Léa Seydoux y George MacKay en 'The Beast (La bestia)'. A la derecha, su director, Bertrand Bonello. Foto: Carole Bethuel

Léa Seydoux y George MacKay en 'The Beast (La bestia)'. A la derecha, su director, Bertrand Bonello. Foto: Carole Bethuel

Cine

Bertrand Bonello estrena 'La bestia': "Es difícil mantener la cordura, todo está hecho para darnos miedo"

A partir de un relato de Henry James, el director narra la historia de dos personajes que se encuentran en distintas épocas, desde 1910 a 2044.

27 marzo, 2024 14:09

Una pareja de potenciales amantes se persigue de fiesta en fiesta a través del tiempo. La escena comienza en una fiesta de la aristocracia en 1910, continúa en 2014 en Los Ángeles con el protagonista convertido en un incel (esos hombres que odian a las mujeres porque no les resultan atractivos) y culmina en 2044, en un futuro robotizado en el que vivimos en una especie de “mundo perfecto” de Huxley en el que estamos obligados a ser felices.

Léa Seydoux (Gabrielle) y George MacKay (Louis) protagonizan The Beast (La bestia), una película sobre un hombre y una mujer que se desean pero nunca son capaces de consumarlo. Según el director Bertrand Bonello (Niza, 1968), esta es una historia sobre el “miedo a amar”.

Basada en una novela corta o relato largo de Henry James homónimo (del que curiosamente se estrenó una versión muy diferente hace pocas semanas, La bestia en la jungla), la película aborda en clave filosófica y casi sociológica no solo esa “historia de amor fallida”, como dice el director, también grandes asuntos del mundo contemporáneo como la soledad, la relación con la tecnología o el propio miedo como estado permanente de confusión moderno.

Cineasta de mucho prestigio e insobornable, Bonello también ha triunfado en España con películas muy personales como Casa de tolerancia (2011) o Saint Laurent (2014), biopic del famoso diseñador. Filmes que, como explica él mismo, parten de lo real para ir ahondando en un artificio cada vez mayor con imágenes de gran carga simbólica. El director cita entre sus referentes para The Beast títulos como La edad de la inocencia de Scorsese o El resplandor de Kubrick. 

Pregunta. ¿Cómo surge rodar esta adaptación?

Respuesta. Es un libro que he leído mucho pero nunca pensé hacer una película a partir de él. En un momento dado quise hacer una gran historia novelesca melodramática y eso me llevó a la novela. El argumento es de una belleza tal que nunca podría haberlo encontrado. Habla del amor y del miedo, dos sentimientos muy ligados. He explotado la novela, en las épocas, las edades… guardando siempre esa idea del amor y el miedo.

P. ¿Quería ser muy libre en su adaptación?

R. He sido muy fiel e infiel. He sido muy fiel al argumento del libro al principio de la película, donde hay una larga escena de baile en 1910 y todos los diálogos son de Henry James. He sido muy infiel, sin embargo, a la hora de explotar el libro para explorar otras temáticas y otras épocas. 

P. En la película vemos a los dos personajes en tres momentos históricos diferentes. ¿Cree en la reencarnación?

R. La reencarnación no es algo en lo que crea mucho, ni el budismo. Lo que sí creo es que llevamos en nosotros traumas ancestrales de los que quizá no somos conscientes. Esta manera de filmar algo tan difícil como la vida interior de los personajes me permitía mezclar épocas y trabajar con personajes que se relacionan entre sí a pesar de esos cambios. Y a la vez que dialogan entre ellos, cada uno es también producto de su época. La Gabrielle (Seydoux) de principios del siglo XX es hija de su tiempo como lo es la de 2014 o la del futuro. Y aunque seas una persona de 50 años, eres también un producto de los 80. Hoy vivimos un momento en el que es difícil mantener la cordura. 

P. ¿Por qué?

R. Actualmente vivimos un tiempo tan caótico que es difícil no tener miedo. El miedo es realmente el sentimiento que atraviesa todas las épocas y la propia película. Todos los personajes tienen miedo de algo pero no saben de qué. Y hoy todos tenemos miedo de algo. Es el lugar en el que The Beast es más contemporánea. Tenemos miedo a la guerra, al terrorismo, al paro… Todo está hecho para darnos miedo y paralizarnos también.

