Imposible escuchar las canciones de Raffaella Carrà y quitárselas de la cabeza. La reina italiana de la televisión española de los 70 aportó luz y modernidad a un país que asistía angustiado a las últimas horas del interminable franquismo. Fue un momento de cambio trascendente en el que se pasó de la censura al “destape” en un abrir y cerrar de ojos. Explota, explota, debut en la dirección del uruguayo Nacho Álvarez (Montevideo, 1986), no solo retrata los últimos coletazos de la dictadura a través de un programa de entretenimiento, también es, o sobre todo es, una comedia romántica festiva y optimista que como explica el propio director quiere retratar con alegría un tiempo que el cine patrio muchas veces ha querido ver con colores más sombríos.

Partiendo de una clásica trama de enredo, Explota, explota cuenta los amores entre María, una bailarina pizpireta (Ingrid García Johnson) y Pablo, un apuesto mozalbete que trabaja como censor de TVE (Fernando Guallar). Dominado por un padre carca y meapilas (Pedro Casablanc), el joven censor deberá escoger entre la mujer que ama, y su propia conciencia, o seguir aplicando la tijera para contentar a un padre implacable. Ahí está también una guapa andaluza en busca de amor (Verónica Echegui) y un cámara (Fran Morcillo) con secretos en el armario. Oda a la sensualidad del baile y la alegría como forma de subversión contra lo establecido, Explota, explota acaba siendo una película sobre la libertad.

Pregunta. Las canciones de Raffaella Carrà, En el amor todo es empezarLucas o la totémica Para hacer bien el amor hay que venir al sur, dictan los propios acontecimientos. ¿Ha construido la trama a partir de esos temas?

Respuesta. Totalmente. Yo soy fan de Raffaella Carrà de toda la vida. Cuando planteé la idea a la productora (Mariela Besuievsky de Tornasol) ya partimos de allí. La verdad es que la idea le gustaba a todo el mundo y fue todo bastante rápido. De todos modos, me interesaba más contar una buena historia y tener un guion redondo que escoger las canciones más famosas, por eso algunos hits no salen. Vemos canciones pegadizas pero las hay aún más pegadizas. En Spotify están todas y con los guionistas pasamos muchas horas investigando. Al final, teníamos que encontrar un buen equilibrio entre hacer un homenaje a Carrà y una buena película.

P. ¿Se deja contagiar el filme por el espíritu rupturista de Carrà?

R. Cuando comenzamos a investigar sobre ella nos dimos cuenta de hasta qué punto fue una mujer que rompió las reglas. En Italia fue la primera en mostrar el ombligo en un escenario y la censuró el Vaticano. Muchas canciones hablan sobre bailar, lo cual en esa época se convierte en algo subversivo a todos los niveles. Buscando sobre la censura descubrí una tesis doctoral de un censor oficial, un tal Joaquín Muñoz, en la que enumeraba una serie de cosas prohibidas. Una de sus tesis era que los bailes no debían despegar los pies del suelo porque “pierde su cualidad gimnástica para comenzar la erótica”. Se nos ocurrió que no existía mejor contraste que la bailarina se enamorara del censor.

P. Retrata un momento político como el último estertor del franquismo con colores y alegría cuando muchas veces lo vemos como una época gris. ¿Quería dar otra versión?

R. Digo yo que también habría quien se lo pasaría bien en esa época. Esa Amparo (Echegui) es un personaje bien cómico muy típico de ese tiempo. Yo quería una película que se viera moderna, en series como Cuéntame Torremolinos 73 (Pablo Berger, 2003) ya vemos ese tono marrón del que quería huir. Yo le decía a vestuario y arte que quería que se viera idealizado para hacer una película más pop, más allá de lo gris. Raffaella también representa todo eso, es una artista que comienza a hablar de temas tabúes como la libertad de la mujer o la homosexualidad cuando nadie lo hacía. La sexualidad es muy importante.

P. La película se construye como un enredo romántico que recuerda a la screwball comedy. ¿Quería buscar el clasicismo?

R. Mi padre era muy cinéfilo y fue quien nos inculcó a mi hermano y a mí la pasión por el cine. Me crié viendo las películas de Chaplin y Hitchcock y me doy cuenta de que esa influencia me sale de manera natural como la última escena del aeropuerto que es muy Hitchcock. Esta es una película que tiene mucho de cine clásico. Hay algo también de las películas de los hermanos Marx con Carmen Miranda y tiene eso de que la gente corre y va y viene como en las comedias de antes. De todos modos, no la veo como una comedia romántica solamente porque hay otros temas como la censura o la historia del censor que son muy importantes. Al final también hay un trasfondo serio tocado con humor y mucho amor.

P. ¿Hay algunas reglas inamovibles para rodar un buen musical?

R. Nuestros dos referentes eran Mamma Mia (Phyllida Loyd, 2008) y Hairspray (John Waters, 1988). El género musical es un mundo aparte, es completamente distinto. Tienes 35 minutos de canciones y no puedes hacer una película de tres horas como los musicales antiguos porque la gente no aguanta. Hay varias reglas del género. La primera canción tiene que hablar de un concepto, habla de lo que va a suceder. Y en la primera que canta sola la protagonista, tiene que decir lo que quiere hacer.

@juansarda