Los primeros lanzamientos del año llevan el nombre de las grandes estrellas. Eminem regresa con un disco más político y arriesgado en el que carga contra la proliferación de armas en Estados Unidos y clama contra las pavorosas matanzas que devastan el país. Green Day, emblema del punk popular, presentan su trabajo número trece, Father of All Motherfuckers, donde dan rienda suelta a su vena más pop y disfrutable. Y Justin Bieber, el ídolo adolescente, se enfrenta al reto de hacerse mayor con Changes, un álbum más personal y romántico.

Incombustibles, Pet Shop Boys vuelven a las raíces con Hotspot, donde brilla su pop electrónico para la pista de baile mientras Tame Impala le sigue dando vueltas a la psicodelia en The Slow Rush. Grandes trabajos de Suso Saiz, pionero del new age en España y productor desde los 80 de algunos de los mejores artistas patrios, que en Música esporádica recupera grabaciones perdidas de su seminal grupo Orquesta de las Nubes y en Nothing is Objective colabora con el gran Fennesz con excelentes resultados. Mientras el gallego y jovencísimo Sen Senra se deja influir por el r&b de vanguardia de Los Ángeles en el delicado y emocional Sensaciones.

No hay que perder de vista la colaboración entre Rodrigo Cuevas y Refree, Manual de cortejo, donde le da un barniz de cabaret queer al folclore asturiano mientras San Cha, mexicana afincada en California, se inspira en las telenovelas para entregar unas canciones de gran dramatismo. Y decimos adiós a Mac Miller, el rapero de Los Ángeles que se suicidó hace dos años con Circles, un álbum póstumo de sofisticado r&b que nos hace lamentar de nuevo su pérdida.

Eminem: Music to be Murdered By

Después de un disco bastante aburrido como Kamizake (2018), en el que Marshall Matters, nombre real del rapero de Detroit, le seguía dando vueltas a su drama familiar, a Eminem le sienta bien regresar a los temas políticos y sociales. Pionero de la propagación del rap como sonido mainstream (iba en chándal hace veinte años como todos los chavales de ahora), el autor de Lose Yourself parafrasea el título de un disco publicado por Alfred Hitchcock en 1958 para cargar contra la política de armas en Estados Unidos, donde es posible comprarse una pistola a los 18 años pero no beber cerveza. Inspirándose en la espantosa matanza de Las Vegas en 2017, cuando un francotirador que actuaba en solitario asesinó a sangre fría a 59 personas que asistían a un festival de música, el rapero publica un disco sólido en el que demuestra que aún es el rey del trabalenguas (sigue siendo el que mejor frasea) y más turbulento que los anteriores. Funciona la colaboración con Juice WRLD, Godzilla, la típica canción burlona del artista, la balada Darkness está a la altura del talento que compuso Mockingbird y en Lock it Up se deja empapar por Anderson Paak en un tema en el que demuestra su conocida habilidad para dar una visión irónica del mainstream.

Tame Impala: The Slow Rush

Proyecto liderado por el carismático Kevin Parker, cantante y compositor que nunca ha ocultado que utiliza sus propios traumas psicológicos para su trabajo, los australianos Tame Impala son los “responsables” del revival de la psicodelia que ha vivido la música anglosajona los últimos años. Con su sonido épico siempre in crescendo y su capacidad para crear ricas texturas musicales electrónicas, Tame Impala siempre ha sido un grupo que brilla especialmente en directo y The Slow Rush es más de lo mismo. Los fans de discos ya míticos como Lonerism (2012) o Currents (2015) disfrutarán este nuevo trabajo más pop y menos marciano que los anteriores en el que Parker parece menos deprimido que antes presentando una versión más sensible que desquiciada de sí mismo. Hay gemas como esa Lost in Yesterday que recuerda a los Beatles o Borderline, con un toque a lo New Order, que como casi todo el álbum está más enfocada para la pista de baile y el disfrute.

