Las redes sociales nos han convertido a todos en fotógrafos e incluso en cineastas. Algunos educadores advierten de que los adolescentes se manejan mejor editando vídeos que construyendo frases. En su célebre ensayo La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica, el filósofo berlinés Walter Benjamin reflexionaba sobre la pérdida del “aura” de la obra de arte en la era capitalista. Comparando el cine con el teatro, Benjamin escribía: “En definitiva, el actor de teatro presenta él mismo en persona al público su ejecución artística; por el contrario, la del actor de cine es presentada por medio de todo un mecanismo”. Se pierde, en su opinión, la experiencia del arte como algo “irrepetible”, para ver la Mona Lisa había que viajar a París y para disfrutar Las Meninas a Madrid, con la fotografía ya no hace falta y las consiguientes millones de reproducciones, el objeto original pierde su “valor sagrado”.

El director chino Zhang Yimou (Xi’an, 1951) opina sin embargo que el cine previo a la revolución digital sí tenía un componente sagrado que se revelaba en su materialidad, o sea, el celuloide. Con Un segundo, el director viaja a los años 60 para contar la peripecia de Zhang (Yi Zhang), un desdichado hombre represaliado por la brutal “revolución cultural” de Mao. Son años de durísima represión, matanzas e internamiento de millones de personas en campos de “reeducación” donde les someten a trabajos forzados y lavados intensivos de cerebro. El tipo se ha escapado de alguno de esos centros del horror para asistir a la proyección de una película en la que aparece su propia hija en el noticiario que se proyecta antes como el NO-DO en los tiempos franquistas.

UN SEGUNDO - Tráiler Doblado al Castellano | HD

El hombre pretende robar el celuloide para tener una foto de esa hija perdida a la que lleva años sin ver y que también ha sido castigada por la “desobediencia” del padre. En este homenaje al cine de antaño, Un segundo arranca con largas secuencias apenas dialogadas en las que vemos la rivalidad por hacerse con los fotogramas de Zhang y una niña, Liu (Liu Haoucun), con la que entabla una relación de competencia pero también de afecto. La referencia a El chico (1921), la película de Chaplin recién reestrenada y restaurada con motivo de su centenario, es más que evidente. La situación, un padre con pinta de vagabundo que se juega la vida por obtener una foto de su hija enfrentado a una huérfana más pobre que una rata, es potencialmente lacrimógena pero Yimou la convierte en una metáfora poética sobre el poder de la imagen y la brutalidad del autoritarismo.

Cineasta con una curiosa trayectoria, Yimou se convirtió en un director aclamado por la cinefilia mundial en los 80 y 90 gracias a solemnes dramas de época como Sorgo Rojo (1987) o Ju Dou: Semilla de Crisantemo (1990). En este milenio sin embargo ha sido mucho más conocido por fastuosas películas históricas de aventuras y efectos especiales como La casa de las dagas voladoras (2004) o La maldición de la flor dorada (2006). Con Un segundo, con una producción mucho más modesta, el cineasta regresa a sus inicios para reivindicar ese carácter sagrado del celuloide pero también la experiencia del cine como un acto colectivo y festivo. En ese pueblo perdido de China, tan distinto a la cultura española en muchas cosas, reconocemos esa vivencia del cine como algo único, extraordinario, capaz de revolucionar a gentes para las que supone su conexión con la magia en una vida más bien gris. Lo retrata una película patria maravillosa como El espíritu de la colmena (1973), en la que Víctor Erice expresa mediante el rostro de Ana Torrent esa fascinación “irrepetible” como diría Benjamin por el séptimo arte.

@juansarda