Léa Seydoux en un momento de 'The Beast (La bestia)'

Léa Seydoux en un momento de 'The Beast (La bestia)'

P. La protagonista se enfrenta a un proceso de “sanación emocional” en 2044 para quitarse sus miedos y traumas, pero también siente que pierde parte de su humanidad. ¿La idea de estar “bien” nos quita esos sentimientos negativos que también nos hacen humanos?

R. En el año 2044 ella debe decidir entre tener un trabajo interesante o mantener sus emociones. Eso es una forma de deshumanización. El miedo nos mantiene vivos, lo vemos en los animales, les hace estar alerta. Esa escena es de ciencia ficción, pero nos permite hablar del personaje.

P. Esa idea de ser la “persona perfecta profesional” pero deshumanizada también se expresa en la imagen de la muñeca que se repite varias veces.

R. Una muñeca no tiene expresión, no sabemos qué piensa realmente. En una escena Gabrielle interpreta a una muñeca en el salón de té, es un momento emocionante, está bellísima pero luego nos da miedo porque no sabemos lo que piensa. Hay muchas muñecas en La bestia, como las hay en muchas de mis otras películas. Es un elemento que me gusta mucho. Es un símbolo de muchas cosas. Nos conduce a la infancia y también es terrorífica, por eso hay muchas en las películas de terror.

»La relación del ser humano con la tecnología ya está conllevando una deshumanización. Para empezar, hay una soledad enorme. En 2014, Gabrielle está siempre conectada con su ordenador y su iPhone pero está siempre sola. Esa paradoja de la conexión permanente y la soledad es muy importante en la película.

P. La “bestia” del título se refiere a lo contrario: la aparición del amor, la pasión, el desorden. ¿Preferimos deshumanizarnos a perder el control?

R. Esta es una historia de amor o más bien una fallida historia de amor con un retorno trágico. La historia no funciona la primera vez, ni la segunda, ni la tercera… El fracaso es importante también. Hace falta triunfar pero también fracasar. Hay un miedo a abandonarse, es algo que ella no sabe en 1910 ni en 2014 y después en 2044, cuando comprende que la bestia es precisamente eso, ya es demasiado tarde. Toda la vida consiste en ese equilibrio entre protegerse y arriesgarse. Cuando amamos, por supuesto que podemos perderlo todo, pero también es lo que nos hace sentir vivos.

P. El personaje de Louis se convierte en un incel en 2014. ¿Quería tratarlo con ternura?

R. Esto viene de un verdadero tipo que se llamaba Elliot Roger y que en 2014 registró un vídeo en el que insultaba a mujeres y las amenazaba. Después cometió una masacre y mató a seis personas. Cuando vi ese vídeo me marcó mucho por la calma, las palabras que utiliza… Buscaba cómo mostrar el miedo a amar en 2014. Él dice “ninguna mujer me quiere, por tanto os odio y voy a mataros”. Hay algo que no consigue decirse y es “tengo miedo de abandonarme”. A pesar de ese vídeo atroz hay un chico perdido que tiene miedo de amar.

George MacKay y Léa Seydoux en 'The Beast (La bestia)'. Foto: Carole Bethuel

George MacKay y Léa Seydoux en 'The Beast (La bestia)'. Foto: Carole Bethuel

P. ¿Cómo quería plantear ese 2044?

R. Cuando hacemos una película sobre el futuro, con frecuencia es una manera de hablar de nuestros miedos del presente. Por supuesto que esta relación entre la tecnología y lo humano es más contemporánea que nunca en pleno debate sobre la inteligencia artificial, cómo vamos a gestionarlo políticamente, moralmente… El humano quiere dominarlo todo y tiene miedo a ser dominado.

P. ¿Es la IA una competencia para los creadores?

R. Pedí a una aplicación de IA que escribiera un guion al “estilo de Bertrand Bonello” y en diez segundos ya lo tenía. Hay algo genial en esto y no es absurdo. No creo que la IA sea capaz de hacer poesía aún, pero quizá en tres años sí. Quizá nunca será capaz de crear una gran obra maestra con una mirada única, pero escribir el capítulo X de la serie X, pues sí. Mañana puedo hacer una película con Marlon Brando…. ¿Por qué no?