Suso Saiz: Música esporádica/Nothing is Objective

Personaje fundamental de la música española de las últimas décadas, Suso Saiz comenzó en los 80 con Orquesta de las Nubes, grupo vanguardista que reclama una urgente revisión. Desde entonces ha sido compositor de bandas sonoras en los 90 (El detective y la muerte o El milagro de P. Tinto) y productor de grandes artistas como Christina Rosenvinge, Los Planetas, Corcobado o Iván Ferreiro, con el que trabajó durante años. En los últimos meses, Saiz está recibiendo mucha atención en Europa y Estados Unidos gracias a Music From Memory, un sello de Ámsterdam que después de publicar un recopilatorio con sus mejores trabajos para Orquesta de las Nubes ha editado un álbum con composiciones nuevas titulado Nothing is Objective, en solitario, y Música Esporádica, en el que se reunió en 1985 con los antiguos miembros de su banda para colaborar con los percusionistas estadounidenses Glen Vélez y Layne Redmond. Son dos trabajos profundos, ideales para escuchar en casa, en los que Saiz navega en las aguas subterráneas del new age y el ambient con sorprendentes y gozosos resultados. Nothing is Objective está muy marcado por la colaboración con el austríaco Fennesz, y ambos brillan con fuerza en la majestuosa Dulce en un disco tan abisal (Anti Stress for Babies and Families) como extraño por momentos (Minimal) en el que es mejor perderse sin apriorismos ni hacer preguntas. Música esporádica, por su parte, es una verdadera maravilla new age en la que la percusión de Vélez y Redmond le da al sonido un aire salvaje y exótico muy seductor.

Justin Bieber: Changes

El tiempo pasa y Justin Bieber se ha casado, ha superado su adicción a las drogas y se ha hecho mayor. Changes, su primer disco en cuatro años, supone el gran regreso de la estrella y él mismo lo llama “cambios” para que quede claro que es un nuevo Bieber aunque no necesariamente mejor. Artista con un talento indiscutible, la realidad es que la madurez no le ha sentado tan bien a un músico y cantante al que cabe reconocer que hace un esfuerzo por mostrar sus emociones más sinceras. Quizá lo más decepcionante de Changes es que le faltan hits porque hasta la fecha Bieber ha demostrado un gran olfato para el temazo. Mezcla entre pop y r&b como ya era el más logrado Purpose (2015), nos encontramos ante una colección de canciones de midtempo que por momentos recuerdan a Ed Sheeran con el característico sonido del mainstream de Los Ángeles. Aunque el astro no logra la obra redonda que quizá buscaba, sí consigue convencernos con canciones como esa seductora Yummy que ha lanzado como primer single o la juguetona Forever, con Pos Malone, en la que suena al Bieber de siempre y le sienta muy bien.

Green Day: Father of All Motherfuckers

Es fácil despreciar a Green Day por su enorme éxito. Se supone que una banda de punk no llena estadios pero cabe adjudicar a los de Berkeley (California) que llevan ya tres décadas siendo fieles a sí mismos. Aunque Billie Joe Armstrong, frontman, y los suyos hace tiempo que peinan canas, Father of All Motherfuckers (“El padre de todos los hijos de puta”, literalmente) queda como ruidoso testimonio de que no piensan aburguesarse en un álbum que el propio Armstrong dice que trata “sobre el tipo de vida que consiste en que todo te importa una mierda”. Con una duración de 26 minutos, está lleno de mazazos de ese pop rock suyo perfecto para cantar a grito pelado con los colegas en una exaltación del espíritu juvenil. Ahí están canciones como Fire, Ready, Aim, la clásica canción de Green Day con una batería contundente y un estribillo machacón, o el logrado homenaje al mítico Teenage Kicks que es I Was a Teenage Teenager sin olvidar la preceptiva crítica a las redes sociales de Oh Yeah!

Rodrigo Cuevas: Manual de cortejo

Personaje peculiar de la escena española, el asturiano Rodrigo Cuevas combina el folclor asturiano, la vanguardia y la estética queer en un cóctel curioso al que logra dar autenticidad gracias a su sensibilidad y personalidad. Después de lanzar una serie de singles y EPs que le convirtieron en una prometedora estrella underground, Cuevas debuta con Manual de cortejo, un álbum en el que ha contado con la producción de lujo de Refree. En la estela de Lorena Álvarez aunque con un punto inclasificable, Cuevas logra que su música no se quede en un experimento más o menos ingenioso gracias a su voluntad de expresar sus sentimientos y no simplemente jugar con las influencias. Él dice que se basa en la música que escuchaban nuestros “güelus” por la radio y se atreve con una versión lo fi y distorsionada de Tengo que subir al puertu con guitarra andaluza y beats retorcidos que imitan los sonidos de un ordenador antiguo estropeado (un recurso que utiliza varias veces) sin olvidar una muñeira (Muñeira para Filla da Bruixa) o un Rambalín con el Coro de Minero de Turon, en la que brilla una preciosa línea de guitarra, en una canción sobre la homofobia.

