Declan Donnellan. Foto: Julián Jaén.

Nadie trae los clásicos a la palestra contemporánea como Declan Donnellan. Tanto da si se trata de Shakespeare o de Chéjov, de Lope de Vega o Racine. Con su compañía de cabecera, Cheek by Jowl, y su socio de correrías escénicas, Nick Ormerod, ha puesto patas arriba, con la máxima efectividad y excelencia, textos como Fuenteovejuna, El rey Lear, Antígona, Falstaff o Las tres hermanas. Ahora le toca el turno a Ubu Rey (o Ubu Roi), de Alfred Jarry, una reflexión sobre la autoridad, el abuso de poder y la avaricia que este jueves llega al Teatro María Guerrero de Madrid.



-¿Cómo se planteó subir al escenario la obra de Jerry?

-Surgió de una puesta en escena de Andrómaca, que fue comisariada por Peter Brook con nueve fantásticos actores. Queríamos trabajar con ese grupo de intérpretes de nuevo. Estamos encantados con el conjunto francés y agradecidos por su afecto, lealtad y, sobre todo, por su tremendo talento. Fue maravilloso encontrarlos como un grupo homogéneo. Así que empezamos con la larga lucha de buscar una obra que encajara perfectamente con todo el equipo. Ubu nos pareció una buena opción. Otra razón para esta elección fue que, al igual que Andrómaca y otras muchas obras buenas, Ubu deja espacio para la exploración y el cambio: convivimos con las obras durante mucho tiempo mientras estamos de gira, de modo que buscamos algo que pueda estar vivo y nos desafíe.



¿Cree que Ubu Roi tiene ahora más actualidad política que nunca?

-Todas las buenas obras son políticas o contemporáneas en cierto modo. O pueden ser entendidas de esa manera. Pero antes de preocuparnos por eso, nuestra prioridad, siempre que empezamos una nueva pieza, es crear, como le digo, algo que esté vivo: eso es lo que siempre estamos buscando, ya sea en Jarry, en Racine, en Shakespeare o en Chéjov. Nuestro trabajo se desarrolla en la sala de ensayo, con los actores, con el objetivo de intentar encontrar las experiencias esenciales que se encuentran en el corazón de la pieza para proporcionarles vida.



-¿Es el instinto de sus personajes lo que hace especial el texto de Jarry?

-Es su escritura. La forma con la que nos hace conectar con nuestros instintos más básicos. En Ubu, Jarry muestra la viciosa violencia infantil que llevamos todos dentro y explora qué puede pasar cuando queremos cosas que no podemos tener e intentamos conseguirlas. Mediante sus acciones, Ma y Pa Ubu articulan esa violencia potencial: una violencia que emerge de esa parte de nosotros que, como seres humanos, nos conduce a buscar el poder, a veces el poder absoluto. Tendemos a ver su egoísmo y su brutalidad como algo infantil, fácilmente relegado al pasado cuando maduramos y nos volvemos civilizados. Tanto si escogemos reconocerlo como si no, esos deseos siguen existiendo en nosotros como adultos. Uno de los puntos fuertes de la obra es que nos conecta con esos instintos básicos. Cuando actuamos de una manera violenta somos peligrosos, pero somos igualmente peligrosos cuando negamos esa violencia.



-¿Dominar esa violencia es lo que llamamos civilización?

-Precisamente éste es uno de los temas centrales de la obra. Analiza cómo entendemos y promulgamos nuestro comportamiento "civilizado". Todos queremos ser civilizados, pero ¿qué hacemos cuando nuestros sentimientos no lo son? La civilización, muchas veces, demanda que lo ignoremos o que incluso lo neguemos. Pero hay un precio a pagar por ello. Y el precio, en ocasiones, es la locura.



-¿Cómo vive usted y su compañía la vuelta a España?

-Con una gran alegría. Adoramos venir. Y conmovidos con la tremenda acogida que nos han dado tras la representación de las obras Fuenteovejuna, The Changeling, Cymbeline o Three Sisters. Con Ubu Roi traemos algo realmente diferente.