Ferruccio Soleri.

El actor que durante más de 50 años ha representado el espectáculo emblemático del Piccolo Teatro de Milán, Arlecchino, servitore di due padroni, actúa en el Festival de Almagro, en el Corral de Comedias, hoy y mañana con Retratos de la commedia dell'Arte, un montaje en el que recorre el catálogo de personajes de este género cómico.

Casi un cuarto de siglo después de que Ferruccio Soleri conociera Almagro, cuando el Festival era un modesto empeño que se celebraba en el mes de septiembre, el gran actor italiano regresa a la ciudad de La Mancha. Pero en esta ocasión no lo hace con su compañía de toda la vida, el Piccolo Teatro di Milano, sino a cuerpo gentil, prácticamente él sólo, sin compañía, para pisar de nuevo las tablas del legendario Corral de Comedias. Lo hace, eso sí, como entonces, con su viejo camarada Arlecchino, aunque ahora el protagonismo absoluto no se lo lleve la célebre obra de Goldoni, pues el actor va a representar Retratos de la commedia dell'Arte, un montaje del que es autor junto a Luigi Lunari y que reúne en una sucesión de monólogos a algunos de los personajes que le sirven para presentar la trayectoria de este histórico teatro italiano.



Hablar de y con Ferruccio Soleri supone centrarse en Arlecchino, servitore di due padroni, un espectáculo y un personaje que, como dice el actor, le ha dado "éxito, fama y el aplauso del público"; a cambio, él ha ensañado a su personaje "a amar la vida".



Nacido en Florencia en noviembre de 1929, Soleri empezó estudiando Matemáticas y Física, pero en seguida cambió de rumbo y se matriculó en la romana Accademia Nazionale de Arte Drammatica, donde un profesor le vaticinó que sería "un grande Arlecchino", dice desde Milan en conversación telefónica. Aunque antes de que la premonición se cumpliera debió pasar por un duro aprendizaje que le llevó, en 1957, a entrar en el Piccolo Teatro donde debutó con la obra de Pirandello La favola del figlio cambiato. Cinco años después llegó el papel de su vida.



Sustituir al protagonista



El idilio comenzó sin romanticismos. Cuando en 1962 el Piccolo llegó a Nueva York la dirección del City Center Theatre de Manhattan les informó que, de acuerdo con la legislación sindical de Estados Unidos, el actor titular no podía representar todas las funciones por lo que debían contar con un sustituto para una representación por semana. Así que Soleri se enfundó por primera vez el traje de rombos y la máscara, salió al escenario y se dispuso a desempeñar el papel que desde 1947 venía haciendo Marcello Moretti.



"Estaba muy nervioso, porque, entre otros motivos, había unas partes del texto en el dialecto de Venecia que yo no dominaba", rememora muchos años después. "Pero, bueno, poco a poco fui haciéndome con el papel en medio de un silencio impresionante que duró hasta que acabó el primer acto. Entonces el público empezó a aplaudir, y ya se me pasaron todos los nervios", continúa Soleri, que desde entonces ha encarnado el papel de Arlequín en más de 1.400 ocasiones. La última en el mes de febrero pasado y la próxima lo hará tras el verano. No todas han sigo iguales. Y no porque cada función sea única, que también, sino porque el Piccolo ha hecho más de una decena de versiones de la obra cumbre de Goldoni.



"Al principio eran más teatrales, todo dependía de la técnica que tuvieras". Pero con el tiempo la mirada cambió mucho. "En las últimas ocasiones hacía un Arlecchino más circense, más acróbata, que no paraba de moverse todo el rato", continúa el veterano actor, que también ha evolucionado desde que se subió aquel día al escenario de Nueva York.



"Uno de los principales retos fue la máscara, que obliga a un trabajo difícil y duro", continúa Soleri. "Recuerdo que, al principio, Strehler me reprendía: ‘Ferruccio, Arlecchino está contento y tú no, lo está tu voz, pero no tu cuerpo'. La expresión del rostro queda escondida por la máscara pero, con mucho trabajo, he aprendido a transferir la expresión de mi cara a todo mi cuerpo".



El actor, también, tuvo que aprender a trabajar otras técnicas, como la improvisación, una de las madres de la commedia dell'Arte. Es un género totalmente popular, lo iniciaron actores que iban de pueblo en pueblo representando una serie de sucesos y personajes arquetípicos a los que les hacían decir unos diálogos creados sobre la marcha y que variaban de un lugar a otro en función del público. Así se convirtió, de nuevo con Strehler detrás, en un maestro de la improvisación, técnica que sigue empleando cada vez que se sube a un escenario y que le sirve, además, para "no aburrirse", confiesa entre risas, y para "provocar al público", que le sigue con una gran devoción en todas partes.



La clave está en que Arlecchino es "un personaje naif, un adulto de cuerpo, pero con la cabeza de un niño que cree poder servir a dos patrones cuando eso no puede ser", explica Soleri mezclando el italiano con el español. "Y por eso gusta tanto precisamente, porque cada hombre tiene ganas de ser auténtico, pero no puede porque la vida se lo impide. Sin embargo, Arlequino, con toda su ingenuidad, lo consigue". Y alcanza su objetivo aunque para ello tenga que pasarlas de todos los colores.



En Almagro Soleri interpretará a su personaje de siempre. Pero no sólo al Arlequín, pues el actor ha confeccionado un programa que recorre el catálogo de los personajes de la commedia dell'Arte. Por el escenario del Corral de Comedias pasarán compañeros de aventuras, como Zianni y Brighella, además de otros de más alcurnia, caso del no muy ejemplar militar español Capitán Matamoros (como ha sido presentado durante años en castellano), el Doctor y Pantaleón, "el viejo avaro y un poco libidinoso" al que se le van los ojos y las manos detrás de las jóvenes sirvientas.



Sin compromisos



Gran parte de ese recorrido lo vivió Soleri de la mano de Giorgio Strehler, personaje fundamental en la historia del teatro italiano y mundial que fundó el Piccolo en 1947. Su relación con il piu grande fue larga y complicada. El legendario director de la compañía milanesa era una persona de genio con el que el actor chocó en varias ocasiones. "Tres veces me fui porque no era fácil de carácter", explica, aunque siempre volvió, hasta alcanzar los 35 años juntos en una relación que sólo finalizó con la muerte del primero.



Desde entonces han pasado ya otros quince años en los que el teatro milanés, y la cultura en general, ha cambiado mucho. A Soleri la situación no le gusta. "Vivimos en una época sin compromisos y así no se puede vivir", explica. "Para hacer algo hoy en día debes contar con el apoyo de las personas con dinero o de los partidos políticos", se lamenta una de las personas con más autoridad para subirse al escenario del Corral de Comedias de Almagro y empezar a desgranar los monólogos centenarios del teatro de hace varios siglos.