Hace ya nueve largos años, Toy Story 3 llegaba a las pantallas poniendo un brillante broche de oro a lo que parecía el final de la saga. La franquicia resulta especialmente querida a Pixar no solo por su descomunal éxito de crítica y público, también porque la ya legendaria primera parte de 1995 fue la primera película estrenada comercialmente por parte de la productora. Han pasado casi 25 años desde entonces y hoy la animación digital ya no es la excepción sino la regla. El encanto de la franquicia, sin embargo, se mantiene intacto no por el importante avance tecnológico que significó sino por su capacidad para maravillarnos y deslumbrarnos. La idea de que los juguetes tienen vida propia y sentimientos sirvió a John Lasseter y Andrew Stanton, creadores de la historia, y al director Lee Unkrich para realizar un filme lleno de personajes inolvidables que han marcado la cultura popular y que aún hoy nos conmueve por la sensibilidad con la que retrata la infancia como espacio tan efímero como cargado de emociones profundas e intensas.

Conocemos al vaquero Woody (al que da voz Tom Hanks) y al héroe espacial Buzz Lightyear (Tim Allen). Eterna reproducción del esquema del payaso listo y el payaso tonto, Woody es el líder noble y salomónico mientras Lightyear representa el entusiasmo y la lealtad ciega. Después de aquella primera parte, marcada por la rivalidad entre estos dos personajes y las crisis de identidad, un clásico de la saga, llegó una segunda en la que Woody se sentía abandonado por su amado Andy, su niño dueño, y se perdía. En Toy Story, los juguetes suelen sufrir mucho porque temen constantemente ser abandonados, conscientes del carácter caprichoso y los cambios de humor de sus jóvenes amos. No es su único motivo de preocupación ya que las neurosis de los protagonistas son la guinda de la saga, su condición de 'cosas' o productos seriados rivaliza con su conciencia de sí mismos como seres vivos. Una especie de esquizofrenia identitaria que vertebra toda la historia. En la primera parte, Lightyear sufre una terrible decepción al descubrir que no es un astronauta de verdad sino un juguete. En la segunda, es Woody quien padece al descubrir que algún día su querido Andy se hará mayor y le abandonará igual que hacen todos los niños con sus juguetes.

Toy Story 4 (2019) Disney Nuevo Tráiler Oficial #4 Español

La tercera parte de Toy Story, aclamada universalmente como una obra maestra y el broche de oro de la saga, propone una visión más sombría cuando llega el temido momento en el que Andy se marcha a la universidad y deja de jugar con sus muñecos. Con un tono más melancólico, los juguetes se ven abocados a una nueva crisis de identidad ya que se sienten inútiles sino hay un niño que juegue con ellos. La cuestión de la utilidad, relacionada con la identidad, es un clásico de Toy Story. La pregunta de "para qué sirven" adquiere especial importancia en la cuarta parte, donde Lasseter y los suyos parecen regresar a un tono más luminoso y divertido después de haber entregado toda una elegía al paso del tiempo con esa tercera parte.

En Toy Story 4 los juguetes tienen dueño pero hay una nueva jefa de sala y Woody se siente un tanto abandonada por su nueva niña. Siempre dispuesto a ayudar a sus amos, el vaquero acompaña a la joven a la guardería para darle un empujón en su primer día de escuela y allí aparece en escena Forky, un juguete que fabrica la propia niña a partir de un tenedor de plástico que es el gran hallazgo del filme. Si Lightyear se lamentaba por no ser un héroe de verdad y Woody se angustiaba al constatar su carácter pasajero, en Toy Story 4 el estudio apuesta por la diversión pura y dura en una película en la que la crisis de identidad la tiene el propio Forky, empeñado en tirarse a la basura ya que eso es lo que se considera. Y mientras Forky pasa de basura a juguete en las secuencias más graciosas del filme, el protagonismo recae sobre Woody, un juguete que no sabe vivir de otra manera que no sea siendo juguete.

Desde la primera película han pasado muchos años y entre otras cosas la tecnología ha avanzado de manera enorme. La animación de Toy Story cada vez parece menos 'dibujos animados' y más una reproducción nítida de la realidad. Si la tercera parte significaba un final de ciclo que muchos confundimos con el final de la saga, esta brillante y divertida cuarta parte marca un nuevo capítulo. Como siempre, lo mejor son los personajes y hay que sumar a ese divertidísimo Forky a una muñeca siniestra que padece soledad o un motorista angustiado, una vez más, por no ser lo que "dice la caja". No había ningún motivo para continuar la saga, pero en esta cuarta parte la magia sigue viva. 

@juansarda