Francisco de Goya: El majo de la guitarra, 1779 (detalle). Museo del Prado

El conjunto La Tempestad, liderado por Silvia Márquez, conmemora el aniversario de la pinacoteca madrileña con un concierto especial en su auditorio este viernes. La joya del programa son las cuatro sinfonías compuestas por María Luisa de Borbón. Y el domingo Los Músicos de su Alteza protagonizan en el Auditorio Nacional otra valiosa recuperación histórica: Venus y Adonis, de Nebra.

Fabulosas fiestas musicales, que van del barroco tardío al clasicismo, tan sustanciosas como novedosas, son las que se nos anuncian para este viernes y el día 18, en ámbitos tan distintos como el Museo del Prado y el Auditorio Nacional. Se recuperan músicas que nunca han sido tocadas en nuestro tiempo, de compositores en algún caso desconocidos para los oídos modernos, pero que fueron reconocidos en su época. La primera cita es en la pinacoteca madrileña, que está celebrando con anticipación su bicentenario con toda la pompa. Una de las actividades programadas es el concierto de este viernes que se acoge al lema Circa 1819. Música en torno a la fundación. Un concierto homenaje tanto a la propia institución como a los compositores a los que se convoca, que van a ser servidos con su competencia característica por los 23 músicos que configuran en esta ocasión el grupo La Tempestad.



Como se dice en la presentación del evento, la joya del programa es una de las cuatro sinfonías compuestas por María Luisa de Borbón (1782-1824), Infanta de España y reina de Etruria, de la que hay abundante iconografía en el Prado y de la que se dice es la primera creadora española de música sujeta a esa estructura formal. Así debe de ser, aunque cabría observar que antes que ella hubo otra sinfonista insigne con nombre hispano, Mariana Martínez (1744-1822). Claro que, aunque hija de españoles, había nacido en Viena. La composición que ahora se recupera de la Borbón está, junto a sus otras tres compañeras, en la Biblioteca Palatina de Parma.



En el museo también sonarán un concierto de Brunetti y arias de Marcos Portugal, amén de Mozart y Rossini

Al lado de esta auténtica novedad se sitúan otras obras de interés, como el Concierto para violonchelo de Francisco Brunetti (1765-1834), hijo del más famoso Gaetano Brunetti, de quien heredó el puesto de director musical de la Real Cámara y autor, según se afirma, de la primera obra de este tipo conocida en España. Algo que podría discutirse teniendo en cuenta que desde 1769 Luigi Boccherini residía en nuestro país y alguno de sus nueve conciertos para este instrumento habían sido escritos ya para 1770. En todo caso, Brunetti fue un adelantado, fiel discípulo de su padre, y se había formado en París con el insigne chelista Duport. Curiosa novedad asimismo son las arias de Marcos Portugal (1762-1830), maestro de música de María Isabel Bárbara de Braganza (1797-1818), infanta del país vecino. El diseño clásico, el toque melodioso de esas ariette lucirán sin duda en la voz de la soprano Olalla Alemán, que también cantará la cavatina de Rosina de El barbero de Sevilla, de Rossini (prevista, no obstante, para una contralto o mezzo), compositor especialmente apreciado en España, como en todas partes, realmente. Sus adaptaciones pianísticas de fragmentos de ópera eran tocadas con asiduidad por los miembros de la familia real.



La Sinfonía en re mayor K 202, de Mozart, en su tiempo copiada para su interpretación en la Real Cámara de Carlos IV, cierra la sesión. Al frente del grupo La Tempestad, que tantas pruebas ha dado desde hace años de buen hacer, y que se presenta esta vez bien reforzado, está la clavecinista y directora, organista y fortepianista zaragozana, de tan probados méritos en todas esas disciplinas, Silvia Márquez, que ha actuado en todas partes y ha conquistado multitud de premios.



La única pieza de teatro musical de Nebra será dirigida por Luis Antonio González, especialista en nuestro músico barroco
Hemos de trasladarnos ahora al Auditorio Nacional, donde este domingo, a las 20 horas, dentro del ciclo Universo Barroco del CNDM, tendrá lugar la segunda gran convocatoria. En ésta el protagonismo viene de la mano de otro conjunto, asimismo muy acreditado en ópera, oratorio y música vocal, cual es Los Músicos de su Alteza, que dirige con aplicación y excelentes resultados Luis Antonio González, musicólogo de la Institución Milà y Fontanals del CSIC. Son ya numerosas las primicias que nos han ofrecido dentro de su campo en los últimos años. Entre ellas, también música de José de Nebra. Por ejemplo, tras un laborioso proceso de exhumación, piezas procedentes de autos sacramentales y villancicos dentro del epígrafe Es el día del Corpus, día tan grande. Nebra viene de la tradición contrapuntística española e incorpora frecuentemente elementos de música popular, aunque recibe también influencias cosmopolitas, como nos explicaba Luis Antonio González. En esta oportunidad la fiesta se celebra en torno a una muy estimable composición teatral, Venus y Adonis, de fecha incierta (entre 1729 y 1733), la única que al parecer escribió, dentro de ese repertorio, en un espacio de siete años.



La verdad es que en los últimos tiempos estamos de enhorabuena, pues afortunadamente han sido bastantes las composiciones del gran músico de Calatayud que han sido exhumadas: aparte de las resucitadas por Los Músicos de su Alteza, tenemos Viento es la dicha de amor, Amor aumenta el valor o la zarzuela Iphigenia en Tracia. En ellas, como en tantas partituras vocales de Nebra, apreciamos, en la línea que observaba González, la omnipresencia de lo español (seguidillas, villancicos y tradicionales cuatros hispánicos), junto a recitativos y arias da capo del más puro estilo italiano, algunas excesivamente largas y repetitivas. Y no hay que olvidar en sus recitados premoniciones mozartianas y continuos rasgos haendelianos, de una rítmica contagiosa y excitante y, desde luego, magníficas páginas de bravura y espléndidos efectos descriptivos. Era hábil el compositor para combinar sin solución de continuidad el canto llano y la polifonía, algo que trabajó fundamentalmente como vicemaestro de la Capilla Real de Madrid (1751).



Como es habitual, el equipo vocal reclutado por González ofrece garantías. Ahí está también, tras su actuación en el Museo del Prado, Olalla Alemán en compañía en este caso de voces igualmente angélicas como las de Alicia Amo y Eugenia Boix, que forman parte del regimiento de jilgueros barrocos hispanos. La más penumbrosa y amplia Marta Infante, mezzo, las secunda junto a la soprano Aurora Peña y al tenor ligero José Pizarro, tan bragado en este tipo de aventuras.