Ganadora de la Biznaga de Oro a la mejor película iberoamericana en el último Festival de Málaga, la cinta mexicana Las niñas bien nos propone una lograda metáfora sobre la hipocresía de las clases altas a través de la caída a los infiernos de una familia riquísima que sucumbe a la terrible crisis económica que devastó la economía del país en 1982. Segunda película de ficción de la mexicana Alejandra Márquez Abella (San Luis Potosí, 1982), se trata de una adaptación de una novela de Guadalupe Loaeza. La directora logra crear a partir del texto una película con una atmósfera asfixiante donde asistimos a la debacle mental de una mujer, Sofía (Ilse Salas), que ha construido toda su identidad alrededor del estatus social y el dinero y no sabe quién es cuando se ve sin un duro.

Las niñas bien nos traslada a un mundo de frivolidad casi absoluta formado por distinguidas señoras que van siempre muy bien vestidas (gran trabajo de vestuario que reproduce esos estrambóticos años 80) y se comportan como si fueran las mejores amigas. Un universo de compras, comidas en el club deportivo y cenas de gala en el que la protagonista vive encantada de la vida, anestesiada por un lujo descomunal que le permite no pensar en las miserias de su matrimonio o en la falta de sinceridad y autenticidad de todo lo que le rodea.

Esa rutina de manicura, mascarillas faciales y suntuosos vestidos recuerda un poco al que construyó George Cukor en Mujeres (1939), sensacional película en la que se nos contaba las pequeñas miserias de las damas de la alta sociedad neoyorquina a través de sus sofisticados rituales de belleza. Si en aquel filme Cukor quería reivindicar la inteligencia y la experiencia femenina, las intenciones de Márquez Abella vendrían a ser una clase de feminismo distinto que consiste en lanzar un dedo acusador contra esas mujeres que renuncian a sus principios e incluso su propia identidad como seres autónomos a cambio, eso sí, de una vida de lujos. Ataque directo contra una clase alta mexicana que en el filme vemos como banal y corrupta, a veces la película tiene el defecto de basar sus virtudes estéticas en ese mismo lujo que quiere denostar creando una pequeña confusión entre fondo y forma.

@juansarda