Daniel Bianco

Montserrat Iglesias, directora del Inaem, decía que la Zarzuela no estaba para experimentos. Había que buscar un gestor sólido y solvente para sustituir a Paolo Pinamonti, que hace unos meses decidió marcharse al Teatro San Carlo de Nápoles. Finalmente, esa figura de confianza que dirigirá el Teatro de la Zarzuela será Daniel Bianco (Buenos Aires, 1958), que mantiene con el Inaem una larga relación de trabajo: ha sido director técnico del Teatro María Guerrero (Centro Dramático Nacional) y de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. En su currículo reluce también su gestión en coliseos como el Teatro Real, el Lliure y, desde 2008, venía ejerciendo como director artístico adjunto del Teatro Arriaga.



Un bagaje que ha sido visto por el Consejo Artístico de la Música, órgano responsable de la designación, como una garantía para darle el relevo a Pinamonti. Bianco, de hecho, se ha impuesto entre las 26 candidaturas que optaron al cargo. Frente a él tiene una tarea compleja si tenemos en cuenta la desafección del público hacia la zarzuela, un género al que le cuesta acompasarse a los ritmos y costumbres de nuestro tiempo: las encuestas de consumo cultural manifiestan el descenso progresivo de asistencia a este tipo de espectáculos.



Bianco tiene un plan para revertir esa tendencia y anuncia que sabe lo que quiere hacer, aunque pide de entrada algo de paciencia ("y clemencia"). Para ello, aspira en su proyecto a "hacer del Teatro de la Zarzuela la casa de todos, acercando el género a nuestro tiempo, contando con los mejores profesionales y apostando por artistas emergentes". Ellos, añade, participarán en la tarea de "combinar las tradiciones propias de la zarzuela con las aportaciones de renovación y puesta al día de sus títulos, haciendo asequible, comprensible y atractivo en el siglo XXI el género y sus muchas posibilidades". También pretende avivar la composición, casi estancada desde mediados del siglo pasado. Entre sus planes está organizar un premio para piezas de nuevo cuño abierto más allá de las fronteras españolas, porque la internacionalización es otro de sus objetivos, sobre todo en Hispanoamérica: "Debemos valorar que la zarzuela está escrita en una lengua que hablan más de 500 millones de personas".



Su fórmula de modernización de nuestra lírica autóctona la ha resumido con la siguiente fórmula: "Prefiero que el público de la Zarzuela encuentre la curiosidad del descubrimiento que la dinámica del recuerdo. Porque recordar es placentero pero descubrir es mágico". Así que el conservadurismo parece que se quedará en su faceta de gestor. En el plano artístico, Bianco, que se aficionó a la zarzuela en su Argentina natal de mano de su abuelo asturiano, sí tiene ideas e intenciones para "darle la vuelta" a un patrimonio necesitado de nuevos canales de comunicación con la sociedad. Ha apuntado que en muchas piezas "se habla demasiado". Aligerar recitativos es una de sus propuestas. En los libretos es donde cree que hay mayor margen de maniobra para poner al día el repertorio. Eso sí, "con mucho respeto" y manteniendo las partituras intactas" (o casi).



En el proyecto de Bianco, afincado en España desde el 1983, la Zarzuela debe "seducir a todas las franjas posibles de espectadores y debe ir al encuentro del público". Propone diseñar una programación basada en 7 producciones con las que se pretenderá abarcar todas las disciplinas artísticas que conforman el género -zarzuela, género chico, zarzuela barroca, revista musical-, además de la danza, o el Ciclo de Lied, junto a una serie de actividades que aporten variedad al abanico artístico y ayuden a la visibilidad de una casa de música y teatro, como recitales de música popular o una antología que rinda homenaje al Teatro Apolo, escenario madrileño indispensable en la historia del género lírico español.



@albertoojeda77