Escena de Philemon und Baucis

Una importante novedad se presenta el domingo 8 en el Teatro Martín y Soler de Valencia, dentro de la temporada del Palau de les Arts, bajo el mando autorizado de Fabio Biondi, una de las ramas del triunvirato que rige en estos momentos el coliseo y que tendrá a sus órdenes jóvenes voces del Centre Plácido Domingo. Se trata de la ópera para marionetas Philemon und Baucis de Haydn, estrenada en Esterháza el 2 de septiembre de 1773 ante la emperatriz María Teresa de Habsburgo, a quien estaba dedicada precisamente la última y glorificadora parte de la pieza.



Haydn estaba aún en aquel año en pleno ascenso dentro de su carrera como compositor lírico, nacida en principio de un seguimiento de los primeros intentos de comedia vienesa, de los elementos circundantes de la ópera seria y bufa, que se entremezclaban, como es sabido al igual que sucedía en Italia, se combinaban y sintetizaban, con mayor o menor fortuna, dependiendo de la habilidad de cada creador. Estamos en el camino hacia la madurez de un Mozart, hacia lo que podríamos denominar la unión sinfónica de la ópera napolitana y el singspiel; una senda que, de modo muy natural, acaba por seguir Haydn, con hallazgos que preceden en ocasiones a los de su genial amigo salzburgués.



El maestro de Rohrau aporta además un notable enriquecimiento de las estructuras, una expresiva aplicación de las técnicas de modulación -uno de sus fuertes tradicionales-. Hay vida, animación, en los desarrollos musicales y escénicos y mayor concatenación entre ambos. La acción externa progresa y no queda detenida en las arias, como habitualmente sucedía en la ópera seria. El músico, tan famoso por sus cuartetos y sinfonías, fue, en el campo que hoy estudiamos, uno de los que más pronto llegó a cuajar lo que podríamos considerar la ópera semiseria, que tantos seguidores tendría, incluso en pleno siglo XIX, adoptaba, cuando el caso lo requería, el recitativo accompagnato permanente, eliminando así el tradicional secco.



Son muchas las óperas que Haydn escribió antes de 1773, empezando por el singspiel vienés El diablo cojuelo, de 1751, y terminando por Le pescatrici, de 1770, que incorpora, en el camino hacia las medias tintas, figuras de ópera seria. Aquí son siete los protagonistas. Se buscan y se establecen claros contrastes de tipo social. Los conjuntos son ya bastante sólidos y la orquesta posee una densidad y un protagonismo nuevos, con la adición a la cuerda de flautas, oboes, corno inglés, fagotes y trompas. Junto a la operita que hoy nos trae aquí se sitúan, en el terreno de las marionetas, El aquelarre de la brujas, Dido abandonada, Genoveva, La venganza castigada, todas perdidas y compuestas entre 1773 y 1777. La casa incendiada (también llamada El incendio, aunque no está claro si se trata de dos composiciones diferentes), de 1776, es un singspiel en dos actos y un claro antecedente de La flauta mágica mozartiana. En ella hay abundante intervención de lo sobrenatural, una dimensión poco manejada por Haydn.



Las Metamorfosis de Ovidio es el pie argumental en el que se basa en parte la trama de Philemon und Baucis, que narra, en alemán, la conversión en árboles inmortales de un matrimonio de ancianos incondicionalmente fieles a Júpiter, dios de dioses. Aunque el final se cambia en esta versión. La obra pretendía ser una loa al orden social del Antiguo Régimen, al que, por cierto, le quedaban pocos años de vida y discurría sobre un libreto redactado probablemente por el bibliotecario del Príncipe Esterházy, Georg Philipp Bader, basado a su vez, nos recuerda Domingo del Campo, en un original de 1763 firmado por Gottlieb Konrad Pfeffel. La música, que anticipa en cierta medida los rasgos de las obras maestras de Haydn en italiano (L'ifideltà premiata, Orlando paladino, Armida o L'anima del filosofo ossia Orfeo ed Euridice), incluye dos personajes hablados (Júpiter y Mercurio) y cuatro cantados: los ancianos Philemon (tenor) y Baucis (soprano), su hijo Aret (tenor) y la esposa de éste Narcissa (soprano).



Hay que decir que de la versión primitiva para marionetas han sobrevivido tres ejemplares del libreto y, de la música, solamente la obertura y el prólogo, cuyas dos partes, advierte Vignal, corresponden a los dos primeros movimientos de la Sinfonía n° 50 del compositor, y el fragmento orquestal que sigue y que acompaña a la entrada de la diosa Diana. Afortunadamente, la música de la ópera propiamente dicha ha llegado a nosotros, lo subraya Del Campo, gracias a otra versión en forma de singspiel descubierta en 1935 en París. En este ejemplar faltan tanto el prólogo como el episodio de glorificación de los Habsburgo.



Entre los pentagramas se intercalan amplios diálogos hablados, como corresponde al formato sinsgpiel. De las trece piezas estrictamente musicales de que consta hay varias que no son de Haydn, como afirman los expertos. Entre ellas fragmentos del Alceste del español Ordóñez y de Paride ed Elena de Gluck, cuya sombra planea sobre distintos momentos de la partitura. Así, nos dice Del Campo, el número final, que recuerda el de L'infideltà delusa del propio músico, ópera rigurosamente contemporánea. Veremos cuál es la versión que nos ofrece Biondi, artista riguroso y conocedor.