Vista de la exposición Viaje al centro de Subterfuge en CentroCentro.

La presente edición del Día de la Música dedica por completo su programa a los 25 años de Subterfuge, el sello madrileño que puso la escena indie en el disparadero. Al mismo tiempo, CentroCentro acoge una exposición con parte de su legado.

El origen del indie en España es difícil de rastrear. Más allá de que la etiqueta siempre ha sido confusa, pues no introduce un elemento estilístico vertebrador sino que hace referencia a una actitud frente a la maquinaria discográfica establecida (o incluso desde dentro de la maquinaria como ocurre con Los Planetas), lo cierto es que, como sucediera a finales de los 70 con la Movida, su inicio estuvo marcado por la aparición de una serie de fanzines a finales de los 80 y principio de los 90 que, de forma apasionada, trataban una vertiente de la música que no aparecía en los medios de comunicación convencionales.



De aquella amalgama de publicaciones, muy diversas también estilísticamente, se derivaron dos elementos básicos para la consecución de una escena: la creación de sellos independientes y la formación de un público interesado. De todos estos fanzines, desde la perspectiva de 2014, hay dos que destacan por la posterior influencia en el universo indie que, además, se perpetúa hasta el día de hoy: La línea del Arco, que daría lugar al sello Elephant (responsable de la edición de un disco totémico para el indie, Un soplo en el corazón de Family), y Subterfuge, germen del sello madrileño Subterfuge Records, que cumple 25 años y lo celebra por todo lo alto con una exposición en CentroCentro y con el Día de la Música dedicado por completo a su cartera de grupos.



La cita tiene lugar este fin de semana en Matadero Madrid y en el escenario comparecen bandas míticas ya desaparecidas como Australian Blonde, Sexy Sadie, Mercromina, Killer Barbies o Los Fresones Rebeldes; artistas que nacieron en el sello y posteriormente mudaron a grandes discográficas como Dover, Pauline en la Playa, Ellos o Dr. Explosión; y grupos que nutren su catálogo en la actualidad como Annie B Sweet, Corizonas, Arizona Baby, McEnroe o Neuman. Mientras, CentroCentro expone hasta el 7 de septiembre Viaje al centro de Subterfuge, un recorrido por la historia del sello a través de cartelería, objetos singulares, iconografía y proyección de videoclips en la que han participado a lo largo de los años artistas e ilustradores como Javier Aramburu, Jordi Labanda, Borja Crespo o el humorista Joaquín Reyes. "Es un claro reconocimiento", explica Carlos Galán, director fundador de Subterfuge junto a Gema del Valle.



Todo empezó en Malasaña allá por 1989. En el barrio se guardaba la esencia de todo lo acontecido en el panorama musical de la década anterior y parecía el lugar adecuado para que un estudiante de 19 años de la Facultad de Historia montase una publicación underground para ir un poco más allá y centrarse en aquellos movimientos, no solo musicales, que pasaban desapercibidos en los grandes medios. El número cero aparecía en junio. Un año después el papel ya iba acompañado de las primeras referencias discográficas. "Teníamos 19 años", comenta Galán. "Y un montón de ilusión y entusiasmo. Empezamos de manera muy inconsciente a editar, principalmente singles de grupos de amigos nuestros del barrio. Si ganábamos dinero con uno lo reinvertíamos en el siguiente o en el propio fanzine y así íbamos tirando".



Durante un tiempo las cosas se mantuvieron sin grandes cambios pero en el 93 ocurrió lo que nadie esperaba. Australian Blonde hizo chup-chup-churup-chup-chup-chup-chup-chup, la canción se coló en la banda sonora de Historias del Kronen de Montxo Armendariz y el negocio de la música independiente subió de golpe el escalón de la profesionalización. Y Subterfuge eran responsables en gran medida. "El Pizza Pop de Australian Blonde supuso el primer éxito de la nueva escena independiente", explica Galán. "De alguna manera, fue el punto de inflexión en nuestra carrera porque, a partir de ese momento, Subterfuge pasó de ser un hobby a convertirse en nuestra profesión. Abandonamos los estudios y cualquier otro tipo de actividad".



