición de Aida en 1873, un magnífico Cuarteto en mi menor, composición extremadamente refinada, que demuestra el dominio por parte de su autor del contrapunto y de la técnica clásica de conducción de voces. No faltan por cierto guiños a la ópera, ya que el primer tema del primer movimiento se parece muchísimo al tema de salida de Amneris en Aida, así como la textura instrumental del tercer movimiento nos recuerda claramente a Falstaff. Pero Verdi está sobradamente capacitado para enseñar su pensamiento en formas musicales abstractas y por lo tanto resulta reductivo afirmar que toda la música de Verdi sea teatro. Verdi tenía un estilo que es muy reconocible, pero podía (como es el caso del magnífico Preludio a la ópera Masnadieri, una auténtica Romanza senza parole para chelo y orquesta) componer música que soportara por sí sola auténticos valores musicales. Todo esto lo podrán comprobar los asistentes al concierto del Plural Ensemble, que tocará el Cuarteto de Verdi junto a dos composiciones nuevas (inspiradas en la obra del maestro italiano, compuestas por Fabián Panisello -sobre un texto de Erri De Luca- y por Adriano Guarnieri) el próximo 16 de octubre en el Auditorio Nacional. También tocará esta pieza el Cuarteto de Cremona, el 2 de diciembre, en el Instituto Italiano, en el marco del proyecto Suono Italiano.