Autor de una escueta filmografía de cuatro películas, Achero Mañas (Madrid, 1966) despuntó en los albores del tercer milenio con un filme de denuncia social protagonizado por un chaval de 12 años que sufre abusos por parte de su padre. El Bola triunfó en los Goya y generó grandes expectativas con el futuro del director, que previamente había desarrollado una carrera como actor a las órdenes de cineastas como Carlos Saura, Manuel Gutiérrez Aragón, José Luis Cuerda o Ridley Scott (en un pequeño papel en la superproducción 1492. La conquista del paraíso).

Su siguiente trabajo, Noviembre (2003, Premio Fipresci del Festival de Toronto), que Mañas había escrito antes que El Bola, se convirtió en una de esas películas que marca a una generación (funcionó muy bien en taquilla) pero no consigue convencer a la crítica. Narrada como un falso documental, la historia de una compañía teatral en busca de “un arte más libre, hecho con el corazón, capaz de hacer que la gente se sienta viva” pecaba de cierta ingenuidad, a pesar de sus encomiables valores visuales y al trabajo de los actores.

Desde entonces, y después de rodar un documental sobre el conflicto de Irlanda del Norte para Canal Plus, el director tan solo ha estrenado otros dos filmes, Todo lo que tu quieras (2010), la historia de un padre que transforma su identidad para cuidar a su hija de cuatro años tras la muerte de su pareja, y la que estrena ahora, Un mundo normal. Y aunque Mañas ha afirmado en varias entrevistas que ha estado ocupado en otros quehaceres, parece obvio que la financiación le ha sido esquiva en los últimos tiempos, como a otros muchos directores de este país que no se dedican a la pura comedia o al cine de género.

El estilo de Mañas siempre ha sido muy personal y en muchas ocasiones entronca directamente con su propia biografía. Es el caso de Un mundo normal, que parte de la petición que le hizo al director su madre, la actriz Paloma Lorena, de que tiraran su cuerpo al mar cuando falleciera. Esta es la situación a la que se enfrenta Ernesto (Ernesto Alterio), un trasunto del propio Mañas, un director de teatro excéntrico, caótico, cínico y mujeriego en plena crisis vital tras la separación de su pareja y por un pequeño bache que atraviesa en su carrera profesional. Decidido a cumplir los deseos de su difunta madre, y acompañado de su hija (que, para más inri, está interpretada por la propia hija de Mañas, Gala Amyach, formada en algunas de las más prestigiosas escuelas de interpretación de Nueva York), Ernesto emprende un accidentado viaje entre Madrid y Alicante para llevar el cadáver hasta el mar, mientras que su mujer, su hermano Max y un agente de policía tratarán de impedirlo.

Película honesta y divertida, que navega entre el drama, la comedia negra y la road movie, Un mundo normal reivindica aquello que decía Henry David Thoreau: cuando un hombre tiene la razón, ya es mayoría. Y Mañas se aferra a esta tesis con la fuerza de las convincentes actuaciones que le ha aportado el reparto (en el que también encontramos a Magüi Mira y Pau Durà) y una puesta en escena simple pero atractiva. Aunque la película se ve lastrada por ciertas concesiones al melodrama y por un trabajo de cámara algo rutinario, Un mundo normal resulta un viaje agradable y emotivo al que merece la pena entregarle una hora y cuarenta minutos de nuestra existencia.

@JavierYusteTosi