El

El éxito del grupo gijonés, que espoleó la aparición del Xixón Sound con otras bandas como Manta Rey o Yellowfinn, permitió al sello algo tan indispensable como meter cabeza en los puntos de distribución junto a las grandes discográficas. "Eramos una compañía pequeña e independiente y ademas lo eramos a mucha honra", explica el fundador de Subterfuge. "Pero teníamos ya la posibilidad de jugar en la misma liga que las grandes. Y teníamos clara nuestra propuesta: alternativa y dirigida a un público especializado". Pero si Australian Blonde fue una bendición para el sello madrileño, el siguiente éxito estuvo a punto de llevárselo por delante. Dover, el grupo de las hermanas Llanos, publicaba con Subterfuge Devil Came to Me en 1997 y, aunque su sonido rock no representaban realmente las corrientes pop y noise que dominaban la escena independiente, pasaron del absoluto anonimato a un éxito arrollador en un tiempo récord. "De repente empezaba a llegar gente rarísima por la oficina y los medios que antes nos habían cerrado las puertas ahora casi nos hacían una reverencia", recuerda Galán.



El proceso fue meteórico: sin previo aviso se empezaron a vender miles de discos, se llenó el pabellón del Real Madrid dos días consecutivos, a los tres meses acudieron 15.000 personas al polideportivo Anoeta en San Sebastián, todos los festivales y salas de concierto demandaban la actuación del grupo y en cada bolo colgaban el sold-out. Había arrancado la Dovermanía. "Siempre hemos dicho que de lo que estábamos más orgullosos era de haber sobrevivido a un éxito como el de Dover", confiesa Galán. "Nuestra preparación empresarial era limitada. Estábamos cuatro personas en un cuarto piso sin ascensor. Que no se te fuera la pinza con un éxito de esta magnitud era difícil. Pero, a pesar de algún bandazo dado, creo que supimos mantener la cabeza fría. Puede que en algún momento creciéramos demasiado pero en seguida volvimos a nuestra posición. Sabíamos lo que teníamos que hacer y cuál era nuestro papel en la historia".





Gema del Valle y Carlos Galán posan con el disco de oro de Dover por Devil Came to Me.



Durante estos 25 años por Subterfuge han pasado algunas de las bandas españolas más significativos de la escena indie, además de las ya mencionados. Recuperaron a Alaska con Nacho Canut para Fangoria, apoyaron la faceta vocal de Nawja Nimri y de Leonor Watling, iniciaron la corriente del tonti pop con Los Fresones Rebeldes y respaldaron todo el trabajo discográfico de eminencias del indie como Mercromina y Sexy Sadie. "No inventamos la rueda", explica Galán. "Pero a todo le imprimimos una dosis de actitud especial. Tratamos de dotarlo de personalidad. Nunca hicimos discos para ganar dinero, hicimos dinero para editar discos. Siempre hemos reinvertido cada duro que ganábamos en la siguiente referencia, es nuestra esencia".



Nunca hicimos discos para ganar dinero, hicimos dinero para editar discos", Carlos Galán


Pero el sello madrileño no solo es historia del indie, también un consistente presente. Su catálogo cuenta en este momento con grupos reconocidos y de futuro como Los Corizonas, Arizona Baby, Neuman, McEnroe, Annie B Sweet o The Bright. Pero si el talento se mantiene, otras cosa son las condiciones del negocio discográfico. "Ha cambiado el negocio, han cambiado los hábitos de consumo, ha cambiado la percepción sobre la música, ya no hay prescripción, ha cambiado todo...", reflexiona Galán. "Hay momentos de flaqueza y momentos de subidón, pero siempre intentamos redefinir cual es nuestro papel y cual el camino a seguir". Ahora la revolución digital ha obligado al sello a adaptar otras figuras y a desarrollar otros campos como el booking o el management de las bandas, producción de eventos y ambientacción musical para terceros y mientras ponen el ojo en el extranjero para la explotación del catálogo.



Curiosamente los dos grupos que auparon a Subterfuge Records a las ligas mayores, Australian Blonde y Dover, pronto se mudaron de casa y sus discos pasaron a ser editados por alguna de las compañías grandes y, además, no fueron los únicos casos. "Lo que pasaba es que el grupo crecía demasiado y muy rápido y pronto pensaban que nuestra estructura era pequeña para lo que querían hacer. Al principio te sienta mal, casi como en las relaciones personales o cuando te deja una chica por otro. Sin embargo, el 20 y 21 de junio grupos pasados y presentes del sello se reúnen en Matadero para vivir una fiesta. "Esto es el mejor reflejo de que lo que pasó es casi lo mejor que podía pasar".