La primera vez que Ira Sachs (Memphis, Tennessee, Estados Unidos, 1965) vivió en París era un estudiante de poco más de 20 años. No hablaba francés ni tenía amigos, así que frecuentaba el cine entre dos y tres veces al día. En tres meses, vio 197 películas. Le cambió la vida.



“En los setenta, mi padre me había llevado a ver El justiciero de la ciudad (Michael Winner, 1974), La conversación (Francis Ford Coppola, 1974), Tarde de perros (Sidney Lumet, 1975)... Películas así. Pero nunca había visto a Cassavetes, a Pialat, a Minnelli, a John Ford, a Chantal Akerman..”, especificaba en Mallorca, durante el pasado Atlàntida Film Fest, donde presentó Passages, coescrita junto a su colaborador Mauricio Zacharias.



Sachs mantiene una civilizada familia a tres en Nueva York con su marido, el pintor Boris Torres, y la documentalista Kirsten Johnson, madre de sus gemelos. La directora de Derrida (2002) y Darfur Now (2006) vive en el apartamento contiguo al del matrimonio, a quien le une una crianza compartida sin vínculo de pareja.



En Passages, el protagonista es también un carismático director de cine, pero egoísta, petulante y caprichoso. Al arrancar la película inicia un fogoso romance heterosexual al que hace oídos sordos su marido. Esta radiografía sentimental de un triángulo

de amor tóxico se estrena este 1 de septiembre.



Pregunta. Su película fue clasificada inicialmente para menores de 17 años, pero su distribuidor, MUBI, criticó a la junta de calificaciones por marginar las representaciones honestas de la sexualidad. ¿Cómo lo ha vivido?



Respuesta. Existe una represión conectada con el capitalismo y la comerciabilidad a nivel global que también influye en las imágenes que hacemos. En el pasado había una mayor independencia en la industria del cine, había más individualidad. Cuando necesito recordarme que tengo permiso para realizar las secuencias que quiero, he de retroceder a los años setenta y parte de los ochenta.

P. Franz Rogowski y Ben Whishaw nos contaron que cuando los presentó les dejó solos en un bar para que interactuaran. ¿Es su método para facilitar la complicidad entre sus actores?



R. Sí, lo he hecho a menudo. Para ellos fue una sorpresa. Quiero que los actores desarrollen un lenguaje propio, que sea único para ellos y del que yo no forme parte. No quiero convertirme en un tercero, no quiero provocar un triángulo. La película ya muestra cuáles son los problemas de una relación a tres (risas).



P. Las escenas de sexo están rodadas con luz, sin penumbras ni montajes. ¿Ha trabajado con coordinadores de intimidad?



R. No. Mi sensación es la de estar trabajando con una coreografía que luego es improvisada por los actores. El 90% de esta película es guion y el resto es improvisación emocional, porque nunca han ensayado. Las escenas de sexo están previstas pero son improvisadas. Sus actuaciones me han resultado fascinantes. El sexo resulta difícil en la gran pantalla.



P. La principal escena está rodada en una toma fija, sin cortes. ¿En qué medida está en deuda con Eric Rohmer?



R. Lo paso muy mal en la fase de edición. No comprendo el montaje. Como se puede ver en el cine de Rohmer, no soy el primero en tener problemas con la pregunta de cuándo y por qué mover la cámara. Así que la cámara adopta una posición fija, observando la acción y el movimiento, pero no convirtiéndose en un tercer actor. Creo que eso crea intimidad.

“Hay mucho placer en el público cuando se identifica con personas que se comportan de manera antisocial”

P. ¿Es el filme una advertencia contra el narcisismo?



R. No. Diría que todos los protagonistas de Passages tienen deseos y van a hacer casi cualquier cosa para hacerlos realidad. Así que se privilegian a sí mismos sobre los demás. El drama surge, por tanto, de la ausencia de algo importante para un personaje y de lo que hace para conseguirlo.



P. Franz tiene un aire a Roy Scheider en All That Jazz (Bob Fosse, 1979). ¿Es intencionado?



R. Comparten estilismo. Joe Gideon es diabólico, pero también es superdivertido. Franz y yo también hablamos mucho sobre James Cagney. Me resulta raro que la gente me pregunte por qué he creado un personaje tan mezquino. Yo les devuelvo la pregunta, ¿qué es el drama, si no?



P. ¿A qué cree que responde nuestra fascinación por estos personajes?



R. En un top psicológico estarían en la cúspide. Personajes así liberan deseos que no podemos hacer realidad. Hay mucho placer en el público cuando se identifica con personas que se comportan de manera antisocial.