Sin andarse mucho por las ramas, Aquellos que desean mi muerte, basada en una novela del escritor de thriller Michael Koryta, propone una hora y media de vértigo en una película a la que se le ven algunas costuras pero con la virtud de ser como un mazazo. Cuenta la peripecia emocional de Hannah (Angelina Jolie), una mujer de unos cuarenta años que trabaja como agente forestal de primera línea apagando fuegos con paracaídas. Traumatizada porque no pudo salvar la vida de unos niños, tiene comportamientos autodestructivos y se comporta como una adolescente revoltosa con ganas de jugar el papel de rebelde. Su soledad colisionará con la de un niño perdido, el hijo de un contable perseguido por dos peligrosos asesinos que quieren evitar que divulgue un secreto. Cuando el padre es asesinado y el niño se queda solo en los bosques de Montana, la extintora de incendios tendrá la oportunidad de redimirse.

A pesar de jugar con algunos tópicos bien establecidos del cine de acción como la combinación entre “adulto descreído” y niño “que le devuelve la ilusión”, la película se dedica a darle la vuelta con esa Jolie más bien borde que le suelta al pobre jovencito que “contigo es difícil sentir compasión por una misma”. La relación entre ambos es la clave de un filme que sigue el género de “caza al hombre” que es un clásico del cine americano, hay ecos aquí de Acorralado (Ted Kotcheff, 1982) pero también de las películas de Sam Peckinpah, muy particularmente Perros de paja (1971), con esa violencia seca y desalmada. Montana es tierra de wéstern, un lugar bellísimo marcado por el espectacular paisaje de las Montañas Rocosas que conocemos por Brokeback Mountain (Ang Lee, 2006) que aquí se convierte en uno de los elementos claves del filme.

Taylor Sheridan fue antes actor que director en series de televisión y adquirió cierto prestigio con el guión de Comanchería (David Mckenzie, 2016), reedición del wéstern clásico protagonizado por Jeff Bridges. Hay mucho de wéstern en esta película en la que se cuenta la eterna historia del pueblo pacífico habitado por las buenas gentes de América que es atacado por dos forasteros sanguinarios. Aquí el secreto por el que el padre es asesinado y el niño perseguido hasta la muerte no es desvelado, tampoco hay ningún tipo de ambigüedad moral sobre quienes son los buenos y los malos, que en este caso parecen casi robots asesinos. Acierta el director en las escenas de acción, con alguna especialmente lograda como el asalto a la casa con la madre embarazada, no tanto en el retrato un tanto tópico de las bromas y el colegueo de los bomberos. De susto en susto, al final es un thriller algo convencional pero capaz de proporcionar un buen entretenimiento.

@JuanSarda