Elaborada a partir de los anhelos de libertad y las pulsiones de muerte de la juventud colombiana actual, Anhell69, ópera prima de Theo Montoya, se inaugura con la siniestra estampa nocturna de un coche fúnebre que transita las calles de Medellín.



Sobre la imagen, la aterciopelada voz en off del cineasta marca el tono entre enrabietado y melancólico por el que se deslizará este manifiesto generacional disfrazado de inspirada docuficción. “No decidí nacer; nunca me lo preguntaron; fui arrojado al mundo”, afirma Montoya antes de dar paso a viejos registros televisivos que evocan la violencia en la Colombia dominada por el narcotráfico.



En la secuencia de imágenes de archivo, resulta imposible no reconocer al más icónico de los narcos colombianos, algo nada gratuito en cuanto que, según afirma la voz en off de Montoya, “nací dos años después de la muerte de Pablo Escobar… No conocí a mi padre… Soy hijo de una generación criada por mujeres”.

Así empieza a tomar forma el réquiem fílmico que pone en escena Anhell69, una película afincada sobre un vacio en el que la memoria de la pérdida, vinculada a la experiencia de la orfandad, se engarza con la alarmante sensación de ausencia de un futuro posible.

El núcleo emocional se sitúa en 2017, tras el acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc



A medio camino entre el estudio sociológico y el ejercicio de lirismo fílmico, Anhell69 fija su núcleo emocional en 2017, un año después de la firma del acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las FARC. Por aquel entonces, Montoya estaba preparando la realización de una película distópica, titulada Anhell69, en la que Medellín era conquistada por los fantasmas de las víctimas de la violencia armada, espectros que despertaban el deseo sexual de los jóvenes del lugar.



Sin embargo, aquel filme metafórico, que perfilaba una clara alegoría sobre la disolución de las fronteras de género sexual, se vio truncado por la muerte del que iba a ser su protagonista, el joven Camilo Najar.



Ante el fallecimiento de quien fuera su musa –Anhell69 era el nickname de Instagram de Najar–, y ante la desaparición de otros amigos en una trágica oleada de sobredosis y suicidios, Montoya decidió convertir el proyecto ficcional original en una suerte de híbrido de documental testimonial y fábula poética.



Así, las sesiones de casting filmadas en 2017 –que retratan la vulnerabilidad y desconcierto de una comunidad LGTB golpeada por las drogas y la discriminación– se entrelazan con nuevas imágenes documentales de protestas antigubernamentales, escenas fantasmales que Montoya quería filmar, y fragmentos de dos películas que inspiraron al cineasta: Pura sangre (1982), de Luis Ospina, y Rodrigo D (1990), de Víctor Gaviria.



Sin dar la espalda a las paradojas que configuran el presente de Colombia –un joven afirma que “Medellín es la meca de la homosexualidad y sigue siendo la meca de Escobar”– y navegando con libertad por un amplio abanico de formas cinematográficas, Theo Montoya logra su objetivo de convertir Anhell69 en “una película sin fronteras, sin género, una película trans”. 

Dirección y guion: Theo Montoya. Intérpretes: Alejandro Hincapié, Camilo Machado, Alejandro Mendigaña, Camilo Najar. Año: 2022. Estreno: 26 de mayo