La batalla del lago Changjin, la película más cara en la historia del cine chino y la más taquillera, por delante de los grandes éxitos de Hollywood, llega a nuestras pantallas mientras en febrero de este año se estrenaba en China su secuela, firmada por el mismo impresionante equipo de realizadores: Chen Kaige, figura señera de la Quinta Ola del cine chino, autor de la prestigiosa Adiós a mi concubina (1993) –que se quedó sin Óscar gracias a Belle Époque– y Dante Lam y Tsui Hark, dos grandes del cine de acción de Hong Kong. Uno de ellos, Tsui Hark, prácticamente su reinventor en los años 80 del siglo pasado.

Tres talentos conocidos y reconocidos en Occidente que se han puesto directamente al servicio de su gobierno, con una película encargada por el departamento de propaganda del Partido Comunista chino, dentro de las celebraciones de su centenario. No hay excusas, ni disimulos: La batalla del lago Changjin es pura y dura propaganda, que responde a décadas de filmes bélicos de Hollywood y a la actual situación geopolítica, reafirmando el poderío chino ante su público, frente a los desafíos de Estados Unidos, lanzando una afilada advertencia a los poderes occidentales: los chinos ya vencieron una vez al coloso yanqui. Pueden volver a hacerlo.

Para el espectador occidental, La batalla del lago Changjin tiene algo de anomalía. Con excepción de alguna cinta trasnochada, como Pearl Harbor (2001), ni los Rambos ni superproducciones como Salvar al soldado Ryan (1998) o Cuando éramos soldados (2002), llegan al absoluto desprecio por la verosimilitud de la película china. No se nos ahorra ni un tópico: la deshumanización caricaturesca del enemigo, la hermandad, buen humor, amistad y sacrificio de los soldados chinos; la muerte de sus heroicos combatientes, mientras los enemigos son acribillados como personajes de videojuego.

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¿Ridículo?

Aquí vemos a los miembros de la Séptima Compañía del Ejército Voluntario de Liberación compartir una patata renegrida a 40º bajo cero; allí, los soldados estadounidenses celebran Acción de Gracias devorando pavo. Aquí, el Gran Líder reflexiona estoicamente ante la inevitable guerra; allí, McArthur, como el Gran Moff Tarkin de Star Wars, ladra baladronadas sobre la superioridad de su ejército. ¿Ridículo? A veces. Pero no mucho más que tantas películas bélicas americanas producidas en pleno conflicto, desde Objetivo Birmania (1945) a Boinas Verdes (1968).

Varios momentos de la batalla del lago changjin, donde miles de extras se alternan con técnicas digitales

Ciertamente, la tradición propia imprime a La batalla del lago Changjin su carácter: las imágenes pacíficas del pueblo al inicio del filme, así como de la residencia de Mao, probablemente obra de Kaige, tienen el color y tono exactos de las viejas películas de propaganda chinas y las no tan viejas de Corea del Norte, mientras los combates ofrecen desde un delirante choque de misiles lanzados uno contra otro, en duelo de tanques, hasta sangrientas peleas cuerpo a cuerpo, cortesía de Tsui Hark y Dante Lam.

Como si las delirantes consideraciones sobre el arte cinematográfico publicadas por Kim Jong-il en 1973, sentando las bases del cine según la filosofía Juche y el Partido, se hermanaran con la praxis desquiciada y virtuosa del cine de Hong Kong, sin olvidar el humor chusco estilo Jackie Chan. Si eres tanto un estudioso como un fan de la acción espectacular oriental, caerás bajo el encanto de esta mastodóntica batalla, donde miles de extras se combinan con lo digital y las canciones patrióticas de antaño con los videojuegos de hogaño.

Es bien sabido que las guerras no se dirimen solo en las luchas armadas, sino también en las batallas culturales. Este nuevo ejemplo de main melody, género propagandístico chino cada vez más presente en su producción, al que contestará pronto la yanqui Devotion (2022), con sus pilotos americanos (interraciales, por supuesto) luchando heroicamente por salvar Corea del “terror rojo”, es señal de que vivimos una nueva Guerra Fría. Situación que las cinematografías nacionales y nacionalistas acentúan día tras día.

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