Rodrigo García

Esto es así y a mí no me jodáis y Gólgota Picnic han sido algunos de sus fogonazos más recientes pero es Daisy la obra con la que recorre Europa. El próximo 29 le toca el turno a Madrid dentro del Festival de Otoño a Primavera. Rodrigo García celebra en esta entrevista que ha llegado "una nueva era a la política española".

Hay mucha provocación, mucha intensidad y mucho teatro en Rodrigo García (Buenos Aires, 1964). Se ha convertido en una figura imprescindible de la escena europea, tanto por sus creaciones como por su labor al frente del Centro Dramático Nacional de la localidad francesa de Montpellier. Sus enfoques parecen tener cada vez más ángulos abiertos. Son más poliédricos y descarnados. Nada de la realidad le es ajeno y lo demuestra en trabajos como Daisy, un aullido de una hora y 45 minutos cuya tensión dramática desembarca en la traca final del Festival de Otoño a Primavera.



-¿Diría que Daisy es un lamento, una queja de la deriva adquirida por la sociedad actual?

-Esas son conclusiones que debería o no sacar el público… o, en realidad, cada persona, porque el público no existe. Existe como un fenómeno, un grupo de ciudadanos que pagan la entrada para ver algo en el mismo sitio y a la misma hora; pero, cuando empieza la obra, son individuos. Daisy es, como todas mis obras, una poesía llena de esperanza. Al señalar al ser humano como una máquina de maldad tonta, dejamos la puerta abierta a una utópica y necesaria mejora. Chaplin no hacía otra cosa.



-¿Es necesario un teatro directo, sin concesiones en los tiempos que vivimos?

-Yo no tengo elección, ni tuve jamás elección: solo puedo hacer esto, no soy un profesional, soy un espontáneo que lleva casi 30 años sin pausa en esto de mejorar mi caligrafía. Si cada cual hace el teatro que cree que debe hacer, entonces tendríamos tantas posibilidades diferentes cuando acudimos a las salas que la cartelera sería una maravilla. Cuando todo se parece, cuando la uniformidad es la reina, cuando el artista sucumbe a modas o, al contrario, cuando se aferra uno a la tradición, entonces el sentido político se diluye y el artista trabaja en perjuicio de los ciudadanos.



-¿Por qué eligió a Leibniz y a la perrita Daisy como leit motiv de la obra?

-Ayer me detuve frente a un escaparate de una tienda de ‘esteticiens' para perros, vi juguetes y hasta joyas muy valiosas para perros y me pareció que ofrecían incluso terapias si encuentran que la mascota está triste o sufre estrés o algún tipo de depresión o shock emocional. Es natural que si existe algo así en el planeta donde yo habito, deba comentarlo, y qué mejor que bajo la mirada del autor de Tratado del entendimiento humano.



-¿Tienen algún significado simbólico las cucarachas del comienzo?

-Todo el mundo las odia. Es motivo suficiente para amarlas.



-Se ha dicho que en sus últimos textos ha trascendido el hecho moral para entrar en lo poético...

-Uno siempre trata de urdir poesía, tal vez con los años, cuando ya somos viejos, las cosas salen mejor, sobre todo si no eres un genio, como Rimbaud. Con el tiempo y las lecturas y la experiencia de vida no te dejas sorprender por los acontecimientos, dejas de juzgarlos de manera rabiosa y puedes hablar de ellos desde muchos ángulos. Eso está bien porque puedes incluso ser más cruel que tratando las cosas de manera directa.



-¿Calificaría su propuesta de radical?

-Hago un teatro clásico. Texto de principio a fin, mucho texto. Un cuarteto toca en directo Beethoven. La obra está plagada de referencias literarias, filosóficas, iconográficas… Es una obra clásica. En Francia, mis obras se llenan de adolescentes de los institutos.



-¿Cómo ha manejado el humor y la burla en este texto?

-Me río un montón en mi casa cuando escribo o en los ensayos de cosas que luego el público no ríe ni a palos. Creo que este fracaso es el ápice del humor.



-¿Qué destacaría de su escenografía? -Nunca trabajé en una "escenografía", prefiero fabricar espacios semejantes a instalaciones o poner en escena objetos evocadores. Aquí se usa el vídeo en directo para potenciar las imágenes de animales que me resultan misteriosos y son pequeños: tortugas, caracoles, cucarachas… Esas imágenes tal vez ocupan el lugar de lo que comúnmente se llama escenografía; la diferencia es que mi escenografía vive, defeca, se mueve.



-¿Entiende la provocación como estímulo, como ejercicio de libertad?

-Se trata de liberad y de imaginación. Si un grupo numeroso de seres humanos lo vive como una provocación, entonces algo está mal ya en la educación de los niños. Habría que tener cuidado. Cuidado de dejar a nuestros hijos un mundo plagado de protección policial allí donde no se necesita.



-¿Ha buscado conscientemente la fragmentación en los mensajes de la obra?

-Nunca conseguí contar una historia. No hay historias en la vida de una persona y el tiempo no es lineal.



-¿Cómo ve la sociedad y la política española?

-Nadie conoce a "la sociedad española"; las costumbres y la lengua de Bilbao, ¿qué tendrán que ver con las gaditanas? La sociedad española es en realidad un montón de culturas que se rozan, gracias al avión, al automóvil y al tren, lo que da por resultado una enorme riqueza, un paisaje cultural maravilloso. De la política puedo decir que en países tan corruptos como España han surgido movimientos como Podemos o Ciudadanos, entonces hay que celebrar que una nueva era política española ha llegado.