Katia Guerreiro

Se confiesa seguidora acérrima de Dulce Pontes y cuenta que aprendió a cantar escuchando su voz y su respiración. Hace pocos días la artista portuguesa hizo gala de su talante en el escenario Circo Price dentro del programa Los veranos de la villa. A ese mismo lugar se sube ahora la fadista Katia Guerreiro que presenta su último trabajo, Até ao fin, para el que ha contado con una guitarra portuguesa más. Algo que propicia, dice, un diálogo entre instrumentos y una intensidad mayor. Su actuación este viernes es el único concierto que va a dar en España después de dos años sin pisar esta parte de la península.



"Até ao fin es un disco muy rico en poesía, música y composiciones", comienza la artista. Este recital se caracteriza por usar dos guitarras portuguesas, una guitarra clásica y un bajo acústico. "Cuando uno de los músicos toca el otro escucha, responde y yo contesto con la voz. Por eso se crean ambientes diferentes de un fado a otro", explica. Entablan una conversación entre músicos e instrumentos con la que propician diferentes interpretaciones. Pero aunque el concierto sirve para presentar su último trabajo, Guerreiro sabe que hay temas anteriores que al público le gusta escuchar.



La profundidad de su voz intensifica el sentido profundo que ya tiene el fado. Para ella, "es la canción del alma" porque es un canto a la vida que acaricia los sentimientos. "Hay canciones que cantan a la tristeza, a la alegría e incluso a la ironía", confiesa. Por eso, cuando le preguntan si se siente más cómoda en la parte alegre o en la triste, responde que en ambas. "Sobre el escenario soy muy verdadera y quiero ofrecer a la gente la verdad de mi alma así que tengo que cantar de todo. Es como la vida, hay días tristes y días alegres". Se trata, en cierto modo, de exorcizar el día a día con un fado afinado.



"Tengo poemas irónicos que me ofrecieron grandes escritores portugueses que describen pequeñas historias de la vida", amplía Guerreiro. Pero lo cierto es que la trayectoria de Katia Guerreiro ha dado un giro desde hace unos años. Estamos ante una de las fadistas con mayor prospección internacional pero no siempre ha sido cantante. Estudió medicina y ejerció la profesión durante años combinándola con la música.



- ¿En qué momento se decantó por la música?

- La verdad es que soy mamá desde hace casi tres años y fue el nacimiento de mi niña lo que me hizo quedarme solo con la música porque no me gusta hacer las cosas mal. Soy perfeccionista y quiero ser buena en lo que hago. La medicina es muy exigente, ser mamá también y ser cantante creo que más. Si dejara de cantar mi vida no tendría el mismo sentido que tiene. Dejé de trabajar como médico hace tres años y soy feliz así.



- ¿No lo echa de menos?

- La medicina es una vocación y creo que soy médico todos los días. Pero no es posible compartir la vida con tres pasiones tan intensas porque sino algo queda a medias. La música y, sobre todo, el fado es una manera de vivir y creo que puedo ofrecer más al mundo que como médico.



Como ocurre en España con el flamenco, en Portugal hay quien defiende el fado puro y quien lo explora, experimenta y fusiona con otros géneros musicales. "No soy purista, me gusta la tradición y la respeto pero la verdad es que el fado tiene que evolucionar", asiente. Ella trabaja con instrumentos tradicionales lo cual no quiere decir que no cante nuevas composiciones, a escritores, a nuevos poetas y, tampoco quiere decir, que "no tenga interés en hacer fusiones".



Entre esos poetas y escritores a quienes pone voz se encuentran António Lobo Antunes, Eugenio de Andrade y Fernando Pessoa. Cuenta que lee poesía y cuando encuentra algo que le gusta intenta cantarlo. "Ellos saben decir y escribir lo que nosotros no sabemos, por eso son poetas", apunta. Además de sus influencias dentro del mundo de la música que van desde la citada Dulce Pontes hasta Luz Casal. Con quien, además, prepara una colaboración. "Dentro del fado Amália Rodrigues, en la música clásica y la ópera Maria Callas, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti, en el jazz Ella Fitzgerald y de artistas más jóvenes Luz Casal".



Aunque no solo eso sino que haber nacido en Suráfrica, ser de familia angoleña y tras crecer en las Islas Azores su mestizaje le propulsa y aporta una manera diferente de cantar y abordar las canciones.



- ¿Cómo influye este mestizaje cultural en su manera de entender la música?

- Tiene una influencia enorme en mi música y en la forma de cantar e interpretar. Crecer en mitad del Atlántico con la profundidad e inmensidad de la naturaleza y la densidad del océano delante de los ojos es algo muy especial. Creo que me ha dado una forma de ver la vida y el mundo un poco diferente e intenso. Soy como los niños cuando buscan algo nuevo, se sorprenden y se enamoran de lo que ven. Soy así. Siempre que me presento en un concierto encuentro nuevo público y emociones. Mis ojos siguen brillando, el corazón quiere llorar de la belleza que estoy compartiendo y con lo que los otros comparten conmigo.



@scamarzana