En Kor’sia no hay baile impostado. Antonio de Rosa, Mattia Russo, Giuseppe Dagostino y Agnès López-Río revuelven entre los ingredientes de los grandes ballets y nos enfrentan a los conceptos que los hicieron inmortales. Tras sus particulares miradas a Jeux y La siesta de un fauno de Nijinsky, Kor’sia cuestiona hoy la vigencia del amor puro, eterno. Los Teatros del Canal acogen su Giselle del día 11 al 13, coproducida con el Staatstheater Darmstadt y el Festival de Positano, y apoyo del Ministerio de Cultura, el Ayuntamiento de Madrid y el Instituto Italiano de Cultura.

El diálogo de la compañía con las piezas del pasado, explican a El Cultural, “las sitúa en el presente” a partir de una idea de Paul Valéry a la que ellos vuelven de forma recurrente: “No hay poemas terminados, solamente hay poemas abandonados”. Kor’sia toma sin reservas el testigo: “Hemos estado buscando esos ‘poemas abandonados’, intentando rescatarlos e incluirlos dentro de la danza contemporánea, pero también resituarlos dentro de la contemporaneidad del siglo XXI”, explican. Su fascinación por Giselle parte “del entendimiento de la humanidad como un dispositivo que comparte un imaginario colectivo, una serie de discursos o narraciones que nos conforma como comunidad y como humanidad”. Kor’sia nos muestra que en esas piezas “a las que llamamos ‘académicas’, preservadas en el tiempo de manera invariable, podemos encontrar respuestas o formas de vida, lecciones, alegorías, soluciones a nuestros problemas actuales”.

"El montaje coloca a Giselle como epicentro y destaca el amor como fuente de soluciones al dolor". Kor'sia

No se conforman con la Giselle de 1841, sino que buscan la historia que la inspiró, publicada por Heine en Europe Littéraire en 1833 y evitan aludir al libreto del ballet completo. La coreografía creada por Russo y De Rosa con sus bailarines se apoya en la dramaturgia de Chernetich y Dagostino, asesoría de López-Río, escenografía de Vandenhoeck, vestuario de Bernal y Piccione, y música de Susana Hernández Pulido, además de la partitura original –reordenada– de Adolphe Adam. El resultado coloca a Giselle “como epicentro” y destaca “la capacidad del amor como fuente primigenia de posibles soluciones al dolor que se ha instalado en nuestras sociedades, la idea del amor como cura y sanación”, explican. Se replantearon la dramaturgia de la pieza tras el confinamiento de marzo para “entroncarla con la realidad que estamos viviendo” y no se asientan en “la horquilla amor/traición, como en el original”, dicen, sino en Giselle “como mujer. Ninguno de los demás personajes de los otros ballets románticos hablan sobre ello con el desgarro y el arrojo de Giselle”, puntualizan.

El amor y el desamor, el síndrome del corazón roto como patología clínica o la presencia de la tecnología imponen nuevas formas de amar. “Si trasladamos a Giselle a las calles, esa mujer que se lanza con valentía, compromiso y veracidad al amor a pesar de todo… veremos que desafortunadamente no encontramos muchas Giselles en nuestro día a día”, concluyen.

@ElnaMatamoros