Destilando su esencia, el verano está en La escapada (1962). El clásico de Dino Risi nos conduce, con el fanfarrón Bruno (Vittorio Gassman) al volante, en un trayecto circular por el ferragosto de Roma y sus alrededores para recorrer las distintas sensaciones y sentimientos de la época canicular: vacío, soledad, nostalgia, deseo, viaje, familia, aventura, romance, sensualidad, amistad, música, alcohol y noches sin dormir, mar, ciudad y montaña…



Una jornada de descubrimiento interior (remarcando las voces de los protagonistas) que es sobre todo el del apocado Roberto, estudiante de Derecho interpretado por un joven Jean-Louis Trintignant, máscara de la tragedia por venir, fascinado y repelido a partes iguales por la energía, la vulgaridad, la intuición del seductor y enigmático Bruno que, en gran medida, le abre los ojos a sus propios deseos.

La vida se detiene en el verano, pero no el tiempo, materia prima del cine que parece nacido para atrapar la sensualidad de los cuerpos

La emblemática crónica de Risi resulta realmente insuperable como esencia destilada del estío y sus bochornos. En cierto modo establece como lugar de paso las amistades estivales imposibles, que llegan hasta la encantadora animación de Disney / Pixar del año pasado, Luca (2021, Enrico Casarosa), en la que un niño se hacía amigo de un monstruo marino de las aguas italianas.



Ciertamente, el memorable viaje al final del verano en el Lancia del infausto Bruno sirvió como esquema para las múltiples variaciones replicadas en innumerables películas italianas a lo largo de los años sesenta, ejerciendo de señuelo espiritual de otros relatos en torno a los pegajosos días de agosto.



Se sumaba a su vez Dino Risi al legado neorrealista y la célebre commedia all’italiana de Domingo de agosto (1950) de Luciano Emmer –que también concentraba el verano en uno de sus días festivos, San Gaetano, 7 de agosto, en la masificada playa de Ostia– o de La playa (1954), dirigida por el gran Alberto Lattuada –que a partir de Guy de Maupassant propuso un ácido retrato de la hipocresía social en un balneario de la Riviera italiana–, llevando como ellos la exploración social por la vertiente amarga del humor y el humanismo.

'Domingo de agosto' (1950)

Y ambas son agridulces. La de un cine de prosa, aventurero y ligero, que se quiere popular, bullicioso, divertido y social al tiempo; y la de otra suerte de relato más introspectivo, de crisis interiores y pesquisas estéticas, en contacto con las sensaciones y el paisaje veraniegos. Resulta curioso, vista hoy, que La escapada pueda por momentos adscribirse a una u otra corriente.

De hecho, la comedia de Risi autoproclama en sus primeros compases el tono y movimiento perpetuo en oposición al cine de Antonioni que por entonces abría otro linaje (más existencialista) en las imágenes quemadas por el ferragosto, y si bien el vacío urbano del principio de La escapada se espeja a su modo en el vacío urbano del final de El eclipse (1962) –Bruno le dice a Roberto que la película de Antonioni le hizo dormir–, ambos utilizan la metrópoli desierta con fines estéticos y narrativos muy

distintos.



La vida se detiene durante el verano pero no así el tiempo, materia prima del arte cinematográfico, que parece nacido para atrapar la sensualidad de los cuerpos y el ritmo de las horas del estío. En Vacaciones de Ferragosto (2008), tras escribir el guion de Gomorra (otro relato “veraniego” en el límite de la crónica social), Gianni di Gregorio dirigía y protagonizaba su magnífico debut tras la cámara, una farsa cálida, absurda y tierna, protagonizada por actores no profesionales, que ponía su foco en las ancianas de Roma dejadas a su suerte durante la gran escapada

del festivo italiano, en el que todas las familias abandonan la ciudad.

'Vacaciones de ferragosto' (2008)

En el nuevo siglo, bajo otros parámetros y a veces en los mismos paisajes, diversos autores han seguido la estela italiana para sofisticarla, resignificarla o incluso enmendarla. El cine italiano, o más bien el cine que viaja por Italia como destino turístico, sigue hoy ofreciendo no pocos hitos, si bien el origen de muchos de ellos, o el linaje al que adscribirlos, sigue pasando bajo sentencia de muerte por Roberto Rossellini y su Viaggio in Italia (1954), verdadero nido de itinerarios estivales emprendidos por cineastas no europeos, de Estados Unidos a Japón.



El viaje de Ingrid Bergman y George Sanders en Te querré siempre (1954) ha sido el caldo de cultivo de dos directoras europeas primordiales como son la alemana Maren Ade y la británica Joanna Hogg. Esta última, que se ha revelado a la cinefilia en los años recientes con el magistral díptico The Souvenir (2019-2021), debutó en Unrelated (2008) con la crisis sentimental de una mujer atrapada en un matrimonio infeliz, que decide sumarse a las vacaciones familiares de una amiga en una gran villa Toscana, para encontrar una fuga al hedonismo y la sensualidad en el hijo adolescente de su amiga, interpretado por un jovencísimo Tom Hiddleston.



A su vez, quien estaba llamada a reformular la comedia de autor europea con Toni Erdman (2016), acompañó en Entre nosotros (Alle Anderen, 2009) a una pareja aparentemente feliz en su viaje turístico por el Mediterráneo para emprender su propio viaje rosselliniano a las indeterminaciones del corazón.

Y al año siguiente, el poeta iraní Abbas Kiarostami demostró en Copia certificada (2010), en connivencia con Juliette Binoche y el barítono William Shimmel, que aún había mucho que desentrañar, bajo la poética del simulacro, respecto a las lecciones del italiano de cómo filmar la ruptura emocional con el viaje en coche por las carreteras italianas.

Ciudad y campo, las dos caras del estío

Imágenes de 'La gran belleza' (Paolo Sorrentino, 2013) y 'Call Me By Your Name' (Luca Guadagnino, 2017)

Vagar por una felliniana Roma con Jep Gambardella (Toni Servillo), hortera consciente, esteta insobornable y cínico implacable, o vivir el primer amor en una exuberante Lombardía, como Oliver (Armie Hammer) y Elio (Timothée Chalamet). Difícil elección. En La gran belleza (2013), Sorrentino invita a conocer una Roma vulgar, en inenarrables fiestas y performances, y sublime, con esos mágicos paseos nocturnos. En Call Me By Your Name (2017), Guadagnino prefiere la calma de los palacios veraniegos, donde las rutas en bici, los baños y el turismo estimulan el deseo de los personajes.

'La gran belleza' está disponible en Filmin y Movistar. 'Call Me By Your Name' puede verse en Netflix.