Stefano Massini. Foto: Attilio Marasco

Tras el asesinato de Anna Politkóvskaya, Stefano Massini decidió escribir Mujer no reeducable para propagar el ejemplo de integridad plena de la periodista. El Teatro Español estrena este jueves (9) la versión de Lluís Pasqual, protagonizada por Míriam Iscla.

Cada vez que publicaba sus reportajes y entrevistas en la Nóvaya Gazeta, Anna Politkóvskaya era citada por la fiscalía de Moscú. Allí la retenían durante horas entre ladrones, violadores, secuestradores... Era una rutina asumida con resignación. El ejercicio del periodismo devino en un martirio. La amenazaron, la vejaron, la envenenaron, la torturaron... Incluso mataron en su piso moscovita a otra mujer muy parecida a ella. El error precedió los tiros de gracia definitivos que, años después, le descerrajaron en el ascensor de su última casa.



Fue el precio por informar sobre los desmanes y el salvajismo de la guerra en Chechenia. Stefano Massini (Florencia, 1975), actual director del Piccolo de Milán y uno de los dramaturgos italianos con mayor presencia en la cartelera internacional, resume su tormento en Mujer no reeducable, título que toma de la etiqueta que le estampó a la periodista un jerarca del Kremlim. Allí habían comprobado que Politkóvskaya era sencillamente ‘incorregible'. Lluís Pasqual traslada en su puesta en escena, que presenta en el Teatro Español el próximo jueves (9), el estilo objetivo, riguroso y grave del texto de Massini, que charla por teléfono con El Cultural desde Roma.



Pregunta.- ¿Qué le empujó a escribir este homenaje a Politóvskaya?

Respuesta.- Yo no sabía nada de esta mujer antes de su asesinato. Cuando me enteré de que la mataron por ejercer su oficio con honestidad y rigor y de que a su funeral fueron poquísimos políticos, ninguno del del gobierno, sentí la obligación de contar su historia. Era una manera de boicotear el plan de sus asesinos, destinado a acallarla y a diluir su ejemplo.



P.- De hecho dice que suele escribir aquellas historias que, si no las escribe, le hacen sentir como un "bastardo"...

R.- Es así, ese impulso suele estar detrás de muchas de mis obras. Sigo creyendo que el teatro es un lugar crucial, sagrado. Y por tanto he de estar a su altura. Le debo un respeto. Para mí no es un sitio donde quepan las tonterías o los divertimentos insustanciales.



P.- Pero de su maestro, Luca Ronconi, aprendió que el teatro es sobre todo un juego, ¿no?

R.- Son cuestiones diferentes.

Las redes sociales han dinamitado los géneros. Es normal que el teatro también se contamine"

Yo intento que mis obras ayuden a crecer y a mejorar a los espectadores, a través del aprendizaje de cosas nuevas y la experimentación de emociones que les hagan más empáticos. Cuando hablo de teatro como un juego, me refiero a que recuerda a los juegos colectivos de infancia, en los que cada niño aporta su parte para que funcione. Es lo mismo que hacen los actores, los directores, los escenógrafos, los autores...



P.- Su texto es un caleidoscopio de artículos, cartas, entrevistas, listas... ¿Por qué escoge esta fórmula?

R.- Las redes sociales han potenciado esa fragmentación. Hoy estamos asomados a una sucesión incesante de citas procedentes de novelas, películas, obras teatrales, poemas, reportajes, entrevistas... Es un fenómeno que ha dinamitado los géneros hasta amalgamarlos en uno sólo, gigante: la comunicación. Es natural que el teatro se contamine.



P.- La escritura de Mujer no reeducable es directa, precisa, sin florituras, como debe ser el buen periodismo. ¿Ese estilo es un guiño a este oficio?

R.- Sí, lo que pretendía es que el espectador sienta que está ante un reportaje gráfico. Cada capítulo es una fotografía que muestra la vida de Politkóvskaya tal cual fue.



P.- El periodismo está en la base de buena parte de su literatura. ¿Qué relevancia tiene para usted?

R.- Mucha. Si equiparamos la sociedad de la comunicación con un ser humano, podría decirse que el periodismo son los ojos y los oídos, mientras que el teatro y la narrativa son la mente. Estas últimas procesan el material que recoge el primero: lo interpretan, lo analizan y lo estudian despacio y con una intención.



P.- ¿Cuál es el ejemplo que ofrece al periodismo Politkóvskaya?

R.- Volvió a Rusia a sabiendas del peligro que corría. Es el paradigma de alguien que pone la búsqueda de la verdad por encima de su propia vida. En una época como esta en la que la realidad se configura a golpe de tuits, eslóganes, titulares y frases hechas, su trabajo concienzudo demuestra que sólo conoceremos la verdad de los hechos si profundizamos.



P.- Rusos y chechenos llevan enzarzados tres siglos. ¿Cree que hay alguna posibilidad para la paz allí?

R.- No sé, yo sólo soy un escritor, no un político. Rusia está empeñada en demostrar que mantiene su poderío pasado. Y uno de los lugares donde está en juego su imagen es en Chechenia. El orgullo lo complica todo.



P.- Cuando Mujer no reeducable se presentó en Lituania, los filorrusos amenazaron con quemar el quemar el teatro, ¿no?

R.- Sí, aquello me demostró que había acertado al escribir esta obra.



P.- ¿Se ha representado en Rusia?

R.- Sólo una vez. La montaron en un festival en San Petersburgo una compañía juvenil de actores franceses. El director era un ruso asentado en Francia.



P.- ¿Ha visto la versión de Pasqual?

R.- Sí, en una grabación. Ha hecho un trabajo excelente, igual que la actriz Míriam Iscla. Ya se han hecho casi 30. Mientras esté representándose en Madrid, también se verá en Canadá y Alemania. Ellos han armado un espectáculo sin retórica, sin melodramatismo, muy auténtico y muy directo.



P.- ¿Le recuerda en algo la muerte brutal de Politkóvskaya a la de Pasolini?

R.- No, no la compararía con la de Pasolini, pero sí me recuerda a la de periodistas que han sido asesinados en Sicilia o Campania por haber mantenido su integridad.



P.- Hay varias personas cumpliendo condena por el crimen. ¿Se ha hecho justicia?

R.- Parece demasiado pronto para ponerle fin a esta historia. Fue un asesinato cometido por encargo. No es fácil determinar exactamente quién está detrás. Los que la mataron son simples ejecutores. Detrás hay peces gordos que estarán mucho tiempo en la sombra.



P.- ¿En la sombra que brinda el Kremlin?

R.- No tengo las pruebas pero es obvio que molestaba a algunos allí.



@albertoojeda77