P. ¿Existe una película “al estilo Bertrand Bonello”?

R. En cualquier caso, supo hacerlo. Buscó la información y en diez segundos ya lo tenía.

P. ¿Como por ejemplo el artificio?

R. El artificio para mí es importante. Me gustan las películas que comienzan de manera realista y poco a poco se van alejando de la realidad. Y el subconsciente es una inspiración, claro. No sé el porcentaje, pero debe andar alrededor del 50% de conciencia y 50% de inconsciencia cuando hacemos cualquier cosa.

P. ¿Cómo se plantea las escenas en la discoteca?

R. Me ha gustado mucho filmarlo. Son lugares cerrados y encuentro muy bello observar a la gente bailar. Es algo muy impúdico y un actor que baila dice mucho de su personaje e incluso de sí mismo. Me parece más impúdico que una escena de amor. Los clubes son oscuros en parte por eso, expresamos algo muy íntimo.

P. ¿Cree que es un director para minorías selectas?

R. El problema es que en Francia tenemos un mal cine comercial. En Estados Unidos es distinto. De manera que creo que hay demasiadas concesiones a hacer cuando traspasas determinados presupuestos. No voy a hacer blockbusters.  

»Amo la sala y la experiencia del cine. Si puedo continuaré haciendo películas para cines. Hay algo que no podemos experimentar en casa. Las plataformas en Francia son nulas. En Estados Unidos es diferente porque los estudios no hacen más que blockbusters de superhéroes. Así que muchos grandes cineastas como Scorsese o David Fincher no tienen más remedio que recurrir a las plataformas. En Francia es diferente pero aún podemos rodar para salas. Comprendo su necesidad. Las plataformas son un flujo basado en algoritmos que deciden qué tienes que ver. Es un poco terrorífico.

P. En la parte ambientada en 2014 vemos vídeos de YouTube y llamadas por Zoom. ¿Qué es una imagen cinematográfica cuando estamos rodeados de ellas?

R. Es una cuestión complicada. Estamos invadidos por imágenes por todos los lados. ¿Cómo hacer para que una imagen no sea una imagen de más? No es una diferencia de calidad, entre imágenes menos perfectas de YouTube o el teléfono y otras que se hacen con cámaras de 35 milímetros. En la película lo que intento es que esas imágenes de redes sociales menos elaboradas que forman parte de nuestra vida cotidiana se conviertan en imágenes cinematográficas. Creo que finalmente una imagen de cine es una imagen pensada.

P. ¿Qué es más importante en una película?

R. La dirección es lo que me emociona, de allí viene la emoción. Por supuesto hace falta que salgan los actores, pero la dirección es la clave. Ensayo mucho y es el momento que me gusta más, cuando la película comienza a estar viva después de haberla trabajado tanto tiempo en mi despacho y tenerla en mi cabeza.

P. ¿Cómo fue rodar con Léa Seydoux y George MacKay?

R. Son dos actores opuestos. George MacKay trabaja a la inglesa, con mucha antelación, y tenía necesidad de saberlo todo, de comprenderlo todo. Me mandaba unos mails muy largos con preguntas muy específicas. Después tuvo que aprender francés porque no lo hablaba. Léa Seydoux por el contrario tenía miedo de la intelectualización y un exceso de racionalización. Ella quería comprender la escena mientras la actuaba. Con lo cual eran dos procedimientos distintos. Uno muy preciso, con muchas explicaciones, y la otra, con pocas palabras. Me adapté a sus necesidades.

P. ¿Qué referentes cinematográficos tuvo para la película?

R. No tuve referentes generales pero si vi varias películas antes de rodar. Vi La edad de la inocencia (1993) de Martin Scorsese y una película no muy conocida de 1979 que se titula Llama a un extraño, de Fred Walton, en la que sale una niñera en una casa y hay un teléfono que suena todo el rato. Y pensé mucho en El resplandor (1980) de Kubrick.