Pet Shop Boys: Hotspot

Dice Neil Tennant, la mitad de Pet Shop Boys junto a su inseparable Chris Lowe, que con este disco querían regresar a las raíces para no olvidar que siempre han sido un grupo de pop electrónico dispuesto a reventar las discotecas. Producido por Stuart Price, quizá el hombre más solicitado del pop con colaboraciones con Madonna, Kylie Minogue o Scissor Sisters, en su tercer, y último por lo visto, álbum juntos lo mejor de Hotspot, efectivamente, es que suena a Pet Shop Boys puro y duro como si el tiempo no hubiera pasado. Arrancan con energía con la bombástica Will-on-the wisp para entregar un disco en el que brillan los hits dance como esa Happy People con un bajo trotón ochentero que es un clásico de la casa o esa fabulosa gema pop que es I don’t wanna con un estribillo pegadizo y elegante a la altura de su leyenda. Lo mejor, sin duda, será su nuevo show, Dreamworld: greatest hits tour, que estrenan esta primavera.

San Cha: La luz de la esperanza

Transformista y performer, nueva sensación de la escena gay de California gracias a una fiesta que organiza en San Francisco, la mexicana de origen San Cha debuta con un disco fabuloso en el que se agradece que no ponga freno al melodrama. Ella misma dice que se basa en la música (y la estética) de telenovela mexicana para inspirar unas canciones extremas que vendrían a ser una especie de Chavela Vargas con la emocionalidad desatada. Con talento, San Cha reinventa las clásicas rancheras y boleros en una música elegante que podría encajar perfectamente en una película de Pedro Almodóvar. El mal de amores, cómo no, es el tema principal en canciones que van de la exquisitez minimal de Qué me hiciste, donde destaca su preciosa voz, pasando por la lacrimógena y sensacional Levanta dolores, preciosos los coros, o la juguetona Me voy sin él que recuerda a Mocedades.

Mac Miller: Circles

El mundo de la música es pródigo en tragedias y el desdichado Mac Miller murió en septiembre de 2018 por sobredosis después de una breve y notable trayectoria. Es imposible no escuchar este disco póstumo con un plus de emoción, el mismo en el que Miller estaba trabajando antes de su repentina muerte y terminó el productor, Jon Brion. Inspirándose en el concepto “nadar en círculos”, es un LP de r&b sofisticado y lánguido en la estela de otras lumbreras de Los Ángeles y ex colaboradores como Anderson Paak con Kendrick Lamar y Frank Ocean como referentes insoslayables. Es un disco tristón, como quizá ya cabría esperar, con esa tristeza melancólica y decadente que es propia de la música californiana actual (sumen a Lana del Rey a la tropa) en la que parece existir un sentimiento de culpabilidad implícito por atreverse a ser infeliz en un lugar tan hermoso. La tragedia que se avecina puede adivinarse en canciones como la preciosa Good News en la que canta “me arrepiento de muchas cosas pero trato de olvidar/ ¿por qué no es más fácil?” o Complicated en la que rapea “alguna gente dice que quiere vivir para siempre/ Yo me conformo con pasar el día”.

Sen Senra: Sensaciones

La influencia de los hallazgos de la vanguardia de Los Ángeles tiene eco en un artista gallego como Sen Senra. El joven publica su tercer disco desde 2015 para brillar con unas canciones de un r&b muy marcado por la influencia de Frank Ocean a las que logra imprimir un sello propio bebiendo de todo tipo de fuentes y mostrándose sincero y valiente en unas letras que suenan frescas y auténticas. Hay canciones bonitas en el buen sentido de la palabra como esa Ya no te hago falta en la que canta con su característico falsete en la que se deja influir por el pop español a lo Elefant, o la elegante No me sueltes más, en la que va del jazz al trap con notables resultados, o la sensible y poderosa Tienes reservado el cielo con la que abre el disco.

@juansarda