Pepe Viyuela y Teté Delgado son Rodolfo y Petrita en El pisito, que llega este jueves al Canal.

Pepe Viyuela concede enseguida la licencia para hablarle de tú y juega a la cercanía como cercanos son sus personajes. Estos días tiene una buena nueva. Y una mala. Empezando con la mala, a partir de este jueves desaloja El Pisito en el que ha cohabitado dos años con Teté Delgado y Asunción Balaguer gracias al montaje sobre el texto de Azcona dirigido por Pedro Olea. La buena es que el lugar de la despedida les hace: es volver a Madrid y es decir adiós sobre las tablas del Canal. "Nunca he trabajado allí y me apetece mucho, tengo esa sensación de la primera vez y eso deja un regusto bueno a la hora de cerrar estos dos años de alegría constante que hemos vivido con este texto maravilloso".



El actor considera que el montaje no ha sufrido erosión alguna a pesar mantenerse tanto tiempo girando, todo lo contrario, cree que ha ido creciendo y que el equipo ha tejido "vías de comunicación" que hacen que las palabras fluyan y que las situaciones y la propia función se enriquezcan. El propio director les ha dado, en este sentido, su bendición. "Tan contento ha quedado Olea que, aun siendo más de cine que de teatro, nos ha dicho que quiere seguir trabajando en este medio, que El pisito le ha abierto el apetito", señala el intérprete a un día del estreno en Madrid.



En plena crisis, mantener en activo una obra durante dos años no es tarea fácil. A juicio de Viyuela, este proyecto ha perdurado gracias a la genialidad del propio texto de Azcona. "Ten en cuenta que la idea de El pisito la extrae Azcona de una noticia en un periódico, la transforma en libro, de ahí escribe una película que es un clásico del cine español y, más tarde, una obra de teatro. Eso dice mucho de la grandeza del texto. De aquí a que salga otro literato como él tendrá que pasar mucho tiempo. Azcona es un clásico". De la labor del guionista fallecido en 2008 Viyuela ensalza también la universalidad de sus temas, que a su juicio nos tocan de una forma "simple y profunda" más allá de lo hilarante de las anécdotas que sostienen esta asainetada historia.



El Pisito narra la peripecia de Petrita y Rodolfo, novios insolventes que, debido a su situación económica, no pueden casarse. Como vértice aparece doña Martina, una anciana propietaria de un inmueble con la que Rodolfo deberá casarse para, una vez muera ella, heredar su propiedad. Y, sin embargo, esta anécdota que Azcona emplea para hablar "del interés universal de alcanzar objetivos", conserva asimismo actualidad (encontrar piso, esa ardua tarea del siglo XXI) y frescura: "Podría haberse quedado antigua, pero, al contrario, estas situaciones se dan también hoy, solo que doña Martina, en vez de por una persona, estaría encarnada por una entidad bancaria. La pareja de novios podría estar constituida por dos jóvenes en paro humillados por el trato de los bancos. Pero, no sé, yo no soy Azcona y puede que me equivoque. En cualquier caso, lo importante es esa capacidad suya para mirar dentro del ser humano y crear algo universal desde lo anecdótico. Es una obra que difícilmente desaparecerá, interesará como pueden interesarnos las tragedias de Sófocles".



Tras dos años interpretando a Rodolfo, Viyuela cree haber creado un personaje profundamente propio aunque, reconoce, algo le debe a la inolvidable actuación de López Vázquez en la película de Ferreri: "Nadie hace nada desde cero y siempre le he profesado una gran admiración, así que inevitablemente se quedan prendidas algunas cosas. Eso sí, he huido de la imitación, porque cada actor tiene su código y porque haberlo intentado habría resultado tan chusco que me habría caído con todo el equipo.



Preguntado sobre si su versión de este personaje será recordada, el actor opta por la modestia: "En el teatro las cosas permanecen menos que en el cine, pero eso es parte de su encanto. En el futuro podrán leer las críticas que tuvo mi interpretación, pero nadie podrá corroborar si fue buena o mala". ¿Y cómo sería un remake de la obra de Azcona? ¿Por qué si la industria internacional del cine no hace otra cosa que desempolvar los clásicos España no hace lo propio con los suyos? En el caso de El pisito, Viyuela lo tiene claro: "Adaptarlo a la actualidad para una película requeriría tener un guión distinto que habría que mirar muy bien. Tendría más sentido rehacerla tal cual se concibió, porque es en ese periodo -finales de los años cincuenta- donde la historia de Azcona cobra fuerza incluso hoy día".



Tras decir adiós a los dos años de residencia en este apartamento tan español, Viyuela continuará con el teatro, que nunca ha dejado a pesar de las exigencias de la serie Aída, que continúa protagonizando. "El teatro ha sido y será lo que me da de comer, la televisión siempre me ha resultado algo pasajero, que algún día acabará", asegura. De esta forma, entre sus próximos proyectos, y con la misma productora, está la inmediata incorporación al montaje de Los habitantes de la casa deshabitada, de Jardiel Poncela y, más adelante, la recuperación de una pieza de Edgar Neville, cuyo teatro, condena, está algo arrinconado: "Hay que recuperar a estos grandes autores españoles que, aunque no estuvieran en el lado que nos gusta, tenían una gran capacidad para crear personajes es historias".