En 1519, tras la conquista de la ciudad de Potonchán, Hernán Cortés recibió víveres, joyas, tejidos y el regalo de veinte esclavas como tributo de los indios de Tabasco. Entre estas mujeres se encontraba Malinche, una descendiente de nobles caciques que había caído en desgracia tras la muerte de su padre y las segundas nupcias de su madre. Cortés la convirtió en su intérprete y amante y durante la conquista de México la Malinche -rebautizada como Doña Marina- jugó un papel esencial, asesorando a los españoles sobre las costumbres sociales y militares de los nativos y realizando tareas de inteligencia y diplomacia. De hecho, según cronistas como Bernal Díaz o Rodríguez de Ocaña, el papel que jugó esta mujer, armada "con un arma de secreto poder como la palabra", fue vital en la peripecia del conquistador extremeño en las Indias. También en la toma de la impresionante ciudad Tenochtitlan, regida por el último rey-dios de los Aztecas, Moctezuma.

Estos tres personajes, Hernán Cortés, Malinche y Moctezuma, son los espectros que protagonizan el nuevo proyecto audiovisual del veterano escritor y cineasta Gonzalo Suárez (Oviedo, 1934), El sueño de Malinche. Con dibujos del Premio Nacional del Cómic Pablo Auladell, Suárez elabora una pieza poemática en la que el trágico influjo de la conquista de México se traduce en una fábula atemporal. El filme, de tan solo 40 minutos, se estrena este lunes 25 de febrero en el Museo Nacional del Prado. Además, la editorial La Huerta Grande ha participado en el proyecto publicando un libro homónimo que recoge los textos y los dibujos que dan forma a la película.

"Mi obsesión era mostrar cómo la palabra en boca de una mujer condicionó de forma decisiva la relación con Moctezuma y la conquista de México", explica Gonzalo Suarez. "Pero no pretendía hacer un relato más de lo sucedido sino dar un tratamiento poemático a los textos indígenas y a las crónicas españolas. La idea era reavivar la memoria como si todo estuviera sucediendo en otras dimensiones. Las de un terrorífico cuento infantil. Con una diferencia: Hernán Cortés, Moctezuma y Malinche existieron de verdad. Y la cruenta realidad que da cuenta de su existencia sobrepasa lo narrado y lo que imaginarse pueda".

El director de Parranda (1977), con la ayuda se su esposa Hélène Girard y Antonio Saura, llevaba años documentándose sobre estos personajes a través de las crónicas castellanas, las translaciones del náhuatl y los códices aztecas, así como de los textos de historiadores que han abordado el tema de la conquista de México. Pero la elaboración de la película no arrancó hasta hace tres años, dejando que lo inesperado y lo fortuito salpicara al proyecto. "Empezamos la casa por el tejado, con una banda sonora, sin saber qué clase de imágenes la sustentarían y sin posibilidad alguna de terminar el proyecto", asegura el director. "Lo fortuito fue el reencuentro con el músico Luis Mendo y la decisión de grabar los textos con actores que colaboraron desinteresadamente, incluido el técnico de mezclas. Fue un trabajo espontaneo sin contrapartidas económicas".

Entre los intérpretes que colaboran en el proyecto se encuentran Carmelo Gómez, Ana Álvarez, Marian Álvarez, Santiago Meléndez, Pablo Guerrero y Clara Sanchís. Una vez que la banda sonora estaba lista, entraron en el proyecto el empresario y filántropo Joaquín García-Quirós y el dibujante Pablo Auladell, autor de El Paraíso perdido (Sexto Piso, 2015). "El proceso fue realmente arduo, no solo por la gran cantidad de dibujos que hubo que realizar sino, mucho más importante, por la búsqueda del tono adecuado para responder gráficamente al mundo poético desplegado por Gonzalo", explica Auladell. "Encontrar el tono de una obra y mantenerlo es, en mi opinión, algo fundamental. La referencia para dibujar a los personajes fueron siempre las palabras que pronunciaban, ellas me daban el gesto y el misterio".

Para el dibujante la película era como un descenso al Hades de la Historia. "El narrador se encuentra con las sombras de los personajes que protagonizaron algo tan fascinante, y aún lleno de misterio, como la conquista de México; y esas sombras repiten eternamente el mismo gesto, el mismo discurso, son como el eco ensimismado de una épica en la que han quedado atrapados o condenados, de un destino al que se vieron abocados sin remedio, actores obligados a una representación continua de la obra que les dio fama".

Tras su estreno en el Museo del Prado, El sueño de Malinche viajará a México para su presentación internacional el 12 de marzo, en una sesión especial, en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, donde, además, Gonzalo Suárez presidirá la Cátedra Julio Cortázar y donde se proyectará un ciclo de sus películas. Después, los responsables del filme -que nunca pensaron que pudiera tener un recorrido tradicional o comercial- esperan poder proyectarla en museos y centros educativos. "Me gustaría que se viera con el estupor con el que descubrimos las pinturas prehistóricas en las paredes de una cueva. Con la misma mirada con la que ha sido realizada", finaliza Suárez.

@JavierYusteTosi